EL MENCHO

La otra guerra al narco

Así como hay una batalla por el control de los territorios y recursos, hay otra en la que lo que está en juego son las percepciones públicas. | Mario Campos

Escrito en OPINIÓN el

Imágenes de El Mencho enmarcadas como si se tratara de un santo, mensajes de tristeza lamentando su muerte; posteos en redes sociales sobre su legado. Todo eso formó parte de las publicaciones tras la caída del líder del CJNG que circularon intensamente en internet y que el Colegio de México documentó en un reporte que no tiene desperdicio y que aquí puede ser leído.

Este análisis se suma a otros reportes que registraron la aparición de noticias falsas, algunas en texto, otras generadas con Inteligencia Artificial, que amplificaron la idea del caos tras el operativo en contra del cártel.

Todo forma parte de otra dimensión en la lucha contra el crimen organizado: la disputa en el plano de la comunicación. Pues así como hay una batalla por el control de los territorios y recursos, hay otra en la que lo que está en juego son las percepciones públicas. Ya sea para ganar simpatizantes -eventualmente incluso reclutas- o para ganar la idea de quién tiene más poder y capacidad de imponer su agenda a la sociedad.

En este marco es por eso que resulta tan importante destacar la pobre estrategia de comunicación del gobierno federal. Un gobierno que el mismo domingo de los hechos solo tuvo como salidas dos piezas: la primera, una improvisada declaración de la presidenta Sheinbaum en medio de su gira por Coahuila; la segunda, la publicación de un post en la red social de Elon Musk. Eso fue todo.

Pese a los bloqueos y actos de violencia en 20 estados, la presidenta no ofreció un mensaje en cadena nacional -como ameritaba el tamaño del conflicto-, no ofreció una rueda de prensa para ofrecer respuestas como hicieron los mandatarios de Jalisco y Michoacán; no dio un mensaje a medios, ni siquiera en un formato con un video previamente grabado como sí hicieron en Guanajuato y Querétaro. La opción elegida fue el silencio y dejar la comunicación para la mañana siguiente como si se tratara de un domingo normal.

Esta ausencia es grave y ya ha sido señalada por expertos en comunicación como Luis Espino o Rubén Aguilar, que han consignado cómo en estas crisis los vacíos se ocupan, más cuando enfrente tienes a una maquinaria que no solo dispara balas sino también piezas de propaganda.

Ya en su momento se había advertido sobre este fenómeno. Como antecedente, en el primer culiacanazo este columnista publicó en el diario Reforma cómo el gobierno no generaba imágenes que ocuparan los medios de comunicación y las redes sociales, mientras el crimen es un gran productor de material que alimenta la conversación. Pareciera que desde entonces no se ha aprendido nada.

Han pasado ya varios días y es claro que el gobierno quiere dar la vuelta a la página lo más pronto que pueda. Se entiende. Por un lado, porque tiene la presión del gobierno de Trump que quiere que se hable de la caída como parte de la narrativa de ese gobierno sobre México; por el otro, la pulsión de los lopezobradoristas que corren aterrados de lo que parece ser el regreso de la narrativa de la guerra al narco de Felipe Calderón.

De ahí que el gobierno no sepa si presumir el acto y reivindicar el resultado o si tiene que hacer como que fue un hecho aislado.

La mala noticia para el gobierno es que no está solo en su cancha el control de esa información. Ya sea desde las filtraciones de EU o de la propia estrategia de comunicación del narco, el tema habrá de seguir en agenda, aunque ahora se quiera sacar el tema para hablar solo de futbol y del próximo mundial.

Hacer como que no pasa nada no es una estrategia. Por eso más vale que el gobierno tome nota de sus errores pues los aprendizajes que saque los tendrá que aplicar más temprano que tarde. 

Mario Campos

@mariocampos