ALIANZA OPOSITORA

¿Alianza opositora parcial para las elecciones 2027 en México?

Si la oposición busca realmente un equilibrio, la coalición parcial es la herramienta técnica más robusta, permitiendo ser "uno solo" frente al gigante oficialista en cincuenta a cien distritos donde se juega la mayoría de la Cámara. | Ricardo de la Peña

Escrito en OPINIÓN el

La principal fuerza opositora a Morena, Acción Nacional, ha advertido que no concurrirá las elecciones intermedias de 2027 en coalición con otros partidos, lo que refiere en particular al Partido Revolucionario Institucional, puesto que otras organizaciones con posibilidades de alianza —lo que no estará permitido para partidos que logren un nuevo registro y cuya estrategia para competir y preservar su registro en el caso de un nuevo contendiente claramente contrario al orden impuesto por la mayoría, será materia de posteriores análisis— no sostienen una postura francamente contraria al partido mayor. Pero ¿será cierta esta decisión?

Como recuerda la máxima latina atribuida a Terencio grabada en el frontispicio del Templo de Apolo en Delfos, ne quid nimis (nada en exceso), avalando el ideal de la aurea mediocritas (la dorada medianía), que sugiere el equilibrio perfecto entre dos extremos viciosos. 

IDENTIDAD Y TRIUNFOS DISTRITALES

Esta es una de las encrucijadas más complejas de la ingeniería electoral en general, que se manifiesta claramente en el caso mexicano de hoy en día. En un sistema de mayoría relativa como el de los distritos federales de México, la fragmentación de la oposición suele ser una sentencia de derrota frente a un bloque oficialista consolidado, por efecto del voto dividido. Sin embargo, para partidos que buscan mantener su identidad diferenciada sin diluirse en una coalición total que borre sus fronteras ideológicas, la mejor opción estratégica no es el "todo o nada", sino una combinación de coaliciones parciales y especialización territorial.

Esto supone superar un posicionamiento puramente ideológico frente a las alianzas, que las anule en aras de la pureza doctrinaria, pero sin echarse en brazos de un pragmatismo meramente electoral que nulifique los aspectos de separación-diferenciación ideológica. Asimismo, supone atender a las clientelas que conforman los sustratos de votantes potenciales por las opciones electorales y no atender solamente a lo que representan dirigencias nacionales y cuadros directivos.

La Ley General de Partidos Políticos permite actualmente tres modalidades de coalición. La oposición podría optar por una coalición parcial, postulando al menos la mitad de sus candidaturas como comunes, o incluso la flexible, con al menos la cuarta parte. La estrategia sería entonces aliarse en los distritos donde la suma de los votos de los partidos opositores en la elección anterior superó cierto umbral, dígase 45 por ciento, o donde la diferencia con Morena fue menor a cinco puntos, los llamados swing districts. 

En el resto de los distritos, cada partido competiría con su propio logotipo, candidato y discurso, lo que permite que dichas organizaciones presenten una propuesta y discurso ante sus nichos específicos sin comprometer su marca.

Así, en lugar de competir todos contra todos en todo el país, los partidos opositores pueden acordar una división territorial implícita basada en sus fortalezas históricas, con el beneficio de que al no atacarse entre sí en distritos clave, pueden enfocar sus esfuerzos y recursos donde cada cuál es relativamente fuerte, evitando así que por canibalización de votos entre opositores le permitan a Morena y sus aliados ganar el centro del espectro de distritos en disputa.

En este escenario, la clave para mantener la identidad estaría en las listas de representación proporcional. Al competir por separado en muchos distritos de mayoría relativa cada partido acumularía su propia votación nacional para la lista plurinominal, lo que evita que los votos se pierdan en una bolsa común de coalición —lo que a menudo beneficia injustamente al partido más grande de la alianza— y se asegura que la bancada de un partido en el Congreso tenga un "color" definido y no dependa de las negociaciones de una coalición legislativa.

Luego, si la oposición busca realmente un equilibrio, la coalición parcial es la herramienta técnica más robusta, permitiendo ser "uno solo" frente al gigante oficialista en cincuenta a cien distritos donde se juega la mayoría de la Cámara, mientras mantienen voz propia para cada organización en los otros doscientos o más distritos.

TRIUNFOS ESTATALES Y DISTRITALES

Por demás, el asunto es más complejo, dado que la coalición para una gubernatura debe dictar dónde se realiza la coalición parcial para diputados federales. En los estados donde hay elección de gobernador y la oposición va en alianza total, los distritos federales de esa entidad debieran ir también en coalición, pues es sumamente confuso para el votante pedirle el voto por un candidato común a la gubernatura, pero solicitarle que elija entre logotipos distintos para el Congreso. La homogeneidad visual en la boleta reduce el voto nulo y el error por confusión.

Es por ello que para mantener la identidad, los partidos pueden negociar la preeminencia según el cargo, dejando que donde un partido por su fortaleza relativa pone la candidatura para la gubernatura, otros partidos encabecen la mayoría de los distritos federales en esa entidad dentro de la coalición parcial, con lo que quien cede la gubernatura mantiene su fuerza legislativa y presencia territorial, evitando que el partido del gobernador se canibalice toda la estructura partidista local.

Empero, este esquema conlleva riesgos en caso de conflicto en el alineamiento de las coaliciones estatales, lo que no es raro que ocurra, donde los candidatos a diputados de partidos diferentes pero aliados en la gubernatura terminan peleando por los mismos brigadistas y espacios publicitarios.

Para darle sentido a esta complicación, hay tres "nudos" críticos que las dirigencias tendrían que desatar para que la coalición parcial estratégica funcione junto a las gubernaturas: uno es aplicar en la comunicación política una estrategia de explicitación de las candidaturas que contienden en los diversos niveles, otro el prorrateo de los gastos de las candidaturas en coalición evitando el rebase de topes de gasto por campaña, y uno más el respeto a la propaganda callejera de los distintos partidos coaligados. Eso, al menos, tendría que cuidarse para evitar ganar la gubernatura pero perder los distritos  federales o viceversa.

Por lo anterior, en cada entidad en que se diera una coalición parcial anti-Morena debiera asignarse un pacto de no agresión territorial y digital, cuyo cumplimiento estuviera supervisado por un comité externo neutral, y se avanzara en compromisos de integración de liderazgos locales en un eventual gabinete de coalición. Esto será posible sobre todo en estados en que el riesgo de extinción sea tan alto que la tribu prefiera compartir el poder a perderlo todo. Es, a fin de cuentas, el pragmatismo del abismo.

 

Ricardo de la Peña

@ricartur59