RECONFIGURACIÓN GLOBAL

Ante las fauces del facismo la reconfiguración de la geopolítica global

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela acelera lo que será el proceso de reconfiguración global: este ataque fue solo la confirmación de una estrategia que ya se venía dibujando desde Washington. | Ismael Jiménez

Escrito en OPINIÓN el

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela acelera lo que será el proceso de reconfiguración global que, en realidad, el mundo está cambiando desde 2020. El ataque a instalaciones militares venezolanas fue sólo la confirmación de una estrategia que ya se venía dibujando desde Washington.

Cierto, en nuestra entraga anterior decíamos que quizás este evento no sucedería pues el riesgo de abrir más frentes luego de los bombardeos a Siria y Nigeria parecía un acto temerario, pero la urgencia de Donald Trump por acestar un golpe de autoridad que le devolviera a su país el liderazgo mundial, contribuyó a precipitar los acontecimientos globales que configurarán lo que será el nuevo mapa mundial.

Los primeros efectos provocados por el bombardeo a Venezuela o la detención, el secuestro o rapto de Nicolás Maduro, como usted lo quiera nombrar, más allá de los primeros análisis simplistas de los opinadores, apuntan a que uno de los impactos generados por el ataque, es una clara y visible división de opiniones. Vivimos un mundo distópico en el que la visión y entendimiento de la gravedad que implica la agresión flagrante a Venezuela es interpretado bajo una visión dispersa de la realidad que choca con los principios básicos del derecho internacional, el respeto por los derechos humanos, la soberanía y autodeterminación de las naciones, conceptos que parecen haber perdido valor entre quienes se consideran pensadores y líderes de opinión que actúan bajo una total incongruencia ante dichos principios justificando ante todo, el uso de la fuerza y la cultura de la ley del más fuerte.

Como seres humanos y sociedades debidamente evolucionadas, deberían estar claros los conceptos de soberanía y autodeterminación de los pueblos, esto es básico porque bajo ningún otro concepto sea cual fuese su origen, incluída la “democracia” y menos cuando es dictada desde fuera, ninguno de estos preceptos deberían estar por encima de los primeros, incluídos por supuesto, los principios políticos, económicos y sociales. Obvio, puede haber excepciones pero aún así, hoy esas excepciones no son aplicadas con el mismo rasero cuando Netanyahu continúa su campaña de limpieza étnica en la franja de Gaza. Venezuela y su gobierno no cumplen con esos principios de excepcionalidad para ser atacada. Podemos estar o no de acuerdo con el tipo de régimen que gobierna un país, no coincidir con su corriente política o ideológica, repudiar incluso sus actos y decisiones políticas, con lo que no podemos coincidir es con el ataque militar injustificado sólo por el hecho de abrogarse el derecho de actuar por encima de todas las leyes internacionales, cuando Trump actúa de esta manera, lo hace como el dictador del mundo o peor aún, como el Capo del planeta.

Es aquí donde nacen las visiones encontradas pues quienes festejan, hablan de que por fin, Venezuela será libre, pero no será así, pues si el plan de Estados Unidos sigue adelante luego de los bombardeos, los venezolanos no gobernarán su país, lo hará el régimen invasor, así que, de qué libertad hablan quienes vitorean el bombardeo, y aunque Washintong acepte un “gobierno” local, éste deberá supeditarse a sus mandatos So pena de volver a ser atacados. También hay quienes aseguran que la “democracia” por fin llegará a Venezuela ¿de qué democracia hablan? ¿Bajo qué lineamientos se establecería dicha democracia? Y es que uno de los fundamentos de la arrogancia norteamericana es suponer que todos los países se deben alinear sus principios “democráticos”, pensamientos y modelo de desarrollo económico, social e ideológico, ignorando con ello la cultura, las tradiciones, el pensamiento y principios de identidad de cada país en este caso latinoamericano; no obstante, es importante señalar que el gobierno de Donald Trump está sustentado en la negación de los principios democráticos, pues fue Trump junto con la casi totalidad del partido republicano quienes en 2020 desconocieron las elecciones presidenciales y azuzaron la violencia como medio de protesta, algo que no sucedía en ese país desde hacía más de cien años.

No sólo eso, la presidencia de Donald Trump está sustentada en un proceso “legal” que alteró las reglas del juego democrático en los Estados Unidos en el que se privilegia el voto de los blancos, esto limita la participación en todo tipo de comicios a los grupos étnicos y raciales que conforman la sociedad norteamerica, una estrategia que el partido republicano ha venido implementando desde hace 15 años al ver cómo la población migrante y de color, habían ganado presencia significativa en el padrón electoral condición que, según los grupos conservadores y de extrema derecha estadounidenses, ponían en peligro la supremacía blanca norteamericana y la “seguridad y la paz” que habían logrado como nación construída por blancos. Esto lo explican detalladamente Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro “La Dictadura de las Minorías”.

Pero el factor con mayores repercusiones luego del ataque a Venezuela, es la posible patente de corso para que otros países dominantes puedan actuar, pues ante el análisis simplista, para algunos, naciones fuertes militarmente pueden violar o ya han violado la Ley Internacional, así que hoy, cualquiera podría ponerse por encima de las leyes por el simple hecho de que ya hubo quienes lo hicieron, y aplauden el acto de violación flagrante de los Estados Unidos como si de un acto heróico se tratara, con esto, otorgan la potestad para que otros países actúen de la misma manera. De hecho, hoy mismo Zelensky es un blaco válido para que Rusia vaya por él, mientras que China podría hacer lo mismo con el presidente de Taiwán o por el mandatario de algún otro país asiático, o peor aún, que Israel continúe matando palestinos, sólo porque cualquier líder palestino es considerado un potencial peligro para su “seguridad” nacional. Así, podríamos ver un cruce de fronteras entre la India y Pakistán o mayores confrontaciones territoriales en África.

El hecho de aplaudir el ataque de Estados Unidos a Venezuela, es síntoma de que, quienes así lo hacen, actúan únicamente desde la emoción, el desprecio o el racismo intrínseco que forma parte de su pensamiento. Cuando las ideas y el pensamiento crítico es sustituido por las emociones, nos encontramos ante las fauces del fascismo, una ideología que acepta y promueve mantener el control y el poder a costa de lo que sea que justifica la violencia como elemento principal para lograr “cambios” o “mantener la paz”. Esa es la doctrina de que quienes hoy gobiernan desde Washington, y quienes lo festejan y lo justifican desde otras tierras, son claramente espejos de lo que dictan los principios de la derecha extrema que termina convirtiéndose en movimiento facista. Bajo estos principios, se sustenta el gobierno de Trump y del actual partido republicano quienes por cierto, libran una persecución y contención de los grupos minoritarios, especialmente migrantes que están siendo cazados, violentados y encarcelados como en su momentos lo hizo la Alemania nazi con los judíos.

El convencimiento de unos de la necesidad de eliminar o quitar de en medio a quienes obstaculizan un modelo de pensamiento y crecimiento podrían estar cultivando una especie de neofacismo que, de continuar avanzando, estarán provocando un nuevo conflicto global basado en el control regional. 

 

Ismael Jiménez 

@ijm14