En torno al feminicidio de Edith Guadalupe, cometido el pasado 15 de abril en un edificio de departamentos en la Avenida Revolución 829 de la Ciudad de México al acudir a una cita en busca de trabajo, se detonaron muchas especulaciones desde el momento en que se descubrió su cuerpo sin vida, así como de la detención de un guardia de seguridad como presunto culpable.
La Fiscalía General de Justicia de la Cdmx sostiene que el elemento de seguridad la asesinó dentro de la caseta de vigilancia tras una discusión al parecer por dinero -aunque por otro lado se ha afirmado que no se conocían-, después de ello bajó el cuerpo al estacionamiento, lo escondió en una bolsa de plástico debajo de un montículo de arena, apagó las cámaras durante poco más de una hora, borró los videos y trató de limpiar las manchas de sangre. Según la Fiscalía, una persona de limpieza encontró la cartera de Edith en un bote de basura, y en un armario del sótano se encontró una camiseta con sangre y el desarmador con el que supuestamente le quitaron la vida, además de que el guardia tenía rasguños en la mano y golpes en el abdomen.
Sin embargo, no se explica porque, de acuerdo a la versión de las autoridades, el presunto homicida apagó las cámaras de vigilancia desde las 16:23 horas siendo que Edith llegó al lugar a las 16:45. Esto sugeriría que trató de ocultar su ingreso al edificio desde antes de que llegara, o que previamente tuviera planeado asesinarla y no fue de manera incidental. También resulta difícil pensar que nadie se percató de la pelea al interior de la caseta que tiene amplia visibilidad incluso desde el exterior a través de los cristales, que pudo bajar el cuerpo al estacionamiento sin ninguna ayuda y sin ser visto, o que el cuerpo permaneció ahí por casi dos días sin que nadie se diera cuenta.
Te podría interesar
Por otra parte, se ha llegado a decir que la víctima no había ido a un asunto laboral o que originalmente la cita iba a ser en un hotel de paso que está justo enfrente y por alguna razón desconocida se atravesó al edificio, insinuando que podría tratarse de servicios sexuales quizá con la intención de manchar su imagen. Igualmente ha despertado mucha suspicacia el video que se ha difundido de un residente toqueteando a una mujer de mucho menor edad en el elevador, o el testimonio de otra joven quien señaló que cuatro meses antes acudió a ese lugar para una supuesta cita de trabajo -lo que coincide con declaraciones de vecinos- advirtiéndole que fuera sola y sin credencial de elector, pero al sentir que había algo raro, fingió ir al baño para escaparse.
Son muchas las dudas sobre lo que realmente pasó con Edith Guadalupe, pero lo que está claro es que la Fiscalía no actuó a pesar de que su familia pudo identificar por sus propios medios, el lugar y la hora en que Edith entró al edificio y, sobre todo, que nunca salió de ahí. Aún más grave es que no solo les dijeron que debían esperar 72 horas para iniciar la búsqueda o que probablemente se fue con el novio, sino que les pidieron dinero para abreviar los tiempos y hacer su trabajo. Además de una reprobable negligencia, revela la corrupción, el desinterés por la vida de las personas y una brutal falta de empatía con la angustia de las familias, lo que lamentablemente no es una excepción o hecho aislado.
Esto es a lo que comúnmente se enfrentan quienes tienen la necesidad de recurrir a las autoridades ante la desaparición de un ser querido -salvo que se trate de altos funcionarios o sus familiares como el alcalde de Taxco y su papá que hasta helicópteros desplegaron en su búsqueda justo en esos mismos días-. Gracias a que familiares y amigos cerraron vialidades y se apostaron afuera del edificio -probablemente evitando que pudieran sacar el cuerpo-, así como de la presión mediática es que lograron encontrarla, de lo contrario, seguramente el nombre de Edith Guadalupe Valdes Saldívar sería uno más entre las miles de personas desaparecidas.
