CAMPECHE

¿Aires revolucionarios? la Plaza de la Independencia de Campeche, 1914-1940

Si bien el influjo revolucionario poco a poco se fue sintiendo en todos los ámbitos de la vida campechana, la renovación de la fisonomía urbana en Campeche sería obra del general Manuel Rivera. | Fausta Gantús

Escrito en OPINIÓN el

Un gran kiosco, a cuya sombra se resguardan del inclemente sol varias personas, ocupa el espacio central de la plaza, que luce transformada (imagen 1). En la línea que delimita el cuadro perimetral, en el sitio donde antes estaban las rejas, ahora se han colocado bancas de hierro de doble vista y se eliminó la primera fila de aquellas de concreto que antes rodeaban la fuente; aunque conserva sus jardineras arboladas (imagen 2). La fuente, por su parte, ha desaparecido y su lugar fue ocupado por el kiosco. También se ha instalado nuevo alumbrado.

Si bien el influjo revolucionario poco a poco se fue sintiendo en todos los ámbitos de la vida campechana, no fueron los gobiernos emergidos del nuevo orden sino el representante del huertismo quien impulsó interesantes transformaciones en la arquitectura y en la renovación de la fisonomía urbana en Campeche. En efecto, entre 1913 y 1914, se hizo cargo del gobierno del estado el general Manuel Rivera, enviado a Campeche por el presidente Victoriano Huerta –el responsable del fusilamiento del entonces presidente constitucional Francisco I. Madero–. Huerta encabezaba la “contra revolución” y la “reacción”, aunque para una parte de la sociedad mexicana, y de la campechana, de la época, representaba al “pacificador” y era considerado una especie de salvador de la patria.

El nuevo gobernante, Rivera, llegaba comisionado para pacificar la zona, sofocar a los revolucionarios maderistas y devolver el orden a la entidad. En medio de la situación de guerra que atravesaba el país y en apenas poco más de un año de gobierno, Rivera se dio a la tarea de renovar, revitalizar y, en muchos casos, transformar el centro de la ciudad para lo cual realizó importantes obras constructivas. Militar con formación en ingeniería, la traza urbana y la arquitectura fueron preocupaciones fundamentales de su administración: se pusieron aceras en varias calles, se dio mantenimiento a vías de circulación, se implementó un nuevo sistema de drenaje –aunque el tiempo apenas le alcanzó para darle inicio– y se arreglaron jardines. 

En lo que respecta al centro de la ciudad, además de fomentar que se remozaran y pintaran las fachadas, se dio a la tarea de construir el primer piso del palacio de gobierno. Rivera fue también el primer mandatario que se ocupó en construir un jardín costero, a escasos metros de la Plaza de la Independencia. Esta construcción fue el inicio del malecón, que con el correr del tiempo se convertiría en el principal espacio de atracción de una buena parte de la sociedad campechana. Así, se puede considerar que la plaza empezó a competir por su “centralidad” en 1914 cuando Rivera construyó aquel parque frente al mar, a un costado del muelle, conocido como “Paseo General Rivera”. También continuó la construcción de una casa escuela e inició la construcción de un nuevo mercado, que pocos años después sería derribado por el gobierno de Joaquín Mucel, arguyendo que no tenía condiciones de seguridad ni belleza arquitectónica, pero en realidad por la confrontación ideológico-política.

Mucel fue el gobernador más representativo de la revolución constitucionalista en la entidad, quien llegó a sustituir al huertista Rivera. Él, aunque sin admitirlo abiertamente, retomó algunos proyectos que habían quedado incompletos durante el breve gobierno de Rivera, como la construcción del kiosco en el parque de Guadalupe. Por cierto, que el periodo de Rivera recuerda el de otro militar, Francisco de Paula y Toro, enviado a Campeche por el gobierno de Antonio López de Santa Anna, que en la década de los treinta del siglo XIX se dio también a la tarea de transformar la ciudad y construyó varias obras de importancia que perduran hasta nuestros días, como la Alameda y el Teatro de la Ciudad, conocido como Teatro Toro.

En efecto, sólo después del triunfo y de la derrota del movimiento revolucionario maderista en la ciudad y bajo la autoridad del gobierno contra revolucionario encabezado por Rivera se proyectaría y concretaría la remodelación de la plaza que constituía el núcleo de la vida de la ciudad y del estado, en ella se realizaban las ceremonias cívicas y las fiestas populares, pero también era el referente en casos de protestas o de motines, como el ocurrido en 1911 en el contexto de las luchas revolucionarias.

El gobernador dispuso construir un kiosco en la Plaza de la Independencia en sustitución de la fuente que estuviera ahí por más de medio siglo, el cual inauguró el 15 de febrero de 1914. En opinión de Rivera, apuntada en su informe de gobierno, esa obra “llena[ba] una necesidad que se imponía”, y que en palabras del propio militar era el que “la Banda de la Gendarmería [tuviera] un local apropiado donde dar sus audiciones musicales y el público, a su sombra, [pudiera] reunirse a escucharla a cubierto de las inclemencias de la naturaleza; asimismo en las fiestas de carácter popular se [contará] con un local céntrico, cómodo y amplio”. La plaza quedaba además enriquecida con un importante sistema de alumbrado y se reparó el sistema de tuberías para el riego de las plantas. 

En la nueva concepción arquitectónica de la plaza implementada por Rivera se conservó la distribución espacial y se mantuvo el enverjado, el cuál sería suprimido 10 años más adelante. Casi otra década habría de transcurrir para que la plaza fuera dotada de una moderna instalación eléctrica, compuesta por 24 candelabros de dos luces cada uno y bancas nuevas. Aquella mejora realizada durante el gobierno de Benjamín Romero Esquivel era el resultado conjunto del esfuerzo entre el gobierno y los miembros del comercio local que contribuyeron de su peculio a realizar la obra.

Con el correr de los años nuevos elementos se incorporaron a la imagen de la ciudad y de la plaza, y fueron capturados por la lente de la cámara, como los vehículos automotor, que, como se puede observar en la fotografía, lucen estacionados a un costado de la plaza, conviviendo con algunas carretas tiradas a caballo y los tranvías (imagen 2). También la energía eléctrica había contribuido a modificar el aspecto con la presencia de los postes de luz y el cableado.

* Fausta Gantús

Profesora e investigadora del Instituto Mora e integrante del SNII. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Entre sus publicaciones más recientes se cuentan los libros “Introducción a la política del siglo XIX mexicano” (2025); “Historia política de una ciudad. Campeche, siglos XIX-XX” (2024) y “Caricatura e historia. Reflexión teórica y propuesta metodológica” (2023); así como la co-coordinación de “El carácter de la prensa política. Una tipología de los impresos periódicos del México del siglo XIX” (2025); “Un siglo de tensiones: gobiernos generales y fuerzas regionales. Dinámicas políticas en el México del siglo XIX” (2024) y “Emociones en clave política: el resentimiento en la historia. Argentina y México, siglos XVIII-XX” (2024).

Fausta Gantús

@fgantus