MORENA

Palacio, we have a problem

La presidenta Sheinbaum ha vivido tres momentos preocupantes, y no hay ninguna señal de recomposición en el gobierno actual. | Mario Campos

Escrito en OPINIÓN el

En las últimas semanas la presidenta Sheinbaum ha vivido tres momentos preocupantes: el primero, cuando la presidenta reveló que no estaba enterada de la presencia de agentes de la CIA en México, incluso cuando en el operativo en el que participaron estuvieron presentes elementos de la Defensa Nacional.

El segundo, cuando para aclarar ese tema, la presidenta no logra hablar incluso después de tres días con la gobernadora de Chihuahua, que le manda a un secretario para que le tome la llamada.

El tercero, cuando la ahora ex dirigente de Morena no solo no le acepta una invitación de inmediato sino que en público revela que lo está pensando, antes de anunciar que siempre sí frente a una foto en la que aparece el expresidente López Obrador con la ahora mandataria.

Las tres escenas son reveladoras de la manera en que es percibida la presidenta Sheinbaum por distintos actores, que por distintas razones consideran que no es necesario informarla, que no debe ser recibida de inmediato, o que hay otras personas más importantes que atender.

En política todo comunica y las tres escenas restan al relato que quiere mostrar a una presidenta con todos los hilos del gobierno y del partido en sus manos.

Esto se suma a la forma en que se ha agravado el problema de relato que desde hace tiempo enfrentan Morena y el gobierno, uno en el que su discurso fundacional se ve desfondado en los hechos.

El gobierno del partido que dice que no miente, negó durante semanas que Pemex fuera responsable de un derrame que hoy sabemos es tan real, como la foto de una mujer tomando el sol en Palacio Nacional, que por semanas dijeron que era Inteligencia Artificial.

El gobierno que dice estar contra los privilegios tuvo que salir a explicar por qué el hijo del entonces canciller vivió durante meses en una embajada como si fuera su casa particular.

El movimiento que tenía como bandera la honestidad acumula cada semana nuevas denuncias de corrupción.

Con la credibilidad dañada, el partido que se vendía como algo distinto, hoy intercambia posiciones entre la administración y el movimiento como parte de la misma cosa. Sin problema se deja acéfala la Secretaría de las Mujeres -creada en este sexenio como sello del actual gobierno- para mandar a su titular al rescate del partido, al tiempo que se ofrecen posiciones a las fichas removidas como premios de consolación.

En medio de todo esto no hay una sola señal de recomposición. Los refuerzos llegan al partido, no al gobierno. Los movimientos se explican más por los deseos personales de quienes aspiran a cargos en 2027, que por una apropiación presidencial de la administración.

Y hasta la agenda presidencial -fallida en el Plan A y el Plan B electoral- parece tropezar nuevamente con operadores cercanos -como Alfonso Ramírez Cuélelas o Javier Corral— que buscan mover la elección judicial para el 2028, sin que hasta el momento muestren la capacidad de convencer a los aliados y a los de casa.

Si la semana pasada en este espacio advertía sobre la turbulencia presidencial, esta semana es necesario aumentar el nivel de alerta pues es necesario decirlo: Palacio, tenemos un problema. 

Mario Campos

@mariocampos