El primer cuarto del siglo XXI ha sido conceptualizado por Jamais Cascio como frágil, ansioso, no lineal e incomprensible. En efecto, es tal la inmediatez, la provisionalidad, la incertidumbre y la complejidad de nuestro entorno próximo y global que, hacer una pausa para discernir y contextualizar los acontecimientos, resulta imprescindible para no perderse en la abundancia de datos y la falta de lógica aparente.
De ahí que, más que un balance cuantitativo o cronológico, requerimos un ejercicio para distinguir las aristas y matices que acompañan este fin de año y de época.
Si analizamos la realidad como un poliedro, veremos las aristas de cada lado y borde con sus múltiples intersecciones y planos. Esto nos lleva a considerar que, difícilmente, un acontecimiento tiene una sola cara y una única explicación.
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Desde esa perspectiva, es inadmisible la pretensión del pensamiento único y el monopolio de la verdad. La incapacidad para ver las aristas, explica la tendencia que predomina en distintas latitudes a la censura y la reprensión de los que piensan diferente, tal y como sucede en los regímenes autoritarios.
Si dejamos de ver los matices, es fácil caer en la ilusión del mundo monocolor. La miopía que acompaña a muchos tomadores de decisiones, impide distinguir las diferencias y dejar de advertir los rasgos que sutilmente determinan la esencia de las cosas y el comportamiento de los actores que están en el escenario.
La falta de resultados de muchos gobiernos, se explica por un error de percepción de la realidad. No ver, o no querer ver los matices, determina errores de cálculo político, insensibilidad y negación de la pluralidad social y política; al final, esto da pie a la exclusión y la polarización tan característica de los regímenes populistas de uno y otro signo.
Por ello, en medio de las tensiones, los conflictos y las limitaciones, y ante el ruido de los tambores de guerra que resuenan en el mundo en forma de misiles y drones; de la violencia cotidiana, el precario individualismo, la desigualdad y la falta de seguridades mínimas para quienes menos tienen, viene bien una pausa y también algo de silencio.
Pausas y silencios que no son ausencia, sino espacios para que aflore la armonía y la verdad. Cuánta falta hace la moderación y la serenidad para que se puedan ver las aristas y matices de confianza y esperanza en el porvenir.
En México nos esperan retos grandes, algunos externos como la renegociación del TMEC, del que dependen el crecimiento y los empleos de millones de mexicanos; otros internos, como la superación de la crisis de salud, de crecimiento y la lucha contra la inseguridad y el crimen.
Para todos estos desafíos hay una solución, si desterramos la arrogancia de la vida pública de nuestro país y fortalecemos la unidad básica y la cohesión social y política. Solo así podremos construir nuevos escenarios en el año que se avecina. No será posible sin una dosis de humildad, ánimo y voluntad de bien.
Deseo a todos Feliz Navidad y un buen año 2026.
