Durante las dos últimas semanas, el mundo ha estado en vilo ante la posibilidad de una confrontación bélica entre Estados Unidos e Irán, un “ataque preventivo” lo titulan los medios occidentales, la verdad es que en términos coloquiales no es más que una agresión como sucedió el tres de enero en Venezuela. El asunto es que, en Medio Oriente, las dimensiones de un ataque de esta naturaleza, tiene otra connotación global más peligrosa y de alcances más profundos que cualquier ataque estadounidense en América Latina.
En distintas ocasiones, hemos mencionado aquí que Irán es un reto distinto y de mucho mayor peso específico que lo que pudiera representar Afganistán, Irak, Libia o Venezuela, el país persa es una potencia estratégica no sólo en el ámbito geopolítico también es, pese a que los medios occidentales insisten en minimizar ese potencial, un nodo neurálgico que mantiene funcionando la débil “estabilidad” que priva en esa región. Por supuesto, financia y suministra equipo bélico a los grupos denominados terroristas que han sido el freno de Israel durante varias décadas para seguir avanzado en su objetivo de apropiarse de más territorios que los que ya le han sido arrebatados a Palestina.
Pero amén de eso, Irán es el corazón del proyecto de la llamada nueva ruta de la seda, cierto, por ahora, ese plan está detenido y la disputa por ver quién liderará esa región (China o Estados Unidos) es sin duda es un nodo logístico no sólo para los energéticos, también lo es para los minerales críticos, para el intercambio de mercancías y por supuesto para la influencia geopolítica pues es la puerta de entrada a Asia, hacia el indo pacífico, para África y por supuesto, hacia toda Europa, así que, quien logré controlar e imponer su influencia en la región, tendrá las llaves para acceder a una buena parte del planeta.
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En términos militares Irán ha desarrollado una importante industria armamentística pese a las múltiples sanciones y bloqueos económicos impuestos por Estados Unidos pues lo que no encontró como oportunidades comerciales en occidente, las halló en buena parte de Eurasia, Asia Pacífico y África, así que al hacer negocios con China y con Rusia, Irán extendió sus relaciones comerciales hacia el intercambio de tecnología militar. Es por ello que, a los Estados Unidos y a Israel en particular, les preocupa el desarrollo nuclear del país persa quien lleva décadas desarrollando esa industria asegurando que es con fines pacíficos.
Algo difícil de creer cuando es el principal promotor de la resistencia del mundo musulmán ante la invasión de Israel que no tiene intención ni tampoco interés en detener su cruzada contra todo grupo o país de la región al que considere un “peligro” para su existencia, asi lo ha reiterado Netanyahu en más de una ocasión. Algo obvio, cuando se ha dedicado a invadir territorios de distintos países de Oriente Medio y constituir uno de los ejércitos más poderosos del planeta poseedor de una buena cantidad de ojivas nucleares. Si tu vecino belicista posee bombas de destrucción masiva, es obvio que, de contar con los medios, tú harás lo mismo.
Un frente más es la membresía de Irán en los BRICS, esto también lo hemos tocado en varias ocasiones en este espacio, la relación de China y Rusia con el país persa no es solamente comercial y por los energéticos, significa un fiel en la balanza para intentar equilibrar la hegemonía que los Estados Unidos impusieron al mundo después de la segunda guerra mundial y que se consolidó con la sustitución del padrón Oro por el dólar en la década de los años 70. Ese fue el punto de inflexión que le otorgó a la unión americana la supremacía económica y financiera que nos trajo hasta este momento que estamos viviendo hoy en donde el otrora dueño del mundo, está acorralado por sus propias circunstancias pues han sido el comercio global y el mercado de capitales los dos principales factores que tiene ahora a la economía de los Estados Unidos viviendo una de las deudas más profundas de su historia.
La deuda de los Estados Unidos significa el 122% de su PIB y se encuentra en niveles nunca antes vistos, su aparato productivo, es prácticamente inexistente y su otrora medalla de ser el país más desarrollado tecnológicamente, fue desplazada por la locomotora China que hoy es el líder en la fabricación y desarrollo de microprocesadores que son la base del boom tecnológico que estamos a punto de presenciar. Este es, en general, el escenario que explica la actitud beligerante e intimidatoria del gobierno de Trump quien tiene en el mercado financiero, su última carta para intentar equilibrar la balanza del liderazgo global.
En el ir venir de opiniones hay quienes aseguran que Estados Unidos aún no está vencido pues su liderazgo en los mercados de capitales y financiero, le dan una ventaja mientras que el dólar continúe siendo la moneda de transacción en el comercio global, esto, le permitirá seguir obteniendo beneficios, según esa visión simplista que es relativamente cierta. Pero del otro lado, está China el mayor tenedor de bonos de deuda de Estados Unidos y esto significa que la economía norteamericana, depende y ha dependido en las últimas décadas de la deuda para poder operar y al cierre de esta colaboración, el gigante asiático inició una campaña junto con varios países para deshacerse de esos bonos que de haber sido emitidos por otro país, estaría en riesgo y al borde de la bancarrota pero, de esto, hablaremos en la siguiente entrega.
