VENEZUELA

Algo huele mal en Venezuela

No es un dato menor la detención de Maduro, pero algo huele mal en Venezuela -parafraseando a Marcelo en Hamlet- si prevalece la corrupción, la violacion a los derechos humanos y la degradación de la clase política, en perjuicio del pueblo venezolano. | Marco Adame

Escrito en OPINIÓN el

Lo ocurrido en Venezuela, la madrugada del pasado 3 de enero, está muy lejos de ser una liberación de la dictadura chavista o una invasión convencional en los términos que establece el derecho y los tratados internacionales.

Lo que estamos presenciando, en tiempo real, es el desarrollo de una operación controlada basada en el uso de la fuerza y la negociación condicionada con los grupos de poder real, para hacer valer los intereses económicos y geopolíticos  de Estados Unidos en el país andino y en toda la región.

El gobierno norteamericano no se ha ahorrado palabras para definir sus objetivos, dejando atrás la valoración geoestratégica de América Latina como “zona de indiferencia”. Al mismo tiempo, los representantes del régimen venezolano no se han demorado en hacer una “atenta invitación” al gobierno de Estados Unidos, a través de la presidenta en funciones Delcy Rodríguez, “a trabajar en una agenda de cooperación por Venezuela”.

El menosprecio a los representantes legítimos de la oposición venezolana, apunta a una simulación lampedusiana, haciendo parecer que todo cambia para que, en esencia, todo siga igual. Desde luego que no es un dato menor la detención del dictador Maduro, pero algo huele mal en Venezuela -parafraseando a Marcelo en Hamlet- si prevalece la corrupción, la violación a los derechos humanos y la degradación de la clase política, en perjuicio del pueblo venezolano. 

Es difícil predecir el desenlace de esta trama, mientras tanto, habrá que exigir y garantizar las condiciones para que el pueblo venezolano logre una transición pacífica a la democracia. 

El papa León XIV, expresó su profunda preocupación sobre la situación en Venezuela y señaló con certeza que: “El bien del pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración”; insistió en la necesidad de “superar la violencia y emprender caminos de justicia y de paz, que garanticen la soberanía y aseguren el estado de derecho inscrito en la constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos”; y llamó a trabajar por construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia.

Con datos del panel de Áltica sobre la detención de Maduro, sumando la medición de opinión pública en Perú, Costa Rica, Colombia, Chile, Ecuador, Panamá, Argentina, México y Uruguay, la región apuesta por una salida interna: prefieren a la oposición en el poder, por encima de una autoridad de Estados Unidos o del oficialismo chavista.

Más allá del discurso, México debe fijar una posición clara. Después de la operación en Venezuela, se actualiza el riesgo objetivo de una “proyección” de Estados Unidos en cualquier lugar y hora -tal como lo afirmó el secretario de guerra Pete Hegseth- para actuar, sin previo aviso, contra quienes violen sus leyes o representen una amenaza a su seguridad nacional, lo que esto signifique. 

Defender y hacer valer la integridad y el interés nacional, es una obligación constitucional y moral de quien encabeza la política exterior de nuestro país. Ante cualquier acción unilateral del exterior, nada mejor que un país unido, donde se respete el estado de derecho, se combata la corrupción y la impunidad, se fortalezca la institucionalidad democrática y las libertades de los ciudadanos. 

Marco Adame

@MarcoAdame