#LASDOSCARASDELAMONEDA

CJNG: el vacío y la dispersión del poder

El Cártel de Jalisco Nueva Generación entrará en una nueva etapa de reconfiguración, que llega de manera natural tras la muerte de su líder, “El Mencho”: a diferencia de otras empresas criminales el CJNG tuvo un liderazgo monolítico. | Eduardo Zerón García

Escrito en OPINIÓN el

El Cártel de Jalisco Nueva Generación entrará en una nueva etapa de reconfiguración, que llega de manera natural tras la muerte de su líder, “El Mencho”, Nemesio Oseguera Cervantes. Fue un liderazgo indiscutido: fundó, hizo crecer, consolidó y, finalmente, cerró su propio ciclo histórico.

A diferencia de otras empresas criminales donde existieron liderazgos compartidos o colegiados, como Los Zetas —cofundados por “El Mata Amigos”, Osiel Cárdenas Guillén, y desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE)— o el Cártel de Sinaloa, donde “El Chapo”, Joaquín Guzmán Loera, “El Mayo”, Ismael Zambada García, y “El Licenciado”, Dámaso López Núñez, ejercían un poder de naturaleza colegiada, el Cártel de Jalisco Nueva Generación tuvo una verticalidad plena: un liderazgo monolítico.

Habrá quien debata este punto, argumentando que existían franquicias dentro del cártel; lo cierto es que estas operaban, en muchos sentidos, como extensiones de marca para grupos menores que se adherían a ellas porque ello les otorgaba ventaja operativa y fortaleza simbólica.

En los ámbitos de poder, cuando el liderazgo concluye, este se difumina y se dispersa y, en consecuencia, genera anarquía. La razón es simple: dejan de existir controles, pactos o arreglos que permitan una transición ordenada de la organización con estrategia y objetivos definidos, algo que el CJNG tenía muy claro.

Aquí veremos, por primera vez, cómo actúa su resiliencia. Como hemos advertido previamente, el Cártel de Sinaloa tenía la capacidad de reinventarse con rapidez. Ante el vacío de “El Chapo”, Joaquín Guzmán Loera, podían entrar sus hijos o “El Mayo”, Ismael Zambada García. El poder allí siempre fue disputado y compartido. En el CJNG, en cambio, el poder no fue disputado jamás.

Como lo describe el académico Víctor Hugo Guerra, el fenómeno del narcotráfico está conformado por estructuras complejas, interdependientes y multidimensionales, compuestas por nodos que cumplen una función específica e incluso pueden no conocer ni depender de otros nodos.

Existen dos vertientes posibles, como ocurrió con Los Zetas: la dispersión del poder en nodos regionales. Ante el vacío generado por detenciones o muertes, algunos mandos decidieron fundar su propia organización criminal. Vimos el surgimiento de la Vieja Escuela Zeta, el Cártel del Noreste y otros remanentes focalizados en estados como Veracruz.

Algo similar ocurrió con el Cártel de Sinaloa, donde, tras su primera gran escisión y proceso de reconfiguración, nació el Cártel de los Beltrán Leyva. Tras la muerte de “El Barbas”, Arturo Beltrán Leyva, la organización se fragmentó y comenzaron a surgir grupos como Los Rojos, Guerreros Unidos, el Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), La Oficina y Los Mazatlecos, muchos de los cuales terminaron siendo absorbidos por el CJNG.

Hoy observamos la tensión entre “La Mayiza” y “La Chapiza”; esta última pierde, con la muerte de “El Mencho”, Nemesio Oseguera Cervantes, al único actor que le otorgaba apoyo suficiente para limitar su expansión y su lógica de confrontación. ¿Por qué sucede esto? Por la ausencia de un líder capaz de llenar esos vacíos de poder.

Un exagente de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), coincidió en que El 03” sería el sucesor más claro. Cuenta con el respaldo de “El RR”, Ricardo Ruiz Velasco, y ha consolidado su posición al crecer dentro de la organización. Fue, además, el arquitecto del denominado Grupo Delta, encargado de la adquisición de armas, del reclutamiento y del adiestramiento forzado de personal.

El mando operativo de ese grupo recayó en “Delta 1”, Armando Gómez Núñez, hasta su captura en noviembre de 2024, y posteriormente en “La Gallina”, Francisco Javier Gudiño Haro, vinculado al atentado contra el Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, en 2020.

Asimismo, impulsó la consolidación del Grupo Élite —también referido como Fuerzas Especiales del Grupo Élite— bajo el liderazgo de “El RR”, Ricardo Ruiz Velasco, así como el grupo de Reacción Inmediata, encabezado por “El Sapo”, Gonzalo Mendoza Gaytán. A este último se le ha vinculado con el Rancho Izaguirre, además de otras estructuras armadas como las Fuerzas Especiales del Alto Mando, el Brazo Armado del 15 y Los Indestructibles.

El denominador común es claro: todos estos grupos respondían a un liderazgo de rango superior, “El 03”, Juan Carlos Valencia González, quien a su vez respondía directamente a “El Mencho”, Nemesio Oseguera Cervantes.

El 03”, Juan Carlos Valencia González, cuenta además con una red financiera amplia vinculada a la estructura de los hermanos González Valencia. “El Cuini”, Abigael González Valencia, líder del llamado Cártel de Los Cuinis y extraditado en 2025, es hermano de Rosalinda González Valencia, esposa de “El Mencho”, Nemesio Oseguera Cervantes.

El 03” es hijo de Rosalinda González Valencia y de Armando Valencia Cornelio, fundador del denominado Cártel del Milenio.

Existe también la hipótesis de que “El Jardinero”, Audias Flores Silva, operador regional con presencia en Michoacán, Jalisco y Nayarit, podría negociar alianzas, dado que tenía bajo su control la coordinación de células regionales y la supervisión de estrategias de tráfico.

A “El Jardinero”, Audias Flores Silva, se le atribuyen alianzas con facciones del Cártel de Sinaloa y con grupos de La Familia Michoacana. Sin embargo, ello no implica ni garantiza su sucesión al poder. Era un operador de confianza, no un miembro de la familia fundadora. En organizaciones construidas sobre la lealtad de sangre, esa distinción es determinante.

El Jardinero” y “El Sapo”, Gonzalo Mendoza Gaytán, representan el bloque alternativo al de “El 03” y “El RR”. El conflicto entre ambos bloques constituye, por ahora, la fractura más probable dentro de la organización.

En Puerto Vallarta —plaza estratégica para las finanzas del cártel, el lavado inmobiliario y los esquemas de tiempo compartido— operan figuras como “Tarjetas”, Julio César Montero Pinzón, y “La Firma” o “El Colombiano”, Carlos Andrés Rivera Varela, cuyas redes podrían inclinar la balanza hacia cualquiera de los bloques en disputa o, en el escenario más riesgoso, impulsar una escisión propia.

Quien controle Puerto Vallarta en los próximos meses controlará una parte sustantiva: sin dinero, no hay lealtad y sin lealtad no hay mando. 

MONEDA AL AIRE: ¿Qué hará México en esta nueva alineación?

El Ejército, la FGR y las agencias de ambos países merecen reconocimiento. Sin embargo, lo que el Estado mexicano necesita ahora es tomar el control de la sucesión y de los nuevos objetivos, evitando su implosión y nuevas olas de violencia, pero también, con igual urgencia, recuperar el control de la narrativa. La presentación desordenada de los datos periciales generó un vacío informativo que alimentó la especulación y debilitó la credibilidad institucional del operativo. 

 

Eduardo Zerón García

@EZeronG