DONALD TRUMP

Sin relato no hay victoria

En política, el relato importa, el fracaso en la estrategia de comunicación de Trump para iniciar la guerra, explica también el fracaso para apuntar a una eventual salida de ella. | Mario Campos

Escrito en OPINIÓN el

En política, el relato importa. Parece una obviedad, pero si uno mira lo que le ha pasado recientemente al gobierno de Estados Unidos queda claro que a veces el tema pasa de largo para algunos gobernantes. 

Empecemos por lo ocurrido con Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, que no ha logrado vender la guerra a su población. Y no lo ha hecho, entre otras cosas, porque ha sido incapaz de ofrecer una explicación clara sobre el por qué de la ofensiva militar. En menos de dos semanas, Trump ha justificado el ataque como una medida contra el desarrollo de armas nucleares, como una respuesta ante los intentos de homicidio en su contra, como una acción preventiva por un supuesto ataque que realizaría irán, y como una medida de protección ante la agresión que emprendería Israel contra Irán

Ese mismo caos -que ha dejado solo confusión entre los ciudadanos- se ha reflejado en otros temas como la duración del conflicto, -en la misma quincena Trump fijó el plazo en cuatro semanas o pronosticó su fin en tan solo unos días- o incluso en las acciones de EU que según un post del secretario de Energía estaba ya escoltando barcos por el estrecho de Ormuz, cosa que después fue negada por el propio gobierno.

El fracaso en la estrategia de comunicación para iniciar la guerra -más allá del balance que hagan los expertos en lo militar- explica también el fracaso para apuntar a una eventual salida de ella. Como no hay una meta clara tampoco está claro cuándo se puede bajar la cortina o declarar una victoria. ¿El propósito era detener la fabricación de armas? ¿matar al líder?, ¿cambiar al régimen? Sin objetivos definidos no hay forma de construir un cierre digno que tenga una narrativa razonable.

Sé que de pronto apelar a la racionalidad del relato puede sonar fuera del signo de los tiempos en donde la verdad importa tan poco como la coherencia del relato. Que lo importante ahora es solo el emisor y la conexión con su base. Bajo esa premisa, por ejemplo, no hay problema en que Trump diga que no se sabe quién disparó un misil contra una escuela iraní -a pesar de la evidencia que apunta a su gobierno- o que declare que esos misiles los pudo comprar el propio régimen de Irán, aunque no sea cierto. 

En la línea de la postverdad todo se vale, pues lo importante es la relación del líder con sus seguidores y no la verdad. No obstante, los problemas que está enfrentando Trump en términos de imagen, el rechazo de la mayoría a la guerra, y la creciente cobertura de algunos medios sobre las acciones de su gobierno, muestran que eventualmente sí hay costos de no tener un relato real, con sustento en hechos, que pueda ser consumido y creído por quienes no son incondicionales e incluso por algunos de sus viejos seguidores a los que tampoco ha logrado convencer.

Veremos en las siguientes horas, días, semanas, si el gobierno corrige el rumbo comunicacional y se logra armar una estrategia narrativa más clara. Por lo pronto, el caos es el sello de la casa y esta vez parece que sí habrá consecuencias.

Mario Campos

@mariocampos