TREN MAYA

La cara oculta del debate sobre el Tren Maya

El Tren Maya se ha convertido en uno de los proyectos más visibles del desarrollo reciente en México, se habla de turismo, inversión y crecimiento económico;,pero ¿qué está pasando con la tierra? | Armando Nicolás Morales

Escrito en OPINIÓN el

El Tren Maya se ha convertido en uno de los proyectos más visibles del desarrollo reciente en México. Se habla de turismo, de inversión, de crecimiento económico. Se discuten rutas, estaciones y cifras. Sin embargo, hay una pregunta fundamental que permanece en segundo plano: ¿qué está pasando con la tierra?

Poco se dice sobre este fenómeno, y, sin embargo, es ahí donde se juega el verdadero alcance del proyecto. Más allá de la infraestructura, lo que está ocurriendo es la continuidad de la transformación del territorio: cambios en el uso del suelo, en las formas de propiedad, en las dinámicas productivas y en la relación de las comunidades con su entorno.

Desde la economía clásica, el mercado se entiende como un orden espontáneo guiado por la “mano invisible” de Adam Smith. Pero en el caso del sureste mexicano, esta lógica parece invertirse. Aquí no es el mercado el que llega por sí solo, sino el Estado el que interviene activamente como una mano visible, reorganizando el territorio, desarticulando estructuras preexistentes y preparando la tierra para su incorporación a nuevas dinámicas económicas.

Esto obliga a replantear una idea incómoda: el actual gobierno, no rompe del todo con el neoliberalismo, sino que en muchos sentidos lo reconfigura, debido a que, no se trata de retirar al Estado, sino de utilizarlo como instrumento para facilitar la expansión del mercado sobre el territorio.

En este sentido, la socióloga Saskia Sassen ofrece una clave de lectura importante. Los Estados contemporáneos no desaparecen frente a la globalización; por el contrario, reorganizan el territorio mediante procesos que fragmentan el espacio en zonas funcionales. Esta desagregación territorial permite que ciertas áreas se orienten estratégicamente hacia el turismo, la agroindustria o la inversión inmobiliaria.

El sureste mexicano parece estar atravesando precisamente ese proceso. La tierra deja de ser únicamente un espacio habitado o trabajado bajo lógicas locales y se convierte en un activo estratégico dentro de un nuevo orden económico. Corredores turísticos, polos de desarrollo y zonas de inversión comienzan a redefinir el mapa regional.

Pero este reordenamiento no es neutral. Como lo plantea David Harvey, la expansión del capital suele implicar procesos de acumulación por desposesión, donde el territorio es reconfigurado para generar valor económico, muchas veces desplazando o transformando las formas de vida existentes. No siempre se trata de despojos directos; a veces ocurre a través de cambios graduales en el acceso a la tierra, el aumento de su valor o la presión sobre las comunidades.

En este contexto, también es necesario matizar ciertas interpretaciones. El territorio no es producido por un solo actor. Como señala Rogério Haesbaert, lo que existe es una multiplicidad de territorialidades en disputa: comunitarias, estatales, empresariales. Lo que está en juego con el Tren Maya no es la creación de un nuevo territorio desde cero, sino la imposición de una lógica dominante sobre esa diversidad, a la cual busca anular, por lo menos en la narrativa.

A pesar de ello, el discurso oficial, impulsado desde la Cuarta Transformación, ha logrado posicionar el proyecto como sinónimo de desarrollo. En ese marco, cuestionarlo puede interpretarse como una oposición al progreso. Pero esta narrativa deja fuera la discusión central: la tierra no es un recurso vacío, es un espacio vivido, disputado y transformado.

Entonces, la pregunta vuelve a imponerse: ¿qué está pasando con la tierra en el sureste?

Porque, la realización del tren es solo una parte de la redefinición de un territorio entero. Un territorio que está siendo reorganizado para integrarse a nuevas dinámicas económicas, donde el Estado actúa como una mano visible que no solo impulsa el desarrollo, sino que decide cómo, dónde y para quién ocurre.

Y tal vez ahí radica el punto más crítico: que mientras se discute el tren y sus polémicas, la transformación de la tierra avanza en silencio.

Bibliografía

- Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal.

- Haesbaert, R. (2011). El mito de la desterritorialización: del “fin de los territorios” a la multiterritorialidad. México: Siglo XXI Editores.

- Sassen, S. (2010). Territorio, autoridad y derechos: de los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales. Buenos Aires: Katz Editores.

* Armando Nicolás Morales Cardoso

Estudiante de Doctorado de Estudios del Desarrollo. Problemas y Perspectivas Latinoamericanas. Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.

Instituto Mora

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