CAMPECHE

Funcionalismo, la prioridad: la Plaza de la Independencia de Campeche, 1963-1984

De fuentes a kioscos y luego a concreto: la Plaza de la Independencia refleja décadas de cambios que simbolizan la evolución urbana de Campeche. | Fausta Gantús

Escrito en OPINIÓN el

En 1967, el 27 de julio, el presidente Gustavo Díaz Ordaz en su visita a Campeche inauguró un gran número de obras públicas construidas o remodeladas por el gobierno de José Ortiz Ávila, entre ellas la Plaza de la Independencia; así lo declaraba el propio gobernador en su informe de ese año. Y es que las cuestiones relativas al crecimiento y aspecto de la ciudad fue una preocupación central de la administración del gobernante, como quedó claro con el Programa de Desarrollo Urbano, que le encargó al arquitecto Joaquín Álvarez Ordóñez, el cual impulsó durante su gestión. Se perseguía modernizar la imagen urbana, considerando como referente de esa modernización el objetivo de hacer más funcional el espacio, por lo que esta etapa de transformaciones se inscribió en la línea de la arquitectura funcionalista.

Urbanizar con base en la “planeación racional al servicio del pueblo” para impulsar el “progreso de Campeche” y lograr el “resurgimiento” del estado fue principio fundante del proyecto de trabajo desarrollado por el gobierno de Ortiz Ávila, según lo apuntaba él mismo al final de su gestión. Parte de ese proyecto fue también el afán descentralizador que tuvo como uno de sus objetivos poner el eje cívico-gubernamental fuera de las murallas constituyendo así un nuevo centro del poder político. Retomaba, en líneas generales, ideas y aspiraciones de su antecesor, el gobernador Alberto Trueba Urbina y su proyecto de un Campeche Nuevo, que también había procurado restarle parte de su centralidad a la Plaza de la Independencia. Trueba Urbina había pretendido que su administración “romp[iera] viejos moldes, rutinas de inercia, costumbres petrificadas” y se proponía construir obras “materiales de inusitada magnitud”, según declaraba en 1956. Si bien su proyecto abarcaba más que sólo la parte constructiva de la ciudad capital, lo que aquí interesa es lo que a ella corresponde: aquel gobernador tenía como meta transformar sustancialmente la fachada marítima de la ciudad ganando terrenos al mar sobre los cuales se edificarían nuevas construcciones, desde vialidades y parques hasta hoteles y edificios institucionales. 

En fin, que en esa búsqueda de lograr una ciudad moderna y funcional, la Plaza de la Independencia no saldría incólume: la fuente –de los 1940’s– que sustituyó al kiosco –de los 1910’s– que sustituyó a la fuente –decimonónica– fue, a su vez, sustituida por una plancha de concreto que se elevaba sobre un espejo de agua, a la que se llegaba mediante una rampa que se abría en dos (imágenes 1 y 2). Para signar la presencia de la antigua reja se colocó un cinturón exterior que bordeaba el perímetro, constituido por una especie de gran cadena cuyos tramos se unían por pequeños basamentos de concreto, o, en lenguaje arquitectónico, guardacantones achaparrados (imagen 3). También, en la remodelación original, se incluyeron unos mosaicos pintados sobre el piso –especie de tapetes-murales o murales horizontales, en los que se recuperaban pasajes de la historia–, atribuidos en algunas fuentes a José Chávez Morado; y de los que, desafortunadamente, no encontré imágenes claras; sólo en una de las fotografías se alcanzan a esbozar (imagen 3). Simbolismo y funcionalismo, pasado y presente, todo se mezcla en la nueva arquitectura. 

Imagen 1
Plaza de la Independencia, 1967
Imagen 2
Parque Principal años 70's
Imagen 3
Plaza de la Independencia 1965

Pero no es la única transformación sustantiva: se ha modificado buena parte del espacio que la circunda: ha desaparecido el edificio de dos pisos, con arquería exterior que durante cerca de un siglo ocupó el espacio entre la plaza y el mar, sobre el lienzo de muralla y que era el edificio en el que residían los poderes políticos, el Palacio de Gobierno. En su lugar ha sido colocada una fuente que conmemora el pasado maya (imagen 4). Del otro lado de la Plaza, sobre la calle 10, antes llamada del Comercio, se destruyó la arquería morisca del viejo edificio Cuauhtémoc –que tuvo varios usos durante su larga vida– por considerar que “carecía de valor arquitectónico” y en su lugar se crearon los “portales de la revolución” (imagen 5). El nuevo Palacio de Gobierno se inauguró en diciembre de 1962, a escasos metros de donde estuviera el anterior y al frente del mismo se construyó la Plaza de la República, espacio planeado para convertirse en el eje articulador del nuevo centro de la ciudad.

Imagen 4
Fuente de las estela
Imagen 5
Demolicioìn del Edificio Cuauhteìmoc

La transformación de la Plaza de la Independencia no fue incluida en el Programa de Desarrollo Urbano, el de 1961-1963, sino que tuvo lugar unos pocos años más adelante en 1967, aunque, todo parece indicar, fue realizada aún bajo la dirección de Álvarez Ordoñez. Si bien se basaba en la idea del pasado lo hacía preocupado por el presente; así, el antiguo kiosco se simboliza en la plataforma elevada, de base cónica invertida, circundada por una reja que se alzaba apenas unos centímetros sobre la plancha de concreto. El simbólico kiosco se levantaba, a su vez, sobre la base de un espejo de agua con el que se evocaba la fuente que antes estuviera en su lugar: fuente –o fuentes, la decimonónica y la que más tarde levantara el gobierno de Héctor Pérez Martínez– y kiosco fusionados en una propuesta moderna, imagen de los nuevos tiempos. En los cuatro costados de la Plaza se colocaron también los mosaicos pintados, a los que aludí líneas arriba, de forma que las personas simbólicamente transitaban a diario sobre su pasado, sobre su historia.

Es esta etapa la única, sostengo, que arquitectónicamente trasciende la disputa pasado-presente, antiguo-moderno, y, especialmente, rompe con el debate de a qué pasado había que rendirle tributo; pero sin dejar, al mismo tiempo, de hacerlo, con un estilo que lo modernizaba sin renunciar a él ni negarlo: la historia reinventada. 

*Fausta Gantús

Profesora e investigadora del Instituto Mora e integrante del SNII. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Entre sus publicaciones más recientes se cuentan los libros “Introducción a la política del siglo XIX mexicano (2025); Historia política de una ciudad. Campeche, siglos XIX-XX (2024”) y “Caricatura e historia. Reflexión teórica y propuesta metodológica” (2023); así como la co-coordinación de “El carácter de la prensa política. Una tipología de los impresos periódicos del México del siglo XIX” (2025); “Un siglo de tensiones: gobiernos generales y fuerzas regionales. Dinámicas políticas en el México del siglo XIX” (2024) y “Emociones en clave política: el resentimiento en la historia. Argentina y México, siglos XVIII-XX” (2024).

Fausta Gantús

@fgantus