Marco Rubio fue contundente, durante su discurso en la conferencia de seguridad en Múnich, explicó el porqué y trazó la hoja de ruta que Estados Unidos está estableciendo para el bloque occidental, invitando a Europa a renovar los lazos y sumarse a estos esfuerzos.
Rubio, político de carrera, fue pulcro en su forma y claro en su mensaje, no dejó lugar a dudas. Las muchas veces controvertidas posiciones expresadas durante la administración del presidente Trump se articulan de manera estructurada y coherente. Rubio apeló a la historia individual y conjunta en aras de conducir a una redefinición internacional, incluso a una renovación y restauración geopolítica del orden occidental, dada la pérdida de cohesión, autoridad y desarrollo, la fragmentación industrial y el debilitamiento. Estados Unidos plantea la consolidación de una comunidad de valores occidentales que, en palabras de Rubio, hunde sus raíces en la tradición cristiana como fundamento cultural y civilizatorio ante riesgos estructurales, incluso ante amenazas existenciales persistentes y serias.
La migración, las cadenas de suministro y la economía se integran claramente en el ámbito de la seguridad. Rubio, en su discurso, no solo amplía el concepto de amenaza, sino que también consolida una lógica de securitización. Y en ello se abre la puerta a un regionalismo entre aliados, estratégico y competitivo, es decir, alineado. Europa está llamada a formar parte de un proyecto común entre aliados, aunque bajo la premisa de que Estados Unidos mantendrá la capacidad de actuar de manera autónoma si así lo exige su interés nacional.
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Más allá de la coyuntura inmediata, su planteamiento impulsa la proyección del poder europeo como componente indispensable de la redefinición del equilibrio internacional, léase OTAN y la Unión Europea. La interdependencia y la globalización —que facilitaron e impulsaron los flujos migratorios, comerciales y tecnológicos— se reinterpretan como una vulnerabilidad a la que se debe hacer frente. De cara a ello, la respuesta: reafirmar soberanías, fortalecer alianzas selectivas, y reconstruir equilibrios de poder para proteger intereses nacionales en un entorno de competencia sistémica.
¿Qué implica esto? La protección de las fronteras, la defensa colectiva, el control de sus cadenas estratégicas de suministro, la arquitectura de bloques estratégicos, y estrechar los espacios de neutralidad y consolidar esferas de influencia son contundentes porque, si bien no se anticipa el cierre o el colapso de los espacios de diplomacia internacional, como lo son las Naciones Unidas, dan cuenta de la inacción y la incapacidad que han tenido en los tiempos recientes: Gaza, Ucrania, Irán, sus casos mencionados, crudo pero real; no existe liderazgo ni influencia.
Sería muy difícil tomar una postura objetiva sin sesgo, considerando las necesidades que ambos líderes tienen a su haber. Sin embargo, no se debe dejar de lado que en este nuevo orden mundial, el ministro canadiense Mark Carney habla efectivamente de lo que Rubio hoy deja claro la ruptura del nuevo orden mundial, pero a diferencia de Europa, América no ha recibido esta invitación a una integración. Podría parecer inocente el hecho de que Canadá, México y, en particular, Sudamérica, no hayan desarrollado las capacidades para competir, cooperar y trabajar conjuntamente. Lo advirtió el mandatario en Davos: “Es precisamente porque no somos una gran potencia que necesitamos una gran política. Al no ser ya una gran potencia, no seremos nada”.
Por ello, llamó a construir algo más fuerte y justo, como potencias “medias”, que son las que más tienen que perder en el mundo, y este y el de Rubio son dos mensajes que resuenan con fuerza en nuestro país.
México tiene que apostar por la unidad regional para no estar condenado a ser un actor pasivo. Como nación, tiene un papel muy importante como principal socio comercial de Estados Unidos y necesita aprovecharlo estratégicamente si quiere integrarse en esa lógica global que se está fraguando, tanto en lo individual como con sus pares. Si México, por ejemplo, se aliara estratégicamente con Brasil, sería una de las economías más poderosas del planeta. Es entonces cuando nuestro país necesita entender su posición, fortalecer las cadenas de valor, diversificar sus alianzas, apostar por sectores como energía, minería, tecnología, nearshoring e innovación, e impulsar su narrativa de seguridad.
México necesita hacer un cambio de paradigma para desarrollar una estrategia sólida en su agenda nacional, con el fin de articularse con lo regional y, naturalmente, con lo global, más allá de los ciclos políticos, y ser proactivo en una visión global; de lo contrario, perderá toda posibilidad.
MONEDA AL AIRE: Marx Arriaga se atrinchera
Cinco días bastan para demostrar si alguien entiende la naturaleza del poder. Aferrarse tras la destitución revela la nimiedad de estos personajes: los cargos no se heredan, no se poseen y no se defienden como causa personal. Se ejercen mientras existe respaldo político; cuando ese respaldo se extingue, el capítulo se cierra. Lo demás es ruido, ese es Marx, algo de ruido, poquito.
