GUERRA EN MEDIO ORIENTE

Una tregua de papel en un entorno de tormenta global

Desde que se planteó la posibilidad de negociar un alto al fuego entre Estados Unidos-Israel contra Irán, la posibilidad de que fracasara era alta: las demandas de una y otra parte parecen irreconciliables. | Ismael Jiménez

Escrito en OPINIÓN el

Desde que se planteó la posibilidad de negociar un alto al fuego entre Estados Unidos-Israel contra Irán, la posibilidad de que fracasara era alta, las condiciones en que Donald Trump planteó la reunión para negociar no auguraba ningún éxito.

Y así ocurrió, las demandas de una y otra parte por ahora parecen irreconciliables. Aquí mencionamos con anterioridad que las intenciones de Irán es controlar el tráfico de buques petroleros que pasan por el estrecho de Ormuz, aún acabado el conflicto haya terminado. Eso significa cobrar peajes que se traducen en ingresos para el país persa y en sobre costos al mercado internacional de petróleo. La cosa no queda ahí, pues las transacciones de cruce tendrían que ser por lo que se presume, en petroyuanes y, no en petrodólares lo que significaría no sólo fortalecer el yuan chino sino que además, sería un fuerte golpe a los mercados financieros globales en caso de que los países consideren pagar en una divisa distinta con tal de tener el suministro de hidrocarburos y petróleo de la zona del golfo Pérsico.

La guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel contra Irán, tiene diversos componentes que la convierten en un conflicto con escasas posibilidades de resolverse en el corto plazo y mediante la coerción y las amenazas, condición característica de Donald Trump a la hora de “negociar”. La firmeza del gobierno iraní al no ceder a ninguna de las presiones del sionismo occidental liderado por Netanyahu llevaron a Trump a llamar a los líderes iraníes “locos bastardos”. 

Aún así, su arrogancia lo llevó a suponer que al sentarse a negociar había logrado una victoria aludiendo su “capacidad negociadora” que, al estilo del Padrino, pensó que su propuesta a los iraníes era algo “que no podrían rechazar”. Pero se equivocó y su frustración fue mayor al ver un adversario que está dispuesto a enfrentarlo en todos los frentes. 

Pero quizás uno de los asuntos que hacen más complejo este conflicto para encontrar una solución pacífica es la comunicación. Hasta ahora, amén de los impactos económicos que tienen en vilo a todo el mundo, no conocemos los verdaderos estragos de la guerra. Se sabe poco o nada de las bajas militares y civiles de las tres partes involucradas y del Líbano. De no ser el bombardeo a una escuela, un hospital, alguna zona residencial o infraestructuras críticas, no se sabe exactamente el número de muertes totales en poco más de un mes de conflicto. Que, si valoramos la magnitud y cantidad de misiles intercambiados, haría suponer que ni de lejos hay mil muertos por bando.

Apenas anunciada la tregua para las conversaciones de “Paz”, Israel atacó Beirut dejando al menos un centenar de civiles muertos, mientras que Trump seguía exaltando su triunfo en el terreno bélico asegurando ante la prensa de su país que la fuerza naval y aérea de Irán estaban totalmente destruídos y que todos sus líderes habían sido eliminados.

El asunto es que en términos de guerra, jamás se pide una tregua al enemigo si éste ya fue derrotado, quizás las partes en conflicto se sienten a negociar las condiciones de la rendición pero no para convencer o amenazar a una de las partes para que detenga sus ataques. Tampoco se eleva el tono cuando las negociaciones de paz fracasan a menos que el oponente aún tenga capacidad de respuesta y que la otra parte, sepa que se avecina un escenario más crítico y conozca los riesgos de lo que se puede venir. 

Tampoco se negocia un alto al fuego cuando “todos” los líderes del adversario han sido asesinados pues, de ser así, con ¿con quién negoció? El asunto es claro, en la guerra de Irak, el conflicto duró una semana, las fuerzas armadas se rindieron y cuando el ejército norteaméricano entró en Bagdad, un grupo de iraquíes afines a occidente negociaron los términos de un nuevo gobierno. En Irán, eso está lejos de suceder y las reacciones, declaraciones y decisiones de Trump lo dicen claramente.

De hecho, que Trump haya sido quien solicitara el alto al fuego, ha sido interpretado por algunos analistas internacionales como una señal de derrota pues nadie pide una tregua si va ganando la guerra y el caso de Irak es el ejemplo claro de ello o mejor aún, el derrocamiento de Bashar al-Ásad de Siria, es otro ejemplo en la región que muestra que, cuando el adversario fue derrotado, la estrategia a seguir es la toma de posesión del gobierno y el control de los recursos estratégicos de la nación derrotada. Como lo sueña Trump con el petróleo iraní. 

Lamentablemente, la guerra desatada contra Irán aún está lejos de terminar y con ello el peligro de una escasez de suministro de energéticos está cada vez más cerca. Lo que está en juego es el control de la región por parte de las dos súper potencias económicas de este momento, Estados Unidos y China quienes fundamentan parte de su hegemonía, en el apoyo estratégico de sus aliados Israel y Rusia respectivamente para afianzar su liderazgo global no sólo en el terreno comercial sino en el geopolítico y energético.

Para Israel, es vital controlar el mundo árabe musulman para su “supervivencia” según Netanyahu. Para Estados Unidos, es de vida o muerte conservar su hegemonía financiera, comercial y geopolítica para revertir una crisis de deuda pública que amenaza con salirse de control sino se amarran todas las variables que le otorgan ese liderazgo y tres de ellas son el energético, tecnológico y financiero. Y las tres, las está perdiendo ante Rusia, China e Irán, miembros del bloque de los BRICs que están reconfigurando el orden mundial.

Este escenario es el que tiene al cierre de esta entrega, desquiciado a Trump, quien continúa peleando con Europa, amenaza a China con aranceles y pretende realizar un bloqueo a las costas iraníes para que no entre o salgan con suministros. Esta acción empeorará aún más el conflicto pues la pregunta que surge es si la armada estadounidense será capaz de detener un barco con bandera china o rusa o quizás tal vez un buque norcoreano. Este escenario sobre el que se planteó la “tregua” de papel.

 

Ismael Jiménez 

@ijm14