Algo anda muy mal en México cuando la conversación pública es incapaz de enfocarse en lo verdaderamente importante. Desbordados por el flujo interminable de tragedias, vivimos en una cotidianidad como si el país y su vida pública fueran normales. No es así.
Hace apenas unos días, por ejemplo, atentaron contra dos diputados locales de Movimiento Ciudadano en Sinaloa, uno de ellos su coordinador en el estado, ¿Qué hizo en respuesta la dirigencia de MC? Nada, seguir como si aquí no hubiera pasado nada. Sus redes sociales siguen llenas de actividades, encuentros, recorridos, sonrisas, todo es normalidad.
En las mismas fechas, y en la misma entidad, diez trabajadores fueron secuestrados por el crimen y sus cuerpos han sido hallados sin vida. El gobierno federal sale a decir que eso pasó porque los “confundieron” con integrantes del crimen organizado, y todas las empresas del estado y del país reaccionan con naturalidad.
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Un presidente municipal es detenido porque trabajaba para el crimen organizado, un alcalde que llegó con las siglas del partido oficial, para el que la presidenta de la República pidió el voto en un video, y que llegó con antecedentes de someter a sus propios competidores internos, y la clase política en su conjunto no dice nada.
La lista podría seguir: un joven que va al baño en un bar y desaparece; una familia de vacaciones secuestrada; dos empresarios de Zacatecas son asesinados en San Luis Potosí.
Y mientras eso sucede el gobierno no pierde el buen ánimo y sigue hablando de Fox, García Luna o Felipe Calderón. El oficialismo no pierde el entusiasmo y mientras esto pasa, presume que han bajado 42 por ciento los homicidios, resultado de comparar arbitrariamente dos fechas solo para que luzca más el dato. En respuesta, buena parte de la prensa nacional llena sus portadas con una reproducción acrítica de la propaganda oficial.
La reproducción es automática, solo porque lo dice el gobierno, sin cuestionar si hay relación entre la “baja” de homicidios y el crecimiento de los desaparecidos; sin revisar -como advierten diversas Organizaciones de la Sociedad Civil- si las cifras alegres del gobierno no tendrían que ser acompañadas por otros reportes de muertes que sorpresivamente han crecido en rubros que simplemente reciben menos atención de la prensa y de la atención pública.
El país está atrapado no solo en una espiral de violencia sino en una captura de instituciones por parte del crimen organizado, y el gobierno solo atina a proponer una reforma para decir que sean 100 diputados menos, como si ese fuera el tema y no el crimen que en cada proceso electoral -como el que vendrá en 2027- ejerce como el gran elector que decide quién puede llegar a la boleta y quién debe ganar en la contienda.
Mientras no seamos capaces de poner la mira en los temas correctos, y no podamos reaccionar con la justa dimensión a cada tragedia, seguiremos atrapados en la sucesión de desgracias que van golpeando a una familia a la vez, sin que el país tenga en serio una discusión sobre cómo cambiar el rumbo.
Eso sí, ya desde ahora están formados -más de uno- en celebrar los éxitos en seguridad de la presidenta y en arropar al que ya ven como su candidato seguro para la sucesión presidencial. Porque lo importante es la lucha por el poder, no la atención a los verdaderos problemas nacionales. Lo dicho, andamos con la mira muy chueca.
