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“Nido de espías”: ¿seguridad nacional vs. seguridad pública? (parte 1)

¿Dónde quedó la seguridad nacional? Exdirectores del CISEN advierten que, en los últimos sexenios, la inteligencia estratégica del Estado se subordinó a la seguridad pública. | Eduardo Zerón García

Escrito en OPINIÓN el

Hace unos días, en lo que parecería un evento lejano y con pocos precedentes, pudimos ser testigos de la presentación de un libro titulado "Seguridad Nacional en México: Reflexiones y propuestas desde la experiencia", escrito por los siempre respetables Alejandro Alegre Rabiela, Jorge Carrillo Olea, Luis Herrera Lasso M., Eduardo Medina Mora Icaza, Jorge E. Tello Peón y Guillermo Valdés Castellanos, quienes, además de autores, también tuvieron la oportunidad de ser considerados responsables del Órgano de Inteligencia Nacional, el CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) y el DISEN (Dirección de Investigación y Seguridad Nacional). 

La presentación del libro, sin duda, es importante; también lo es la provocación que genera la reunión respecto a la necesidad de fomentar el debate sobre la seguridad nacional en nuestro país. Pero ¿por qué sucede esto? ¿Por qué no antes? ¿Por qué ahora? Y creo que la respuesta radica en que, en los últimos dos sexenios, la transformación de un aparato nacional en uno de seguridad pública se ha venido definiendo con mucha claridad. 

Y es que desde hace varios meses, académicos y periodistas hemos ido advirtiendo la necesidad de que nuestro país no deje fuera la dimensión de la seguridad nacional y, en mi caso, la Seguridad Interior, como parte de la inteligencia estratégica de la agenda de seguridad, entendiendo a esta última como un todo. 

Porque desde el sexenio del presidente López Obrador, el ahora Centro Nacional de Inteligencia sufrió un cambio de adscripción, pasando de ser parte de la Secretaría de Gobernación, en tiempos del presidente Enrique Peña Nieto, quien por un lado dedicó mucho de su tiempo a consolidar el malogrado proyecto presidencial del entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a formar parte de la Secretaría de Seguridad Ciudadana con el entonces Secretario Alfonso Durazo.

El CISEN era una institución de Estado, como advertía Eduardo Medina Mora en su exposición: una institución con una “estructura extraordinaria, disciplina, procedimientos y reclutamientos”. Con los años, se logró la aprobación de una Ley de Seguridad Nacional que sostenía las bases fundamentales del centro. Tiempo después, también, la Seguridad Nacional y la Inteligencia entraban de lleno en los planes nacionales de desarrollo, y su trabajo se trazaba claramente para consolidar a la Inteligencia como un medio para la consecución y preservación de los intereses nacionales de nuestro país. Esto último, en el sexenio peñista, diseñaba puntualmente lo que podría consolidarse en un Sistema de Inteligencia y una Comunidad de Inteligencia, en un Plan Nacional de Desarrollo con objetivos claros, girando en torno a un proyecto que permitiera vislumbrar las vulnerabilidades, riesgos y entenderlos desde una visión estratégica, pero sobre todo de Estado. 

El CISEN del sexenio del presidente Peña Nieto también comenzó a dibujar un poco de lo que hoy pasa, cuando el Centro empezó a tomar interés en la parte operativa de los asuntos de la delincuencia organizada, nunca de manera agravada ni equivocada, cuando de ese trabajo surgieron, entre otras cosas, la fusión de inteligencia como un supuesto para incentivar la colaboración interagencial y el trabajo conjunto entre autoridades federales, principalmente. 

Pero cuando uno también se pregunta por qué el CISEN entraba a hacer eso, pues era muy sencillo también, porque lo hacía muy bien, y esto no solo es por sus servidores públicos, sino que además la amenaza, en este caso, la delincuencia organizada, entraba en una dimensión desde donde necesitaba ser atendida: la de la Seguridad Nacional. Esto, al mismo tiempo, llevó a una transición y un vuelco, donde en lugar de que el Estado mejorara y preparara a otras instituciones que le permitieran atender este tipo de problemáticas, volcó a la institución para la atención de esta amenaza per se. 

Entonces, la pregunta que Hace Luis Herrera Lasso se vuelve fundamental: ¿Dónde está la Seguridad Nacional? Primero, habría que hacer una distinción que apunta Medina Mora entre la Seguridad Nacional y la Seguridad Pública, donde la última tiene como función tutelar la vida, el patrimonio y la integridad física de las personas, la seguridad jurídica, mientras que la Seguridad Nacional es la idea en la que el Estado necesita defenderse a sí mismo para ser capaz de proveer los bienes públicos de la Seguridad Pública, jurídica y las precondiciones centrales para el desarrollo.

Entonces, ante la nueva configuración del Estado, la seguridad nacional estaría supeditada a una sola problemática y, en consecuencia, la seguridad económica como la protección de recursos estratégicos, el control de crisis financieras como lo expuso Alejandro Alegre, pero también de política, externa y medioambiental y toda la infinidad de riesgos que supone la necesidad de su atención, ¿En qué situación están? Y, en consecuencia, dejando al mismo indefenso y sin una configuración estratégica para su desarrollo.  

Entonces, este debate no debe ser un tema político desde una perspectiva politizada, sino desde la oportunidad de que los actuales tomadores de decisiones dispongan de los instrumentos precisos para la toma adecuada de decisiones en favor del futuro del país. Una diatriba resulta importantísima entre deshacer lo que funciona y crear nuevos modelos para instituciones que funcionen bien. 

Entonces lo dicho por lo dicho por los exdirectores lejos de un reclamo supone una invitación de gente de Estado que propone no dejar de lado un tema que es fundamental, como advirtió el Ing. Jorge Tello Peón, para retomar lo nacional, de lo federal, de nuevo en la oportunidad, para mejorar la coordinación interinstitucional para la Seguridad Nacional no sólo de agencias federales, sino también desde los estados, en ese anhelo de desarrollar ese tan ansiado sistema nacional de inteligencia.

Y de nuevo en voltear los ojos hacia la seguridad nacional, y todo el interés que supone para la estabilidad y continuidad del Estado.

Moneda al aire: ¿Coche bomba?

El homicidio de dos integrantes del Cártel del Pacífico, donde se reportó la muerte del “Payín” o Francisco Beltrán “N”, supone la posibilidad del refinamiento de las capacidades de la criminalidad para llevar a cabo sus acciones, y si bien método y forma no significan fondo cuando suponen que una acción de esta magnitud podría catalogarse como un acto terrorista, el escalamiento de este tipo de actos también escala la dimensión en la que tiene que ser atendido este tipo de acciones. 

 

Eduardo Zerón García

@EZeronG