SARAMPIÓN

México frente al sarampión: responsabilidad, anticipación y salud pública

México logró en años anteriores reducir el sarampión a niveles mínimos gracias a la vacunación universal, hoy, ante un entorno internacional adverso, el país refuerza su estrategia. | Pedro Zenteno

Escrito en OPINIÓN el

El sarampión ha dejado de ser, desde hace algunos años, una enfermedad confinada a los libros de historia clínica. Su reemergencia en diversas regiones del mundo recuerda una verdad incómoda: los logros en salud pública nunca son definitivos. En ese contexto internacional —con transmisión endémica confirmada en países de Europa y América como Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina y varios más— México no enfrenta un evento aislado, sino una expresión local de una cadena global de contagios asociada, en buena medida, a la movilidad internacional y a brechas acumuladas en vacunación.

Frente a este escenario, la respuesta del Estado mexicano ha sido clara: actuar con responsabilidad y anticipación. Hoy el país cuenta con 28 millones de vacunas contra el sarampión, una disponibilidad suficiente para atender la demanda nacional y reforzar esquemas incompletos. No hay desabasto ni improvisación; hay planeación, logística y capacidad de respuesta. A ello se suma una infraestructura robusta con 21,154 puntos de vacunación activos en todo el territorio, cuya ubicación puede consultarse fácilmente en dondemevacuno.salud.gob.mx. La vacunación, además, es gratuita en IMSS, IMSS Bienestar, ISSSTE y demás instituciones públicas, sin importar la derechohabiencia.

Conviene subrayar un dato que a menudo se pierde entre titulares alarmistas: las brechas actuales en vacunación contra el sarampión no son recientes. Se originaron hace más de una década. La cobertura de segunda dosis es de 68% en jóvenes de 16 a 20 años; 55% en el grupo de 21 a 25; 47% entre 26 y 30; y alrededor de 50% en generaciones vinculadas a los últimos años del siglo pasado y principios del actual. Este rezago histórico explica por qué la estrategia vigente no solo atiende un brote, sino que corrige vacíos estructurales acumulados durante años. La salud pública, cuando es efectiva, también es memoria institucional.

Desde la detección del primer caso importado, el 14 de febrero de 2025 —una menor sin antecedente vacunal en Chihuahua— la Secretaría de Salud activó protocolos internacionales de contención. Se establecieron cercos epidemiológicos con vacunación en 25 manzanas alrededor de cada caso, se intensificó la búsqueda activa, se amplió la edad de vacunación hasta los 49 años y se reforzó la protección en grupos de alta movilidad, como jornaleros agrícolas. En zonas con brotes activos se implementó la “dosis cero” para niñas y niños de 6 a 12 meses, una medida preventiva reconocida por organismos internacionales.

Los resultados operativos son tangibles. Al 6 de febrero de 2026 se han aplicado 14,297,330 vacunas contra el sarampión en el país. En 2026 se adquirieron 27.3 millones de dosis, de las cuales más de 23 millones están disponibles para su aplicación, y se mantiene la adquisición continua de biológicos. Paralelamente, se desplegaron Equipos de Respuesta Rápida, se fortaleció la vigilancia epidemiológica, se reactivaron las Semanas Nacionales de Vacunación y la Semana Nacional de Salud Pública, y se implementó una campaña nacional de comunicación en radio, televisión, redes sociales y medios impresos.

Otro elemento relevante es la naturaleza de los casos detectados: han sido importados, principalmente vinculados a movilidad internacional. Lejos de minimizar el riesgo, este hecho confirma que el sistema epidemiológico funciona, identifica oportunamente los brotes y activa mecanismos de contención antes de que las cadenas de transmisión se expandan. La detección temprana es, en sí misma, una forma de prevención.

La estrategia nacional también ha privilegiado la coordinación política y sanitaria. Reuniones con gobernadoras y gobernadores de las 32 entidades federativas han permitido unificar mensajes, armonizar acciones y evitar la desinformación. Porque si algo puede amplificar una crisis sanitaria es el ruido comunicativo: rumores sobre riesgos inexistentes, dudas infundadas sobre la seguridad de las vacunas o interpretaciones erróneas del ejercicio presupuestal.

Sobre este último punto, la Secretaría de Salud ha sido precisa. Al 31 de diciembre de 2025, el presupuesto ejercido ascendió a 3,862 millones de pesos, correspondientes al pago de facturas de biológicos entregados antes del cierre fiscal. Facturas adicionales por 759 millones —relativas a biológicos recibidos en la última semana de diciembre— se encuentran en proceso de pago en el ejercicio 2026, conforme a la normatividad hacendaria. No hay “subejercicio” en términos sustantivos, sino procesos administrativos ordinarios de cierre y calendarización fiscal.

Las recomendaciones a la población son igualmente claras. El sarampión es altamente contagioso: una persona puede infectar hasta 18 más, y el virus puede permanecer en un ambiente cerrado hasta dos horas. La prioridad son niñas y niños de 6 meses a 12 años sin esquema completo. Si recibieron la primera dosis hace seis meses o más, ya pueden acudir por la segunda. También deben vacunarse personas de 13 a 49 años que no cuenten o no recuerden contar con su esquema completo, en especial en entidades con mayor número de casos. Para ubicar módulos de vacunación, basta llamar al 079, opción 5 y después 3.

México logró en años anteriores reducir el sarampión a niveles mínimos gracias a la vacunación universal. Hoy, ante un entorno internacional adverso, el país refuerza su estrategia para evitar retrocesos y proteger a nuevas generaciones. El mensaje es sereno y firme: mantener la calma, informarse por fuentes oficiales y acudir a vacunarse si corresponde.

La vacunación no es solo una decisión individual; es una responsabilidad colectiva. Cada dosis aplicada corta cadenas de transmisión, protege a quienes no pueden vacunarse por razones médicas y fortalece el escudo comunitario que sostiene a la salud pública. En tiempos donde la incertidumbre global parece norma, la ciencia, la prevención y la acción coordinada del Estado siguen siendo nuestras herramientas más confiables. México está actuando, y lo está haciendo a tiempo.

Pedro Zenteno

@drpedrozenteno