La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán entró en una etapa decisiva después de que el presidente estadounidense anunciara que comenzaría a desescalar y que representantes del gobierno estadounidense habrían mantenido durante dos días conversaciones muy productivas, en las que un representante persa habría expresado su interés en lograr la paz.
La gran incógnita está en quién fue el representante de Irán que pudo tomar la batuta y hablar en negociaciones oficiales con un gobierno extranjero cuando las autoridades militares habrían negado esta posibilidad. Entre los nombres que han surgido en distintas versiones destaca el del presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Qalibaf, político, expiloto y exmiembro de la Guardia Revolucionaria, quien, además, ha sido visto durante años como una figura pragmática con margen para explorar acercamientos con Occidente.
Desde 2008, Bagher ha realizado estos acercamientos con el fin de avanzar y promover el diálogo. Estos diálogos, que se supuestamente llevan a cabo en Doha, Qatar, se dan después de que la guerra entra en su quinta semana y, por ende, en una etapa muy delicada. Primero, porque en Irán hay dos fracciones negociadoras que podrían ser la vía para restablecer una república de tipo parlamentario a través de Qalibaf y la teocrática, donde se tienen muchas incógnitas sobre su líder nuevo Mojtaba Jamanei, sucesor e hijo del ayatolá.
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Por supuesto, esto puede representar un problema para Israel, que tiene objetivos estratégicos distintos a los estadounidenses en esta guerra, y claro, también para los militares iraníes, quienes sí buscan escalar el conflicto regionalmente en contra de esta coalición, lastimando instalaciones estratégicas de sus aliados y generando presiones adicionales, entre ellas las vinculadas al estrecho de Ormuz y a la problemática económica que podría derivarse de una interrupción prolongada en ese punto estratégico.
Persiste la creencia de que esta guerra, para los estadounidenses, fue diseñada en su estrategia sobre las rodillas. Lo cierto es que, desde hace 50 años, agencias de inteligencia, de defensa y de seguridad han elaborado todos los escenarios posibles y necesarios para enfrentar una confrontación de este tipo, pero lo mismo han hecho los iraníes, quienes han demostrado inteligencia estratégica y resiliencia en el conflicto.
Estados Unidos ha persistido en invitar a otras naciones a sumarse a esta guerra para acelerarla y terminarla, advirtiendo que podría llevar a cabo acciones en el estrecho a modo de disuasión, las cuales ahora resultan necesarias para contener la crisis. Japón y otros países habrían logrado que Irán les diera cierto beneplácito para pasar por el estrecho; sin embargo, embarcaciones y compañías petroleras se niegan a hacerlo debido al encarecimiento de los seguros y al riesgo persistente, lo que implicaría pérdidas millonarias.
Ataques de falsa bandera y, sobre todo, una disrupción duradera de la cadena de suministro, así como sabotajes, figuran entre las principales preocupaciones que persisten para los gobiernos. Todo parece indicar que la guerra económica se impondrá a la conflagración actual, pues los mercados también han reaccionado, si bien con cautela. Como hemos dicho previamente, la aceptación de la guerra en Estados Unidos decae de forma tremenda ante el incremento de los costos de la gasolina y de otros insumos, tanto agrícolas como, sobre todo, de fertilizantes, lo que genera una espiral inflacionaria en los alimentos y reduce el margen de maniobra, dado el costo político que podría representar.
Aerolíneas y centros turísticos también reclaman el fin de la guerra, que si bien se prevé que no pueda terminar abruptamente, dado que no se cuentan con bases claras para un cambio de régimen como lo reclamaba Israel, ni tampoco con plena certeza sobre el fin de su programa nuclear, lo cierto es que mientras no se tenga conocimiento del paradero y destino del uranio que celosamente guardaba el régimen de los ayatolás, parece difícil llegar a una solución debido a la falta de credibilidad que existe entre las partes y a la necesidad de perpetuar la guerra por parte de una fracción iraní.
Miembros del aparato de defensa estadounidense han señalado públicamente que el conflicto atraviesa distintas etapas y que, en la actualidad, la retirada gradual de elementos de sus fuerzas armadas ya se lleva a cabo, pero también existe la posibilidad de una escalada bélica orientada a cerrar los pendientes que consideran necesarios para cumplir sus intereses estratégicos. Sin embargo, cualquiera de estas definiciones podría retrasarse aún unas semanas más, pues el factor tiempo sigue siendo determinante. Mientras el presidente Trump parece inclinarse por un acuerdo, el gobierno de Netanyahu lo considera aún lejano. Si bien para ambos la prioridad sigue siendo la degradación de la capacidad armamentista iraní y la neutralización de su presunto componente nuclear desde la óptica de la defensa, en el terreno político no parece haber la misma claridad sobre cuál debería ser el fin último de la guerra.
Moneda al aire
En México los efectos de la guerra también comienzan a sentirse luego de que la inflación se disparara hasta el 4.63% para la primera quincena de marzo, y es que a este momento todo lo que pase en la bolsa tiene un componente de guerra también.
