TECNOCRACIA JUDICIAL

El secuestro del pacto: contra la tecnocracia judicial neoliberal

La tecnocracia judicial es un sistema donde la voluntad popular es tutelada por una aristocracia del conocimiento que no rinde cuentas a nadie. | Rubén Islas

Escrito en OPINIÓN el

La modernidad política ha operado una de las transiciones más silenciosas y peligrosas de nuestra era: la transformación de la Constitución, ese pacto soberano y fundacional de un pueblo, en una simple norma técnica gestionada por una élite de toga. Lo que comenzó como un mecanismo de defensa contra el autoritarismo se ha mutado en una tecnocracia judicial, un sistema donde la voluntad popular es tutelada por una aristocracia del conocimiento que no rinde cuentas a nadie.

La Constitución no es una Ley

El error original del constitucionalismo moderno es de categoría: han reducido la Constitución a la condición de "ley". Pero la Constitución no es una ley; es el elemento formal de ordenación de todo el sistema. Es el contrato político que construye las instituciones y define el terreno de juego.

Al tratarla como una ley sujeta a la interpretación judicial, se le despoja de su esencia política. Se vacía el "Pacto" para convertirlo en un expediente. Cuando la última palabra sobre el destino de una Nación no reside en el debate parlamentario ni en el voto ciudadano, sino en los criterios hermenéuticos de diez o doce individuos, la democracia ha sido sustituida por la juridocracia.

El mito de la "Dictadura de la Mayoría"

El argumento predilecto de la tecnocracia neoliberal es el miedo a la mayoría. Bajo el pretexto de que "la mayoría puede aplastar a la minoría", han erigido a los jueces como los "ángeles custodios" de la Democracia. Es una falacia esquizofrénica. Este modelo asume que el legislador y el ejecutivo, quienes ostentan la legitimidad de las urnas, tienen un interés permanente en agredir al ciudadano, mientras que el juez, aislado de la realidad social y del control popular, es el único capaz de buscar el interés general.

Esta desconfianza patológica en la representación política es la base del neoliberalismo jurídico: se busca blindar las decisiones económicas y sociales de la pasión democrática, trasladándolas al ámbito de la "técnica judicial" para que el pueblo no pueda alterarlas.

La superioridad del autocontrol

Frente al control exterior del Poder Judicial, debemos reivindicar la técnica legislativa y el autocontrol. Un Poder Legislativo digno es aquel que ejerce la primacía constitucional de forma intrínseca. No hay razón para que el control de constitucionalidad sea superior si viene de fuera; al contrario, es en el seno de la deliberación donde el pacto se mantiene vivo.

El Ejecutivo, a través del veto, y el Legislativo, a través de la rigurosidad de sus procesos, son los contrapesos naturales diseñados por Montesquieu. La intromisión judicial rompe ese equilibrio, creando un supra-poder que decide sobre políticas públicas, presupuestos y derechos sin tener que enfrentar jamás una elección.

Hacia la recuperación de la soberanía

La "dictadura de la toga" es el estadio superior de la tecnocracia. Si el ciudadano acepta que su voluntad puede ser anulada por una interpretación "técnica" de un pacto que él mismo sostiene, entonces ha dejado de ser ciudadano para convertirse en súbdito de un tribunal.

Es imperativo devolver la Constitución al terreno de la política. Debemos recuperar la idea de que la defensa de nuestras libertades no reside en un juzgado, sino en la vigilancia activa de nuestros representantes y en la fortaleza de nuestras instituciones democráticas. La Constitución debe volver a ser el mapa de nuestra convivencia, y no el arma reglamentaria de una élite tecnocrática.

Rubén Islas

@RubenIslas3