En medio de la Franja de Gaza, un auto con una niña abordo fue atacado con más de 300 detonaciones por parte de integrantes del ejército israelí a bordo de un tanque de guerra, instalados en territorio palestino como parte de una invasión muy cuestionada por parte de muchos países, organizaciones civiles, líderes sociales y gran parte de la comunidad internacional. Un escenario calificado, casi al unísono, de un genocidio en contra del pueblo palestino.
Lo ocurrido con este auto podría ser una situación más, de la que ocurren cuando un país invade a otro y la población civil queda a merced del ejército invasor, sin embargo, trascendió debido a que, con ayuda de familiares en el exilio, una niña de cinco años logró comunicarse con la delegación de la Media Luna Roja establecida en la zona palestina y pedir ayuda para ser rescatada. Esto debido a que su prima había marcado al organismo mientras el vehículo era objeto de una serie de disparos, y posteriormente, integrantes de la organización humanitaria devolvieron la llamada, siendo ella la receptora de la comunicación.
El registro de la comunicación mostró cómo la pequeña, llamada Hind Rajab, estuvo por tres horas acorralada en el auto en el que viajaba con seis familiares mientras desalojaban la zona por órdenes del ejército israelí. Sin embargo, durante el trayecto, el auto fue impactado, provocando la muerte de seis de sus siete tripulantes, quedando viva Hind, en medio de balaceras y asedio militar.
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Esas horas estuvo pegada al teléfono en espera de que alguien pudiera ir por ella para rescatarla y llevarla a un lugar más seguro, además de revisar que no estuviera herida. Sin embargo, realizar ese rescate no era una situación simple debido a que para poder circular por las calles de la zona, era necesario obtener un permiso del ejército israelí a fin de evitar ser considerados como “un grupo terrorista”.
La autorización resultó más compleja de lo que podría esperarse para dar atención médica a una niña en medio de la guerra y el resultado no fue el esperado, pues a pesar de que las tropas israelíes tenían conocimiento de la situación descrita por el personal de la Media Luna Roja, atacaron a la ambulancia que iba a recoger a Hind, a menos de 50 metros del lugar donde ella se encontraba.
Todo lo escrito anteriormente fue retomado por la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania, quien investigó sobre el caso y se dio a la tarea de la recreación de los hechos a partir del registro original de la llamada, los testimonios de quienes atendieron la situación y toda la información disponible, permitiendo revivir esos momentos angustiantes en “La voz de Hind Rajab”, filme en el que, la principal protagonista es la voz de la pequeña palestina y el registro de sus últimas horas de vida antes de morir dentro de un auto agujereado con balas en espera de un rescate al que las balas le impidieron llegar a su destino final.
Este filme está nominado al Oscar como mejor película extranjera, pero, más allá de la recepción o no del galardón, su objetivo es insistir en el cese al fuego en la zona, situación que se complica más con los hechos de las últimas dos semanas en la región debido al ataque a Irán por parte de Estados Unidos e Israel; denunciar los abusos sufridos por quienes habitan en los territorios palestinos por parte del ejército invasor, especialmente las infancias, y clamar por el alcance de la justicia para la familia de Hind, pues se ha comprobado que en la zona donde acontecieron los hechos había tres tanques del ejército israelí, los cuales, tuvieron la visión suficiente para darse cuenta que en el carro sólo iban civiles, además de estar notificados del arribo de una ambulancia autorizada al lugar, pero ellos mismos la atacaron.
Como ha señalado la mamá de Hind, Wesam Hamada, la voz de su hija es la de miles de niñas y niños en Gaza, a quienes, muy probablemente, les han ocurrido situaciones similares, pero no tuvieron posibilidad de compartirlo. Con la película, queda testimonio de las atrocidades sufridas por el pueblo palestino en esta invasión. Sin duda, un testimonio de la época contemporánea, que más allá de un premio, pasará a la historia por la crudeza de su argumento central y los constantes señalamientos hacia los perpetradores de un crimen de lesa humanidad.
