DISCRIMINACIÓN

Cero discriminación

“Las personas primero” es el lema del Día de la Cero Discriminación, que este año adquiere un carácter especial en México: se cumplen 25 años de la reforma al artículo 1 constitucional en materia de no discriminación.| Leonardo Bastida

Escrito en OPINIÓN el

Las personas primero es el lema con el que este año se conmemorará el Día de la Cero Discriminación, marcado en el calendario como el primero de marzo, derivado de una iniciativa del Programa Conjunto de las Naciones para el VIH/sida, con la finalidad de impulsar mensajes en contra de la discriminación sufrida por quienes presentan una condición de salud en específico, vivir con VIH, pero cuyo alcance se ha ampliado a otros sectores de la población.

Este año, la conmemoración de la efeméride adquiere un carácter especial en nuestro país debido a que, hace 25 años, en 2001, se reformó el artículo 1 constitucional en materia de no discriminación en el país. En aquel año, se aprobó la adición de los párrafos segundo y tercero de dicho artículo. Así, se indicó que “queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Este cambio dio paso a la elaboración de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación en 2003, dando pie a la creación del Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación y del Programa Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación. En el caso del Consejo, una figura innovadora en el país, que señaló un gran problema existente en nuestra sociedad, la diferenciación por distintas causas que definen las personalidades y las barreras derivadas de esta exclusión.

A partir de estos cambios, surgieron algunas instancias estatales y municipales en contra de la discriminación, se promulgaron las leyes estatales en la mayoría, se realizaron encuestas nacionales y regionales sobre el alcance del derecho a la no discriminación; se suscribieron tratados internacionales; hubo otras modificaciones constitucionales en la materia en 2006 y 2011, y se gestionaron algunas políticas públicas.

En la víspera de esta efeméride se dieron a conocer un par de estudios sobre el impacto de la discriminación hacia algunos sectores de la población mexicana. El primero de ellos, elaborado por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), Sin Reglas Mx e Identa Consultores, titulado encuesta “Edadismo y andropausia en el entorno laboral”, un estudio que aporta evidencia sobre cómo la discriminación por edad impacta las trayectorias laborales y cómo los síntomas asociados con la andropausia influyen en el bienestar y la productividad de los hombres.

Algunos de sus resultados fueron que una de cada cuatro personas se ha sentido discriminada por su edad en el trabajo; 90 por ciento de los hombres mayores de 45 años ha experimentado al menos un síntoma asociado con la andropausia, y sólo uno de cada cinco hombres que reporta síntomas ha recibido apoyo en su entorno laboral.

El segundo, la Encuesta diagnóstica sobre discriminación por orientación sexual e identidad de género en estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, liderada por el Dr. Juan Carlos Mendoza Pérez, quien dirige la Línea de Investigación en Salud y Bienestar LGBT del Departamento de Salud Pública de la misma institución.

El diagnóstico identifica tres hallazgos centrales: la existencia de una brecha entre la percepción institucional de un trato igualitario y las experiencias reales de discriminación directa e indirecta reportadas por el estudiantado; las prácticas discriminatorias no se limitan a las interacciones entre pares. También aparecen en espacios formativos y clínicos, lo que evidencia la necesidad de revisar las dinámicas estructurales dentro de la cultura académica. Tercero, el estudio documenta una relación entre el clima institucional, el ocultamiento de la identidad y las afectaciones al bienestar y a la salud mental del estudiantado.

Sumada a estas acciones está la próxima aplicación de la Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género 2026, enfocada en conocer las condiciones de discriminación estructural y de violencia que enfrentan las personas con orientaciones sexuales o identidades de género no normativas, y la presentación de un exhorto en la Cámara de Diputados para que los estados de la República en los que no se haya derogado la figura de delito de peligro de contagio de sus códigos penales lleven a cabo dicha acción, pues esa figura jurídica no implica una verdadera protección hacia las personas de una infección debido a la ambigüedad de la misma, pero, si puede provocar estigma y discriminación hacia quienes presentan ciertas condiciones de salud, y peor aún, enredarles en procesos judiciales y situaciones de privación de su libertad. 

En su artículo “La discriminación y el enfoque de derechos,” el filósofo Jesús Rodríguez Zepeda, advierte que “los factores precursores de la discriminación se sitúan en el ámbito de las representaciones colectivas del orden social y pueden ser identificados mediante los conceptos de estigma y prejuicio”, por lo que, la discriminación, en cuanto fenómeno social, deriva de “los estigmas que padecen los grupos subalternos como a los prejuicios negativos que circulan acerca de ellos en el marco de relaciones de dominio y subordinación entre grupos”.

Por lo que, la discriminación es el resultado de esas apreciaciones sobre un determinado grupo social, derivadas de lo que Hannah Arendete, entre otras autoras y autores denominaría prejuicios, caracterizados por no ser juicios, están basados en supuestos, nunca pueden probarse pero tratan de basarse en la reminiscencia a experiencias personales, carecen de evidencias, cuentan fácilmente con el asentimiento de los demás sin necesidad de mucha persuasión y ayudan a la admisión social de cierto grupo de humanos y excluye a otros.

Si bien, en nuestra sociedad, se ha trabajado en materia normativa y en la visibilización de la problemática, el mayor reto, como lo muestran los estudios citados, es la erradicación de los estigmas y los prejuicios hacia ciertos sectores de la población a fin de que puedan aspirar a todas las oportunidades posibles y disponibles, y haya cada vez más un acercamiento a la anhelada igualdad, en la que, nadie sea diferenciado por su manera de ser y de vivir. 

 

Leonardo Bastida

@leonardobastida