La fotografía debe ser entendida como un mensaje deliberadamente construido y no como una ventana transparente y objetiva. Su naturaleza como documento social está ligada a una serie de decisiones técnicas y estéticas tomadas durante el acto fotográfico y las intervenciones posteriores realizadas al momento de la selección editorial para su publicación (Mraz, 2007). Por lo tanto, la imagen no posee un discurso unívoco ni habla por sí sola; es la persona que la mira quién (a partir de sus propios referentes subjetivos y marcos teóricos) interroga la imagen para dotarla de sentido y rescatar aquello que Mraz denomina contenido no intencional.
Bajo esta premisa, se hace posible analizar la representación de la asistencia social en México como parte de un proyecto de nación basado en jerarquías de clase, raza, y género. La fotografía titulada “Entrega de obsequios”, tomada en 1948, no funge como un registro neutral de caridad, sino como la escenificación de este proyecto. Margaret Chowning (2023) señala que el voluntariado fue el medio que permitió a las mujeres de la élite gestionar la paz social y legitimar su presencia en la esfera pública mediante la benevolencia, estableciendo una distancia simbólica entre la proveedora institucional y los sectores subordinados.
De este modo, al observar la Imagen 1, advertimos que, aunque el proyecto fotográfico original buscaba documentar la asistencia estatal —encarnada en la figura de la Primera Dama, Beatriz Velasco—, la fotografía revela mucho más allá de lo evidente. En esta se hace patente la construcción discursiva de la distinción de clase y raza imperante en las estructuras gubernamentales de la posguerra. No se trata de un encuentro azaroso, sino de una puesta en escena orquestada donde la composición técnica refuerza la estratificación social.
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El encuadre presenta una dicotomía visual marcada: en un extremo, la ostentación de la Primera Dama, cuya vestimenta y postura proyectan opulencia, pulcritud y serenidad, cualidades acentuadas por la elegancia de los vestidos y sombreros de ella y sus acompañantes. En el extremo opuesto, se sitúa la otredad, representada por las mujeres folclorizadas de lo que hoy entendemos como lo indígena. La mesa que media al centro no funciona únicamente como un soporte, sino como una barrera física y simbólica entre lo institucional y lo subalterno, disminuyendo este último a la recepción pasiva de la gracia oficial.
En la imagen se observa cómo las protagonistas fijan su atención en el objeto entregado, evitando el contacto visual recíproco. Para el ejercicio del poder, el otro carece de rostro y relevancia; lo fundamental es la materialidad del objeto cedido. La distancia física es deliberada: es una frontera protocolaria donde la otredad no se mezcla con el poder. El poder otorga, asiste y ayuda, pero no establece un vínculo de igualdad. Resulta revelador observar a las dos mujeres situadas en segundo plano tras la Primera Dama; sus miradas hacia la beneficiaria no denotan alegría o empatía, sino una distinción consciente, reforzando la idea de una superioridad de clase y raza fundamentada en la relación de necesidad.
Esta dimensión desigual se profundiza al observar la figura de la mujer beneficiaria, cuya presencia en el acto oficial revela una problemática estructural: la imposibilidad de desprenderse de su rol reproductivo, incluso en el espacio público. Mientras acude a recibir la asistencia del Estado, la mujer cumple una doble jornada invisibilizada de cuidado de la cual no puede ausentarse ni un solo instante. El hecho de que aparezca cargando a su hijo podría parecer un detalle imperceptible o meramente anecdótico, pero posee una carga simbólica fundamental; ella no sólo encarna lo que el discurso oficial construye como lo indígena, sino que simboliza el ideal de la buena madre que protege, cría y está disponible en todo momento. Así, la imagen refuerza la idea de que el cuidado es una responsabilidad exclusiva y natural de su género y raza, vinculando la identidad de la mujer subalterna a una labor de cuidado ininterrumpida que el Estado utiliza para validar su propia retórica asistencialista.
Finalmente, el análisis revela a una multitud masculina que circunda el acto protocolario: hombres de traje, oficiales de policía y periodistas que observan y publicitan el evento. Su presencia es la de guardianes y difusores de un acto que consideran exclusivamente femenino. Esta disposición repite un patrón histórico que asocia la caridad y el cuidado con una supuesta naturaleza benevolente de la mujer, cumpliendo con las expectativas patriarcales de la sociedad.
En conclusión, esta fotografía no es un simple recuerdo, sino un complejo conjunto de vestigios que permiten mirar críticamente al pasado. Al desarticular la imagen y mirar más allá de la benevolencia oficial, vemos que la asistencia social en México no fue un acto de encuentro, sino un rito, donde la opulencia del Estado se alimentó de la posición del otro para legitimarse. En el centro de esta puesta en escena, las mujeres quedan atrapadas en una retórica de cuidado que invisibiliza y perpetúa una jerarquía donde la dignidad se ofrece como concesión y la desigualdad se disfraza de caridad. Interrogar esta imagen es, en última instancia, romper el silencio de los archivos para reconocer que la justicia social no puede erigirse sobre una mirada que despoja al otro de su rostro, de su historia y de su agencia.
Bibliografía
Chowning, M. (2023). Catholic Women and Mexican Politics, 1750–1940: The Spirit of Mammon. Princeton University Press.
Mraz, J. (2007). Historiar fotografías. Universidad Nacional Autónoma de México.
Marlene Zepeda Rodarte*
Politóloga de la UNAM y maestrante en Sociología Política por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Artista y activista por los derechos de la salud sexual desde 2018. Sus líneas de investigación son los procesos de salud-enfermedad, acción colectiva y decolonialidad.
Luis Lennin Arredondo Alvarado*
Licenciado en Sociología por la UNAM y en Derecho por la Universidad de Londres. Actualmente cursa la Maestría en Sociología Política en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Su línea de investigación se centra en el análisis de imágenes fotográficas, género y medios impresos. Investiga las representaciones del trabajo de las mujeres en la prensa mexicana.
