Durante dos décadas, los tiroteos escolares y la violencia han sido un fenómeno que, como mexicanos, consumíamos desde la distancia, en noticieros que mostraban jóvenes, rostros de personas aturdidas saliendo de sus escuelas o de algún lugar donde alguna persona tomó la decisión de llevar a cabo este tipo de actos. Ayer mismo, el caso ocurrió en Teotihuacán, Estado de México.
Este tipo de acciones ha sido catalogado como terrorismo interno y presenta tendencias muy importantes cuando se acompaña de declaraciones e intenciones políticas, ideológicas o sociales que completan claramente las definiciones de terrorismo doméstico, en muchos casos actuando de manera individual como “Lobos Solitarios”. The Violence Project, The Gun Violence Archive y Active Shooters han documentado con gran precisión estas tendencias.
Si bien es cierto que la violencia que vive nuestro país está relacionada con la violencia criminal, tampoco estamos lejos de este fenómeno, cada vez más visible. El primer caso que instauró este patrón ocurrió el 18 de enero de 2017, en el Colegio Americano del Noreste, en Monterrey. Un estudiante de 15 años sacó un arma calibre 22 de su mochila y disparó diez veces en treinta y cinco segundos contra su maestra, sus compañeros y, finalmente, contra sí mismo.
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El segundo evento del mismo tipo tardó casi tres años en llegar; solo que esta vez fue en 2020, en el Colegio Cervantes de Torreón. Un niño de 11 años asesinó a una profesora e hirió a seis personas con dos armas cortas propiedad de su abuelo. El dato curioso es que, al igual que el tirador en Teotihuacán, vestía una playera con la leyenda “Natural Selection”, la misma que usó el niño Eric Harris en Columbine en 1999.
La referencia a Columbine no es un detalle menor, una de las características en las que los tiradores juveniles consumen, imitan (Copycat) y reproducen el canon de violencia transmitido por el primer tirador. México dejó de ser un consumidor pasivo de estos mensajes para asumirlos como parte de sus agendas.
Una de las herramientas que han encontrado para minimizar y hasta disuadir el fenómeno consiste en darles cero visibilidad a estos hechos—difícil en una modernidad donde estamos completamente sobreexpuestos y todo el mundo que tenga un teléfono es un emisor en potencia—. Sin embargo, esto, que en algunas ocasiones se ha vuelto práctica, de no decir quién fue el perpetrador y cómo se llevan a cabo sus acciones, ha demostrado ser útil para desalentar la necesidad de exposición y conocimiento que inicialmente los motiva a estos eventos.
De 2009 a 2018, México ocupó el segundo lugar mundial en tiroteos en materia escolar registrados, con ocho años en Estados Unidos con 289 sigue siendo una categoría aparte; pero México superó a Sudáfrica (6), India con 5, y Brasil con 2 en un período en el que el país comenzaba a incorporar este fenómeno.
Desde 2020, la lista no ha dejado de crecer y ha cambiado de forma. El patrón dejó de estar exclusivamente dirigido por el tirador con un arma de fuego. En noviembre de 2025, un estudiante atacó a sus compañeros con un martillo en la preparatoria San Andrés de Guadalajara, lo mismo que ocurrió en Nuevo León, como en el caso de Diego Santoy Riveroll. Mientras que en marzo de 2026 un estudiante de preparatoria asesinó a dos maestras en Lázaro Cárdenas, Michoacán, y, como parte del fenómeno, compartió contenido violento y videos de armas de fuego antes del ataque.
El contexto actual es brutal. Solo en 2025 se registraron 609 homicidios con arma de fuego contra personas de entre cero y 17 años, y 561 lesiones por disparo en el mismo rango de edad. La gran mayoría de esos casos no ocurrió en escuelas, pero revelan el ecosistema en el que operan los perpetradores escolares en un país donde el acceso de menores a armas de fuego es estadísticamente, mucho más frecuente de lo que asumimos.
En el caso de Teotihuacán, Julio César Jasso Ramírez, atacante en Teotihuacán que mató a una mujer canadiense, hirió a otros seis para después quitarse la vida, según las autoridades, se encontraron en la mochila fragmentos de notas que avisaban del crimen que iba a cometer en la zona arqueológica. El originario de Tlapa, Guerrero, tenía 27 años, fue descartado como perteneciente a alguna célula criminal y contaba con literatura que hacía referencia a los actos violentos en Columbine.
Esta tendencia en México obliga a atenderse lejos de un fenómeno que se pueda securitizar, puesto que tiende a estar inscrito en lo psicológico, el llamado a que la presidenta a través de las autoridades educativas formule diagnósticos para que puedan advertirse particularidades de este tipo, la vigilancia de los padres de familia sobre todo es fundamental puesto que esta tendencia de ser más contundente
Moneda al aire: Murillo Karam señor comendador
El exgobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, quien se encuentra convaleciente en un hospital en el sur de la ciudad tras sufrir una afección cerebral, injustamente está bajo un proceso judicial por supuestas anomalías señaladas por la Fiscalía General de la República, y es además el único procurador que ha sido procesado por los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero, hace más de 10 años.
Media docena de procuradores han conocido el caso y, al parecer, el único señalado de algo incorrecto es Jesús Murillo. Tal vez, el gobierno del entonces presidente López Obrador decidió quién debía ser su culpable, a toda costa, incluso mintiendo. Esperamos que recupere la salud, porque el tiempo ya se lo han robado; ese, cuando eres un hombre mayor, es tu mayor valor, y para qué, para enredar más que prácticamente está resuelto, ojalá la actual administración pueda valorar con una mejor lógica este asunto para que encuentre su libertad y pueda ver que el verdadero responsable que dejó un enredo esto es Alejandro Encinas, quien no dudo que también algún día le llegará la justicia, que así sea.
