VENEZUELA

¿Y la democracia en Venezuela?

Hay que tratar de entender con la mayor objetividad posible lo que realmente está ocurriendo en Venezuela y qué futuro le podría deparar en el corto plazo. | Agustín Castilla

Escrito en OPINIÓN el

Después del júbilo o indignación que provocó la captura de Nicolás Maduro dependiendo de dónde se le quiera ver en un mundo cada vez más polarizado que al parecer no admite más que posiciones irreductibles, ya sea desde la ideología o el pragmatismo, hay que tratar de entender con la mayor objetividad posible lo que realmente está ocurriendo en Venezuela y qué futuro le podría deparar en el corto plazo. 

Está claro que Maduro no es solo un populista autoritario, se trata de un criminal en toda la extensión de la palabra equiparable a Franco, Pinochet, Manuel Noriega o Daniel Ortega entre tantos otros dictadores de infausta memoria. La violación reiterada a los derechos humanos mediante la represión, tortura, detención ilegal de presos políticos en la siniestra cárcel del Helicoide y atentados contra la libertad de expresión está ampliamente documentada, al igual que los fraudes electorales, en particular el de 2024 en que le arrebataron el triunfo al candidato opositor Edmundo González después de impedir la participación de María Corina Machado en las elecciones presidenciales. También cada vez surgen más elementos para acreditar la corrupción de Maduro –a quien incluso se le aseguraron cuentas en Suiza–, su familia y muchos miembros de la clase dirigente, así como su vínculo con cárteles del narcotráfico, por lo que es lógico que se festeje su caída, sobre todo para las víctimas directas y las 8 millones de personas que se vieron obligadas a salir de su país. 

Sin embargo, no debemos cerrar los ojos ante la forma en que Maduro fue capturado y sustraído de su país por medio de un operativo militar de un gobierno extranjero sin respetar el derecho internacional e incluso de las mismas leyes y al margen del congreso estadounidense como lo reconoció el senador Mark Werner. No estamos ante un asunto menor pues refleja la intención de usar su poderío militar sin ningún límite, y nada garantiza que en cualquier momento pudiera intervenir arbitrariamente de nuevo en otros países incluyendo al nuestro, en función de sus intereses políticos y/o económicos. 

Aún quedan muchas interrogantes sobre las verdaderas motivaciones de Trump para tomar la decisión de intervenir directamente en Venezuela como el combate al narcotráfico, el manifiesto control y aprovechamiento de su petróleo o la restauración de la hegemonía estadounidense en Latinoamérica desde su visión imperialista –siendo está quizá la de mayor peso–, pero el regreso a la paz, la democracia y la defensa de los derechos humanos no parecen estar en el interés del presidente de Estados Unidos

La complacencia con la designación como presidenta interina de Delcy Rodríguez y la permanencia de su hermano Jorge como presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela junto con Diosdado Cabello y Vladimir Padrino en los ministerios del interior y de la defensa dan cuenta de ello, así como la indiferencia hacia quien ganó legítimamente las elecciones de 2024 y la principal dirigente opositora.

Si bien los procesos de transición democrática son complejos y se podría pensar que primero buscan garantizar la estabilidad política y social, hasta ahora no existe ninguna señal que apunte en ese sentido y, para decirlo claro, lo único cierto es que el chavismo continúa en el poder –probablemente condicionado por algunos acuerdos económicos con el gobierno de Estados Unidos–, los presos políticos no han sido liberados, siguen los retenes militares y las detenciones de periodistas. Con esta muy cuestionada acción militar cayó la cabeza, se está modificando drásticamente la geopolítica evidenciando la debilidad de los organismos internacionales y la imposición del más fuerte, pero no es mucho lo que ha cambiado en Venezuela y lamentablemente no se advierte que esto pueda suceder pronto.

 

Agustín Castilla

@agus_castilla