Misiles iraníes golpean a Tel Aviv sin que funcione su sistema de defensa; unos días después, Irán realiza un exitoso ataque que impacta en el USS Abraham Lincoln, poderoso portaaviones de los Estados Unidos, y provoca la muerte de cientos de soldados estadounidenses.
Las dos notas, que son mentiras, son parte del paquete de noticias falsas que han invadido las redes sociales desde el inicio del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Por supuesto, la relación entre la guerra y la mentira no es nueva. De hecho, han ido de la mano desde el inicio de los tiempos. A la disputa por los territorios siempre le acompañan las batallas por las percepciones, y la propaganda que busca exaltar triunfos propios y minimizar los ajenos es parte de todo conflicto ahora y siempre, y en todo lugar.
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No obstante, esta vez hay algunas particularidades que vale la pena destacar. Primero, la existencia de canales directos entre los gobiernos y las audiencias, de tal suerte que la propaganda no pasa necesariamente por los medios sino que es alimentada directamente a las redes. Unas veces con firma, otras, a través de lo que la comunicación llama unbranded que no es otra cosa que propaganda disfrazada, distribuida por terceros para intentar disimular su origen.
Un segundo fenómeno pasa por la nueva tiranía del algoritmo, en el que plataformas de manera opaca deciden qué contenido debemos ver, generalmente con un sesgo que busca dos objetivos: mantenernos el mayor tiempo posible frente a las pantallas y reafirmar nuestra percepción de la realidad. De tal suerte que quienes quieren ver golpes a EU podrán encontrar las imágenes que se lo confirmen, mientras que quienes busquen reafirmar su percepción sobre la superioridad militar estadounidense o israelí, encontrarán material de sobra.
Finalmente, lo más reciente en este momento es la multiplicación de la IA como herramienta de propaganda, que con cada vez mayor calidad, se presenta con fotos y videos prácticamente indistinguibles de la realidad.
La combinación de estos tres factores: propaganda directa, manipulación del algoritmo y creación de material sintético con Inteligencia Artificial, coloca a los ciudadanos en un entorno de altísima manipulación.
Frente a esto -y suponiendo que tenemos un real interés por saber la verdad- se impone necesariamente una defensa del periodismo. Del periodismo bueno, del que contrasta, verifica y ofrece contexto sobre la información que ofrece.
Contar con espacios creíbles que te permitan saber, por ejemplo, si hubo un ataque a una escuela iraní; o si es cierto que Irán pretendía asesinar al presidente Trump y por eso se justifica la guerra, resulta clave si lo que se quiere es tener un juicio propio que permita valorar y tomar decisiones sobre lo que está pasando a nuestro alrededor.
Es verdad que en este momento hay algunos intentos de las propias plataformas digitales -como Grok- por convertirse no solo en difusores de propaganda sino en verificadores de información, sin embargo, el conjunto de intereses que envuelve a las propias plataformas -incluyendo las empresas de IA, cada vez más vinculadas a la propia guerra- hacen que sea necesario un periodismo que solo tenga como agenda el servicio al televidente, radioescucha o lector.
Paradójicamente, en este momento en que el periodismo es más necesario que nunca, es cuando enfrenta algunos de sus peores momentos como industria, tema digno de un futuro texto; quede por lo pronto al menos registro de lo frágil del actual ecosistema de información y de lo necesario que es el periodismo en la actualidad.
