La semana pasada trascendió que Ken Paxton, actual fiscal general de Texas, ordenó abrir una investigación contra la marca de ropa deportiva Lululemon, por reportes que señalan que algunas de sus prendas contienen PFAS —un grupo de químicos utilizados para otorgar resistencia al agua y a las manchas—. Estos compuestos, conocidos como “químicos eternos”, han generado gran preocupación a nivel mundial debido a su persistencia en el medio ambiente y a los riesgos que representan para la salud humana. La presencia de PFAS en productos de uso cotidiano ha encendido alarmas entre autoridades y organizaciones ambientales.
Los PFAS son utilizados en la industria textil por sus propiedades para repeler el agua y las manchas, lo que los hace atractivos para ropa deportiva y artículos de alto rendimiento. Sin embargo, su resistencia a la degradación significa que permanecen en el ambiente durante décadas, acumulándose en suelos, aguas y organismos vivos. Diversos estudios han vinculado la exposición prolongada a estos químicos con problemas de salud como cáncer, alteraciones hormonales, daños al hígado y al sistema inmunológico.
La moda se ha consolidado como una de las industrias más contaminantes del planeta y se estima que ocupa el segundo lugar en impacto ambiental, ya que se estima que cada año consume cerca de 93 mil millones de metros cúbicos de agua, genera alrededor de 10 por ciento de las emisiones globales de carbono y produce más de 92 millones de toneladas de desechos textiles que terminan en vertederos o en los océanos. Aunque es un sector poderoso y creativo, su producción depende de químicos dañinos y de un modelo de consumo acelerado conocido como fast fashion, que intensifica la explotación de recursos naturales y la huella de carbono.
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En ese sentido, esta acción legal resulta novedosa porque no sólo pretende determinar si la empresa incumplió regulaciones de seguridad y transparencia al comercializar productos que podrían exponer a los consumidores a sustancias dañinas sin advertencias claras, sino que además representa el primer caso de este tipo relacionado con los PFAS, lo que le otorga un carácter pionero por los posibles precedentes y por estar dirigida contra una marca de ropa ampliamente reconocida en el mercado. La investigación contra Lululemon se inscribe en un contexto más amplio de escrutinio hacia las grandes marcas de moda y deporte, que enfrentan crecientes exigencias de responsabilidad ambiental y social. En Estados Unidos de América y en otras regiones se han iniciado procesos legales y campañas públicas para reducir el uso de PFAS en textiles, utensilios de cocina y empaques, por lo que este caso podría tener repercusiones significativas en la reputación de la empresa, y también en la industria en general, presionada a adoptar materiales más seguros y sostenibles.
Lululemon, fundada en Vancouver en 1998 por Chip Wilson, pasó de ser una pequeña marca de ropa para yoga a convertirse en un gigante global de la moda deportiva, con un modelo de negocio que combina tiendas físicas, ventas digitales y una identidad de marca enfocada en el bienestar y el estilo. Reconocida mundialmente por popularizar el concepto de athleisure, la compañía cotiza en Nasdaq y cuenta con más de 767 tiendas en más de 80 países, ingresos cercanos a 10.6 mil millones de dólares en 2024 y alrededor de 39,000 empleados. No sólo vendió ropa deportiva, sino que creó una nueva categoría de consumo considerada de lujo dentro del segmento deportivo, con fuerte presencia en comunidades de yoga, fitness y estilo de vida saludable. Su crecimiento la convirtió en un caso paradigmático y objeto de estudio en escuelas de negocios, aunque también ha estado en el centro de controversias. En su intento por ampliar su mercado y ofrecer artículos más accesibles, la empresa enfrentó críticas por la calidad de los materiales y por la percepción de haber abandonado su mercado como marca de lujo, lo que generó tensiones con sus clientes originales y con analistas especializados.
Ahora, con esta investigación legal que podría confirmar que la selección de materiales en su estrategia de expansión no fue la más adecuada, ya que posiblemente afecta la salud de los consumidores, se abre un debate en el ámbito empresarial y se refuerza la discusión sobre el uso de materiales en el sector textil. La industria de la moda, no sólo debe enfocarse en las ganancias sino en proveer productos seguros, libres de explotación y minimizar su impacto ambiental, lo que obliga a replantear los modelos de producción y consumo hacia prácticas más responsables y sostenibles.
