Disertación presentada el 18 de noviembre de 2025, en el marco de la entrega del Premio Daniel Cosío Villegas en el campo de la investigación de historia política de México durante los siglos XIX y XX, que otorga el INEHRM.
Las instituciones del Estado no tienen partido político, ni género; han sido creadas con una finalidad precisa y su propósito principal, acorde a su área de incidencia: es el de servir a la sociedad, sin distingos. En lo que corresponde a las instituciones que llevan en su nombre propio el término investigación, o que lo incluyen en sus objetivos y misión, el propósito se extiende al de alentar, generar, promover, financiar, y, en su caso, reconocer la labor desarrollada por personas o colectivos, de dentro y/o de fuera de ella, en las materias que la definen.
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas es una de esas instituciones en las que la investigación ocupa un lugar fundamental. Y, en ese sentido, además de procurarla y fomentarla, el INEHRM se preocupa también por reconocerla, por reconocer la labor de historiadoras e historiadores en el ámbito de la investigación.
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Uno de los cometidos esenciales de una investigación científica, tecnológica y/o humanística es el de que sus resultados salgan del cubículo, el laboratorio o el taller y se socialicen. En el caso de las investigaciones en el área de la historia, que es de la que aquí doy cuenta, la socialización del conocimiento, de los saberes generados se da, principal, si bien quizá no únicamente, a través de cuatro caminos o estrategias: la publicación especializada, la difusión, la divulgación y la enseñanza. A través de esas cuatro estrategias de acción las historiadoras e historiadores cumplimos nuestro compromiso de “retribución” a la sociedad. Por todos esos caminos he transitado, a ellos me he dedicado: investigación, publicación, enseñanza, difusión y divulgación, en nuestro país y en algunos otros. En esas cinco áreas he incursionado a lo largo de mi vida profesional.
Me formé en instituciones públicas mexicanas de educación: la Universidad Autónoma de Campeche y El Colegio de México. Cuando la educación pública es de calidad se logran superar algunas barreras de la inequidad socio-económico-culturales, de ello doy fe y por eso mi compromiso como profesional ha sido siempre con las instituciones públicas relacionadas con la cultura, la ciencia y la educación. En efecto, en instituciones del Estado, nacionales y estatales, he desarrollado mi labor profesional por siete lustros con integridad, probidad y rectitud, pero sin sometimiento ni complicidad. Fiel a mis convicciones y principios éticos he procurado hacer del pensamiento crítico el puerto de partida, la embarcación en que navego y la costa de arribo.
No se me ha regalado nada. No he tenido privilegios. Vengo de la cultura del esfuerzo y he vivido siempre en la justa medianía, con dignidad, sin mentir ni aparentar. En términos intelectuales y artísticos he sido siempre una “aspiracionista”; mi ambición no ha tenido más freno que el de mis propias limitaciones: he deseado y he procurado siempre aprender y crear y compartir lo aprendido y lo creado. Mi interés, mis intereses, se han situado y sitúan en el ámbito del conocimiento y en el de la participación en la esfera pública desde mis trincheras: académica, disciplinar, científica.
La ciencia no tiene adjetivos ni los resultados de investigación propósitos ideologizantes, o no deberían. En las investigaciones y todas las demás tareas que he realizado prima, sin duda, el alto sentido de la responsabilidad y el compromiso con el presente, pero en ninguna he permitido ––al menos ha sido mi intención–– que se cuele posición política partidista o credo adoctrinador alguno ––a lo que ha contribuido seguramente ser apartidista y agnóstica––. Nunca he sido ni seré una “intelectual orgánica” ni una apologista. Mi propósito constante ha sido y es fomentar la libertad de ideas, de pensamiento, de expresión, en mí misma y en las personas que me rodean.
Los logros obtenidos en el trabajo a lo largo de mi trayectoria son compartidos, porque además del estudio en solitario con el que suele asociársenos, el trabajo en colaboración y el trabajo colectivo ha dominado en las últimas décadas de nuestra labor; al menos en mi caso. Así que quiero reconocer y rendir homenaje, además de a la familia, por supuesto, a todas las personas, maestras y maestros, colegas, estudiantes, con quienes me he cruzado en este largo trayecto, y que resulta imposible mencionar aquí por sus nombres. A aquellas con quienes he investigado de manera conjunta: las de los proyectos y seminarios, en general, y de la electoral, de las emociones, de la prensa, de las imágenes, de las regiones, en particular. A las y los colegas que me invitaron a formar parte de sus proyectos, seminarios, redes y grupos de investigación. A todas las y los colegas que nos unimos para dar forma a Alternativa Cultural Campechana, A.C., hace ya de ello muchos años, y aquellas y aquellos con quienes hemos creado y seguimos impulsando Atarraya. Historia política y social iberoamericana. A todas aquellas personas colegas con las que coincidí, encuentro tras encuentro, en la Asociación Mexicana de Estudios del Caribe y en la Red de historiadores/as de la prensa y el periodismo en Iberoamérica y a quienes han pasado y quienes han permanecido en el Seminario interinstitucional permanente de Historia Política, activo desde 2011, que desarrollamos en el Instituto Mora.
Y muy especialmente a aquellas personas con las que he compartido créditos en publicaciones, en coautoría o co-coordinadas: Ubaldo Dzib, Ivett García, Florencia Gutiérrez, Martha Santillán, Matilde Souto, Estela Roselló, Adriana Pineda. Reconozco también el acompañamiento hoy de Laurence Coudart. Mención especial merece Alicia Salmerón Castro, con quien he trabajado hombro con hombro los últimos tres lustros llevando adelante muchos proyectos y firmando juntas varias publicaciones y quien es la artífice de la postulación que me trajo aquí.
La mención honorífica que hoy me entrega el INEHRM representa un logro singular, y lo subrayo, porque es el reconocimiento a mi trabajo y mi trayectoria en la investigación histórica, pese a todo. Agradezco, a quienes hayan propugnado porque se me otorgara este reconocimiento.
Por el pensamiento libre y crítico que es lo que esta mención honorífica reconoce, por la historia insumisa y sin dogmas.
* Fausta Gantús
Profesora e investigadora del Instituto Mora e integrante del SNII. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Entre sus publicaciones más recientes se cuentan los libros “Introducción a la política del siglo XIX mexicano” (2025), “Historia política de una ciudad. Campeche, siglos XIX-XX” (2024) y “Caricatura e historia. Reflexión teórica y propuesta metodológica! (2023); así como la co-coordinación de “El carácter de la prensa política. Una tipología de los impresos periódicos del México del siglo XIX” (2025), Un siglo de tensiones: gobiernos generales y fuerzas regionales. “Dinámicas políticas en el México del siglo XIX” (2024), “Emociones en clave política: el resentimiento en la historia. Argentina y México, siglos XVIII-XX” (2024).
