INTELIGENCIA ARTIFICIAL

IA: la revolución del pensamiento

Uno de los signos más impresionantes del cambio de época es la irrupción de la inteligencia artificial, para muchos, la base de una nueva revolución del pensamiento en la historia de la humanidad. | Marco Adame

Escrito en OPINIÓN el

Uno de los signos más impresionantes del cambio de época es la irrupción de la inteligencia artificial (IA), para muchos, la base de una nueva revolución del pensamiento en la historia de la humanidad. Lo visto hasta ahora nos dice que, podemos ser escépticos o sobrevalorar su importancia, pero lo que no podemos hacer es dejar de sentir sus efectos. 

La inteligencia artificial está cambiando la forma de ser y hacer de los habitantes del siglo XXI, con todo, para estudiosos del tema como el filósofo Daniel Innerarity, la IA “ni es inteligente ni es artificial” ya que su forma de operar no se parece a la inteligencia humana, y no es algo etéreo, sino “una tecnología muy material”, que consume energía y recursos naturales, usa grandes centros de datos y requiere del soporte humano para funcionar. 

Hasta hace poco la IA era pasiva, hoy está dominada por agentes autónomos, y hace algo más que responder a casi cualquier pregunta, por ello se dice que la IA ya no lee el mundo, lo observa y ahora cuenta con “modelos de mundo” que interpretan incluso las emociones. 

Ante los nuevos desarrollos debemos darnos, como afirma la filósofa Mayela Adame, “el lujo de pensar”, para distinguir, en la era de la posverdad,  entre la simulación –casi perfecta– y la realidad. 

Al respecto, se construye un consenso sobre la respuesta de la sociedad ante esta revolución tecnológica, el propio Innerarity insiste en la necesidad de mantener una actitud crítica, consciente y responsable ante la IA, “entender que hace bien y que no, regularla democráticamente y reservar el espacio para el juicio humano, la creatividad y el debate público.”

Saber que, más allá de la indudable capacidad científica y el conocimiento acumulado por los modelos de la IA, lo que es insustituible es la sabiduría práctica y la prudencia humana para discernir, en cada caso, lo que es bueno y conveniente; lo que los antiguos llamaban la “phronesis”, traducida por Luiki Alonso, como la capacidad de “saber leer las situaciones específicas y tomar decisiones acertadas en función de un fin loable.” Solo así es posible romper el algoritmo y escapar de la previsibilidad, casi infinita, de los “World models”.

En el campo social y político, la IA está transformando la forma de ejercer el poder, de ahí que para Daniel Innerarity “la digitalización debe ser entendida como un proceso político” por lo que “necesitamos una filosofía política de la inteligencia artificial”, algo más que reglas éticas o temas regulatorios para la protección de datos: quién decide, con qué reglas y controles, cuando se trata de funciones complejas como la seguridad o los procesos político electorales, a fin de dejar a salvo del determinismo algorítmico, las libertades y los derechos fundamentales de la persona humana

Al final, se trata de salvaguardar la legalidad y legitimidad del poder, la responsabilidad de los tomadores de decisiones, y los derechos de los ciudadanos en todo lo que tiene que ver con el bien común y los sistemas “infalibles” de inteligencia artificial sobre los que realmente se sabe muy poco. 

 

Marco Adame

@MarcoAdame