SOCIALISMO Y ANTIIMPERIALISMO

Socialismo y antiimperialismo en el México setentero y ochentero

La década de los setenta y ochenta, con sus amplias movilizaciones antiimperialistas cumplían, cuando menos, como un frente de presión en contra de las políticas entreguistas y colaboracionistas de los gobiernos regionales. | Erick Manuel Pastén Rozo*

Créditos: Archivo Fotográfico CEMOS.
Escrito en OPINIÓN el
Archivo Fotográfico CEMOS.

El 2026 comenzó estrepitosamente, con una demostración de fuerza por parte de Estados Unidos no vista desde la segunda mitad del siglo XX. La violenta invasión de Venezuela, acompañada del secuestro del presidente Nicolás Maduro, fue seguida por amenazas de invasión a México, Colombia, Groenlandia. A esto se le suma el recrudecimiento del bloqueo económico (ahora petrolero) en contra de Cuba. Si bien este inicio de año llegó como un estruendo, recordemos que el año pasado Trump ya había amenazado con afectar negativamente la economía Hondureña en caso de que el electorado de este país no votase por su candidato de elección, Nasry Asfura. O como el antiguo presentador de “El Aprendiz” le impuso a Brasil aranceles del 50% debido a la decisión de condenar al expresidente golpista, y amigo personal de Trump, Jair Bolsonaro.

Este exacerbamiento de las políticas de intervención norteamericana en Latinoamérica no es algo nuevo y tiene su razón de ser en lo que se ha llamado la “Doctrina Monroe”. Se trata de un aparente mandato divino el cual les da a los estadounidenses el derecho de hacer y deshacer a su gusto nuestras políticas y economía. Lo que sí es nuevo es la falta de respuesta coordinada por parte de la oposición continental de izquierda a los embates de este nuevo imperialismo. La década de los setenta y ochenta, con sus amplias movilizaciones antiimperialistas –organizadas, coordinadas y dirigidas en la mayoría de los casos por socialistas y comunistas– cumplían, cuando menos, como un frente de presión en contra de las políticas entreguistas y colaboracionistas de los gobiernos regionales.

¿Pero qué motivó a que estas personas, la mayoría (más no exclusivamente) de ellos jóvenes estudiantes, obreros y campesinos, a tratar de cambiar la situación del continente? La respuesta ya se mencionó anteriormente: su militancia en organizaciones socialistas. Vale la pena recordar que uno de los principios básicos de esta ideología era el llamado “Internacionalismo Proletario”. Este concepto, cimiento del pensamiento marxista, señala que al ser el capitalismo un sistema de alcance global, las clases trabajadoras deben actuar en conjunto, ya que las luchas nacionales individuales en realidad formaban parte de una sola gran lucha.
 

Archivo Fotográfico CEMOS.

Los socialistas, ya desde finales del siglo XIX e inicios del XX, entendieron que era poco realmente lo que podían hacer para cambiar las condiciones materiales de sus países, no sería sino tras la formación y consolidación de la Unión Soviética que se empiezan a crear las primeras redes de apoyo y solidaridad a nivel global, tal como el Socorro Rojo Internacional. Esta organización fue conformada por la Internacional Comunista y cuyos objetivos eran el apoyo material y político de las prisiones comunistas del mundo. La preeminencia de las organizaciones afiliadas o conectadas directamente al gobierno soviético fue decayendo una vez comenzada la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, en su lugar aparecieron nuevas organizaciones, construidas desde abajo por la propia militancia socialista de los distintos países.

Ya fuera en pro de la liberación del pueblo palestino, la reconstrucción de la estructura gobernante en la República Popular de Kampuchea o una inamovible posición de solidaridad a favor del bloque socialista, los comunistas del mundo –y en nuestro caso, de México en particular– tomaron una postura ante el panorama internacional. Eso sí, hay que decirlo, estos apoyos no estaban libres de controversia o contradicción. Al final de cuentas, se trataba de un apoyo un tanto a ciegas, guiados por un sentimiento de empatía moral y política.

Pero volviendo al tema, de todos estos casos, quizás aquel que más les importó fue el de Latinoamérica. Ya fuera en apoyo a los refugiados y exiliados de Centro América y el cono sur, a través del Comité Guatemalteco de Unidad Patriótica, el Comité Mexicano de Solidaridad con el Pueblo Argentino o el Comité Permanente de Solidaridad con América Latina (COPESAL). Las marchas, mítines y la distribución de propaganda, el desarrollo de conferencias y la proyección de documentales, así como los frecuentes encuentros de las juventudes socialistas y comunistas continentales era una ocurrencia común, promovida no como un proyecto solidario ambiguo y aislado, sino como parte de una compleja red política internacionalista.

Uno de los acontecimientos que caracterizó al Internacionalismo Proletario de la primera mitad de los ochenta fue el singular apoyo que los socialistas le dieron a la Revolución Salvadoreña y al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Los socialistas y comunistas mexicanos vieron en la lucha del vecino centroamericano un faro ideológico y estratégico al cual mirar. En ese sentido, la Revolución Salvadoreña –o Guerra Civil Salvadoreña, dependiendo de a quién le preguntes– movilizó a la izquierda revolucionaria mexicana de los ochenta como décadas antes lo había hecho la Revolución Cubana. Grandes contingentes llenaron las calles del país por poco más de un lustro; se llevaron a cabo importantes eventos como el Encuentro Internacional de Solidaridad con la Revolución Salvadoreña. La revolución global estaba a la vuelta de la esquina, pero esa esquina se alejaba cada vez más.

El final de la Guerra Fría y el subsecuente desmantelamiento de las redes internacionales de solidaridad y colaboración ha dejado al continente, aun en una era tan interconectada gracias a las redes sociales, aisladas en sus propias luchas. Si bien han pasado más de tres décadas desde que la Unión Soviética se disolvió, no han podido surgir nuevas organizaciones de solidaridad regional que sustituyan aquellas que se formaron a lo largo del siglo XX. Más aún, en esta época en la que las posiciones de extrema derecha están siendo retomadas y reinterpretadas por varios líderes nacionales en el continente, el panorama es un tanto desolador. Sin embargo, lo que nos sobra, en definitiva, son ejemplos en el pasado reciente de personas cuya convicción de luchar por un mundo mejor fue más que suficiente para construir contactos, alianzas y relaciones con sus correligionarios en otras partes del mundo. Lo que no se puede perder son los sueños. En palabras del cantautor Joan Manuel Serrat: “Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte”.

Erick Manuel Pastén Rozo*
Licenciado en Historia por la Universidad de Sonora y maestro en Ciencias Sociales por el Colegio de Sonora. Doctorando en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora. Sus principales líneas de investigación son la sociabilidad y la memoria de organizaciones políticas semiclandestinas de izquierda en México durante el siglo XX. Ha impartido diversos cursos, incluyendo el Taller de Historia de la Guerrilla en México y el noroeste del país.
 

Instituto Mora

@institutomora