Como lamentablemente se ha ido volviendo costumbre, en mayo de 2025 desapareció en Mazatlán, Edgar Daniel López de 19 años y, desde entonces, Rubí Patricia Gómez-Tagle dedicó su vida a dar con su paradero convirtiéndose en madre buscadora a través del colectivo “Corazones unidos por una misma causa, rastreadoras de Mazatlán”. El pasado viernes por la mañana, Laura Ivonne Valdés, fundadora del colectivo la esperaba en las oficinas de la Fiscalía de Justicia estatal donde tendrían una cita, para después acudir a una jornada con la Comisión nacional de Búsqueda en la zona rural de la Concordia en la que se localizaron los cuerpos de cinco mineros.
Al ver que no llegaba y que tampoco respondía a las llamadas, fueron a su casa –ubicada en el mismo sector en que desapareció su hijo– donde la encontraron ya sin vida por heridas en varias partes del cuerpo producidas por un arma punzocortante. De acuerdo con las autoridades, el homicida es integrante del cártel de Los Cabrera, quien ya fue detenido, y todo apunta a que la causa del asesinato fue precisamente por el activismo de Rubí Patricia que seguramente incomodó al crimen organizado. Por ejemplo, un día antes, participó en el hallazgo de una persona en un contenedor de agua en instalaciones de Pemex.
A Rubí Patricia le arrebataron la vida en dos ocasiones, primero cuando perdió a su hijo y después cuando la asesinaron, lo que representa también un duro golpe para los colectivos de familiares de personas desaparecidas en Sinaloa y en todo el país los cuales, además de tener que suplir a los gobiernos en su responsabilidad y realizar su labor en condiciones sumamente precarias muchas veces obstaculizadas por las propias autoridades, están expuestos a un gran riesgo. Se calcula que a la fecha han asesinado a cuando menos 20 madres buscadoras.
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Mientras todo esto pasaba, justo el mismo día en que mataron a la madre buscadora, la presidenta Claudia Sheinbaum realizaba una gira por Sinaloa y, en la conferencia mañanera que se realizó precisamente en Mazatlán, celebraba el éxito de la estrategia de seguridad con la reducción en un 50% de los homicidios dolosos además de reconocer el trabajo del gobernador, por lo que la noticia de lo sucedido con Rubí Patricia debe haber caído como balde de agua fría. Sobre todo ante los altos niveles de violencia, los recientes casos de desapariciones en ese estado, y el cuestionamiento sobre el inusual incremento en el registro nacional de otros delitos que atentan contra la vida, que contrasta con la disminución en la clasificación de homicidios dolosos al parecer por un conveniente cambio de metodología.
Otro hecho que, con razón, contribuyó a la indignación ciudadana y particularmente de organizaciones, personas buscadoras y familiares de desaparecidas, fue el ostentoso velorio y entierro de “El Mencho”, líder criminal responsable de múltiples asesinatos y desapariciones en el país, con un féretro bañado en oro, grupos musicales, alrededor de 500 arreglos florales y un fuerte dispositivo de seguridad, en tanto que para miles de familias, pasan las semanas, los meses y los años sin siquiera saber qué fue de sus seres queridos y, en la mayoría de los casos, sin tener la posibilidad de despedirlos y darles una digna sepultura, pues no se descarta que se encuentren en una de las casi mil quinientas fosas clandestinas o entre los más de 70 mil cuerpos sin identificar. Sin duda la muerte de Rubí Patricia es un doloroso retrato de lo que día con día se vive, o más bien se sufre en nuestro país.
