Dos son los temas centrales en la agenda bilateral de nuestro país con los Estados Unidos, acreditar los resultados de la lucha contra el crimen organizado y asegurar los intereses nacionales en la revisión del tratado comercial. En ambos, hay versiones encontradas y una presión creciente para obligar a México a definir su posición, alineada a los intereses globales de nuestro vecino del norte.
Para el gobierno norteamericano los resultados en materia de seguridad son “insatisfactorios” y exigen “resultados verificables”. Para nuestro país, estamos mejor coordinados que nunca y los resultados están a la vista. Para algunos voceros comerciales de los Estados Unidos el tratado es irrelevante; para los nuestros, las cosas van bien y la revisión del TMEC será un éxito.
Hasta ahora México ha mantenido una agenda de contención, buscando ganar tiempo, en espera de mejores condiciones. Las reiteradas llamadas entre los presidentes han logrado diferir medidas arancelarias y conversar sobre lugares comunes, pero no ha impedido las presiones inmediatas a los funcionarios mexicanos quienes, por momentos, parecen rebasados por la Secretaría de Estado y otras dependencias norteamericanas.
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Esta posición es altamente riesgosa para nuestro país. Depender de factores externos, como el resultado de las elecciones intermedias en la unión americana o cambios repentinos en la agenda global, es incierto; la dependencia es como un juego de azar al que, todo indica, apuestan algunos de los actores más duros del grupo en el poder.
Ante las pretensiones del presidente Trump, que hace algo más que comunicar e incendiar las redes sociales, ha faltado claridad y contundencia por parte de los representantes del gobierno mexicano. Lo cierto es que, estando de por medio el futuro del país, responder a lo impredecible con indefiniciones y una pretendida neutralidad no basta; la pasividad observada en nuestra política exterior, nos expone a una mayor vulnerabilidad externa e interna.
Tenemos que hacer más y movernos en la dirección correcta. La defensa de la soberanía, entendida en términos actuales y democráticos, exige un mayor esfuerzo de unidad nacional y de pluralidad política; así como de acciones para fortalecer nuestra vida institucional, en especial, en temas de derechos humanos, libertades sociales, igualdad, seguridad y vigencia del estado de derecho.
Hacia el exterior, requerimos un dinamismo como el que muestran los países de la región, que se ven igualmente amenazados. En la víspera de la revisión del tratado, Canadá va a China y logra acuerdos que parecen contracíclicos con las exigencias de la política norteamericana. Brasil fortalece su red de interlocutores con los Estados Unidos y modula su discurso, al tiempo de activar su alianza con los países BRICS y con la CELAC.
Hasta ahora México parece pasmado y distraído con temas menores de la política exterior. No es que otros temas carezcan de importancia, lo relevante es que, con márgenes tan estrechos en los retos globales, la cancillería debe apurar el paso y dar el soporte a la titular del Ejecutivo, para enfocar y ejecutar las acciones prioritarias con toda claridad y disciplina.
