En los últimos días, el valor del dólar se vino abajo frente a casi todas las monedas del planeta, la razón además de la enorme deuda que tiene la economía de los Estados Unidos, es la retirada de China de la posesión de los bonos de deuda norteamericana.
China es el principal tenedor de bonos de deuda de los Estados Unidos, es decir, es el principal financiador del gasto público norteamericano. En días pasados, el sistema financiero, puso a prueba el nivel de resistencia de la economía de ese país luego de que China y sus socios de los BRICS se deshicieran de sus bonos de deuda americana lo que llevó a los mercados a marcar caídas históricas no sólo del dólar, también en las criptomonedas que registraron una caída sin precedentes empujando también a la baja las acciones de las empresas de IA. Al día de hoy, aunque parece haber pasado el vendaval, en general, los mercados no tienen claridad hasta dónde podría caer el dólar.
Pero ¿qué es lo que está sucediendo realmente? La respuesta está en la guerra comercial de Estados Unidos que desde su inicio tenía como objetivo detener la locomotora China quien se colocó a la cabeza del desarrollo económico y tecnológico del mundo, un liderazgo que ya difícilmente perderán.
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El desarrollo industrial y tecnológico de China dejó atrás a los Estados Unidos y a Europa occidental que otros tiempos lideraron el crecimiento económico y la innovación tecnológica. El desplazamiento de sus economías ante el gigante asiático es hoy un asunto de supervivencia, esto, en el fondo la razón de la guerra arancelaria con la que Trump inició una cruzada que busca cambiar las reglas del juego global que ellos mismos definieron.
En este espacio habíamos adelantado que la carta que le quedaba a los Estados Unidos por jugar era el control que aún tiene de los sistemas y mercados financieros pues bancos de inversión, casas de intermediación, fondos de inversión y corredores bursátiles son primordialmente estadounidenses o cuando menos, cuentan con un socio norteamericano.
Esto le ha permitido sentar las reglas del intercambio comercial, dictar las reglas del financiamiento global, determinar los flujos de capital e inversión dirigiendo hacia a dónde y a quién deberían ser otorgados los flujos de capital. En otras palabras, controlar el ritmo y los flujos de inversión bursátil que hoy son evidentemente un oasis para la especulación para los “grandes inversionistas” que se llevan la mayor tajada mientras que el “pequeño” inversionista, se encuentra a la espera del colapso de la próxima burbuja financiera que está cada vez más cerca.
Ese control, le permitió a los Estados Unidos promover los bloqueos comerciales y presionar para abrir inversiones en países y regiones donde sus intereses se llevarán la mayor tajada. Pero esto está cambiando con el ascenso de China y los BRICS que buscan un nuevo orden financiero global que no dependa solamente del dólar de los Estados Unidos y cierto, aunque hoy cada transacción comercial en el mundo sigue siendo en dólares y eso le otorga un remanente de ganancias a la economía norteamericana, esto ya no es suficiente para tapar el boquete fiscal que tiene hoy a ese país y al dólar en una debilidad constante.
Esto explica de alguna forma por qué los inversionistas han venido buscando refugiarse en el oro, en las acciones de empresas tecnológicas y las criptomonedas. Pero eso se detuvo hace una semana por una sencilla razón, la economía de los Estados Unidos se sigue debilitando y con ello, la fortaleza del dólar se hace evidente.
Así que el hecho de que China se deshaga de los bonos de deuda norteamericana no sólo significa desconfianza en el dólar, representa también una táctica en respuesta a los aranceles pues un dólar más débil implica mayor inflación y menor crecimiento económico, por ello la cruzada de Trump contra la FED para bajar las tasas de interés, no lograrlo, significa detener la reindustrialización de su economía.
El asunto es que hoy, la política monetaria de los Estados Unidos no depende solo de las decisiones de la Casa Blanca y tanto los mercados como la tenencia aún alta de bonos de deuda en manos de China, podrían ocasionar un efecto regresivo más fuerte que el objetivo de presionar a los mercados energéticos y tecnológicos para beneficiar a la economía norteamericana pues tanto los grandes inversionistas como el sistema financiero han demostrado que seguirán especulando en función de mantener el máximo rendimiento incluso por encima y pese a los efectos que esto pueda tener en la economía norteamericana.
Así se explica el auge en los mercados financieros globales que cerraron 2025 con altas ganancias pese a un contexto convulso de guerra comercial y confrontaciones bélicas que no movieron un ápice “la confianza” en los mercados. Así es como la especulación mueve hoy la economía del mundo pero de esto, hablaremos en la próxima entrega.
