CIUDAD DE MÉXICO

Ciudad propositiva

La Ciudad de México del futuro debe contar con una política social completa, una infraestructura de calidad con capacidad escalable, y un presupuesto suficiente que asegure que ambas se hagan realidad. | Roberto Remes

Escrito en OPINIÓN el

En mi última colaboración de 2025 reflexionaba sobre la posibilidad de dejar de escribir, ante la imposibilidad de influir en las políticas públicas de un gobierno que se resiste a cualquier idea que no provenga de su propia agenda política. Durante el fin de año llegué a una conclusión, y esta columna marca el punto de partida de las que serán mis 25 próximas colaboraciones escritas, y quizá las últimas.

A lo largo de los años, he procurado ser propositivo y evitar encasillarme en los temas coyunturales. Este enfoque se fortalecerá en 2026: en vez de criticar, propondré. Estoy convencido de que esta ciudad no solo está ávida de propuestas, sino también de que éstas se instrumenten. No soy el único que piensa, sueña o incluso delira con una mejor ciudad.

Mi punto de partida es el presente: esta ciudad está mal gobernada. Me refiero a Clara Brugada, a su predecesor interino y a la presidenta de México, quien tomó muchas decisiones sin considerar el largo plazo. Pero el problema es más profundo: ningún gobierno ha establecido un verdadero sistema de planeación para la Ciudad de México.

Lo primero que debemos preguntarnos es qué tipo de ciudad queremos. Los conceptos que han predominado en los gobiernos del PRD y Morena, como la "ciudad de derechos", no me son ajenos, pero la interpretación que se les ha dado merece revisarse: no podemos seguir ignorando el futuro por priorizar un sistema de transferencias hacia los sectores de menores ingresos. Ambos temas, política social e inversión, deben estar sobre la mesa, y no pueden tratarse como una cobija individual en una cama matrimonial.

Hoy, el gasto social de la Ciudad de México asciende a 17 mil millones de pesos al año. Si hipotéticamente se cancelara ese gasto, en un sexenio podrían renovarse tres líneas del metro y ampliar la red en 6-8 kilómetros. No lo propongo, solo ilustro la magnitud del recurso. Es probable, además, que esos 17 mil millones resulten insuficientes si aspiramos a establecer un sistema integral de cuidados y garantizar un sistema de salud universal.

Esto nos lleva a una conclusión inevitable: si queremos ampliar la cobertura de derechos relacionados con la salud y el cuidado, debemos aumentar la recaudación. Y si además queremos renovar las líneas 2 a 9, A y B del metro en los próximos 20 años, las necesidades financieras se vuelven aún mayores. Y no hemos hablado todavía del agua, el drenaje, los salarios de policías y burócratas de menor rango, la población en situación de calle, ni de muchos otros problemas que requieren grandes inversiones.

En suma, la Ciudad de México se encamina hacia un deterioro mayor, una bola de nieve, derivado del énfasis de los gobiernos en ofrecer recompensas inmediatas a los ciudadanos para mantener elevados niveles de aprobación. Esto ocurre mientras falta agua, el transporte público está saturado y defectuoso, proliferan los socavones, baches, basura y el comercio informal.

No conozco un documento público que reflexione seriamente sobre la agenda financiera o presupuestal de la ciudad. No existe un diagnóstico oficial que enumere las inversiones necesarias ni que establezca un mecanismo de priorización. No hay políticas públicas de largo plazo, lo cual equivale a decir que no hay políticas públicas, ya que por definición éstas deben tener una visión transexenal. Tampoco hay planes para erradicar la pobreza, lo que nos debe alarmar: la política social no busca eliminar la pobreza, solo administrarla.

Por eso, al imaginar la ciudad del futuro, lo primero que debemos exigir es que se piense en su porvenir:

– Una política social integral que atienda de forma holística cada uno de sus componentes (vivienda, salud, educación, alimentación, cuidados, etcétera).

– Una política de infraestructura (agua, drenaje, transporte, vialidad, basura, etcétera) que reconozca que los sistemas existentes están saturados, los rehabilite plenamente y los expanda a niveles adecuados.

– Una política presupuestal que garantice que los derechos consagrados en la Constitución de la Ciudad de México se hagan efectivos. De nada sirve un documento lleno de buenas intenciones si no existen las herramientas, financieras y burocráticas, para cumplirlas.

En resumen, la Ciudad de México del futuro debe contar con una política social completa, una infraestructura de calidad con capacidad escalable, y un presupuesto suficiente que asegure que ambas se hagan realidad. En la próxima colaboración hablaré con más detalle sobre esa política presupuestal.

Roberto Remes

@ReyPeatonMX