MÉXICO

México quemado: agotamiento que sustituye la indignación

México vive indignado, pero está agotado de estarlo; y un país agotado no está resuelto, sólo en pausa. | Emiliano García

Escrito en OPINIÓN el

En los últimos años, con el ahondamiento de las redes sociales en las dinámicas sociales, se ha presentado un fenómeno de crisis constante: sobreexposición a problemáticas sociales acompañadas de un flujo excesivo de desinformación que dificulta distinguir con claridad qué es cierto y qué no. 

A esto se le suma un hartazgo social y mental que desvía la atención de los problemas estructurales: el desgaste o burnout. De acuerdo con un estudio de La Fuerza Laboral del Futuro de Adecco, 67% de los mexicanos siente o ha sentido este fenómeno, resultado de un entorno laboralmente exigente, condiciones precarias, infraestructura pública deficiente, la persistente violencia y un panorama global incierto. (El Economista, 2026).

Pero, ¿qué relación tiene el burnout con la situación política del país? Más allá de su impacto en el bienestar, deriva en lo que la ciencia política llama desafección”: una mezcla de apatía, desgaste mental, desconfianza y distanciamiento frente a la posibilidad de incidir en el sistema político.

Una ciudadanía atravesada por la desafección y el burnout continúa viendo los problemas, pues se encuentra ligada y sobreestimada por estos, pero deja de creer que existan mecanismos efectivos para transformarlos. Permanece expuesta a ellos, pero reduce su involucramiento e incluso evita profundizar en el análisis público.

En este contexto, la sobreexposición a crisis genera una paradoja: mientras más información circula, su impacto se reduce. El crimen organizado se vuelve un paisaje, los escándalos de corrupción o fraude político se olvidan en el corto plazo y las promesas incumplidas se integran al ruido cotidiano. Todo es inmediato, todo es urgente y, por lo mismo, nada logra sostenerse.

El cansancio deja de ser sólo un mecanismo de defensa individual y se convierte en un factor de alienación colectiva. La saturación informativa impide procesar, filtrar y sostener los problemas en el tiempo. Se selecciona lo que genera menor desgaste emocional, no necesariamente lo más relevante.

Las consecuencias son claras: una menor presión social efectiva y una reducción en la capacidad colectiva de reacción. Los problemas se minimizan porque resulta imposible sostenerlos todos al mismo tiempo.

Así emerge una falsa estabilidad. Un país cansado no es un país en paz, pero puede aparentar serlo. La disminución de los contrapesos sociales permite que el poder opere con mayor holgura. No es casual que desde el gobierno se afirme que no existen razones para manifestarse, como lo señaló la Secretaría de Gobernación el pasado 5 de abril. Bajo esta lógica, el poder se arroga la facultad de definir, con base en su agenda, cuándo podemos tener o no motivos para estar inconformes, un precedente peligroso que no debe normalizarse.

México vive indignado, pero está agotado de estarlo. Y un país agotado no está resuelto, sólo en pausa.

Emiliano García

@Emiliano_Marx