REFORMA ELECTORAL

Choque de trenes

Si Sheinbaum opta por imponer su reforma electoral, el precio será altísimo: podría desmantelarse el último contrapeso real al poder. | Julio Castillo

Escrito en OPINIÓN el

Aunque el título de este texto podría prestarse a confusión —sobre todo por los recientes accidentes ferroviarios en México y España—, en realidad se trata sólo de una metáfora para ilustrar la colisión de visiones en el debate sobre la reforma electoral que se avecina.

Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum anuncia que presentará su propuesta en los próximos días, cada vez más voces se suman a la defensa de lo que quizá sea la última trinchera democrática en México: el sistema de partidos, el árbitro autónomo y la organización electoral ciudadana.

  • El pasado 3 de febrero se publicó el “Manifiesto del Frente Amplio Democrático”, un llamado urgente a defender los pilares de la vida democrática: la autonomía institucional, el pluralismo político y los derechos ciudadanos. Con claridad meridiana, el documento advierte sobre los riesgos de una reforma regresiva impuesta sin consenso, y convoca a todos los sectores sociales a evitar —por la vía legal o discursiva— el regreso a un régimen de partido único y control absoluto del poder.
  • La fuerza del manifiesto se sostiene en la pluralidad de sus firmantes: académicos, juristas, artistas, empresarios, periodistas y ciudadanos de todo el país. Desde Francisco Calderón hasta José Woldenberg, desde María Marván hasta Carlos Elizondo Mayer-Serra, la lista representa un mosaico transversal de voces que, sin compartir ideologías, comparten una certeza: la democracia no se defiende sola, y el silencio —como bien advierte el propio texto— también es una forma de complicidad.
  • Voces como la de Luis Carlos Ugalde han sido tajantes: no es momento para una reforma electoral. Pero más allá del momento, el fondo es aún más grave: no es democrático que una reforma que pone las reglas del juego provenga del mismo poder que organiza la contienda y que cuenta con mayoría legislativa para imponerla.
  • Otras organizaciones como el INE y el colectivo “Salvemos la Democracia” han presentado propuestas para enriquecer el debate. También el PAN ha insistido en temas estructurales para una reforma genuina: eliminar la penetración del crimen organizado y corregir la sobrerrepresentación legislativa.
  • Es paradójico, pero si México aún funcionara como una democracia plena, la voz más relevante en este proceso debería ser la del PAN, segunda fuerza política nacional. En su momento, fue el PRD quien logró reformas significativas frente al PAN en el poder; y el PAN quien condicionó la reforma del Pacto por México frente al PRI. La última reforma propuesta desde el poder fue en 1977, bajo Reyes Heroles, y esa sí fortaleció la democracia. Nada que ver con lo que hoy encabeza Pablo Gómez, cuya narrativa se ancla en el autoritarismo y el control absoluto.

No hay punto medio entre consolidar una dictadura y conservar la posibilidad democrática. Si Sheinbaum opta por imponer su reforma, el precio será altísimo: podría desmantelarse el último contrapeso real al poder. No es exageración decirlo: ya no hay transparencia, ni autonomía institucional, ni control del Ejecutivo. Y esta reforma podría ser, literalmente, el último clavo en el ataúd de la libertad.

Una reforma electoral auténtica debe surgir de la oposición y cumplir una condición ineludible: debe generar incertidumbre. Es decir, que nadie —ni el poder ni la oposición— pueda saber de antemano quién ganará bajo las nuevas reglas. Eso es democracia. Lo demás, simulación.

 

Julio Castillo

@JulioCastilloL