MOVIMIENTO DE REGENERACIÓN NACIONAL Y/O SEGUNDO PISO DE LA 4T Y/O DESGOBIERNO DE MÉXICO
DOMICILIO CONOCIDO
RUMBO INCIERTO
DIRECCIÓN DIFUSA
A quien corresponda:
De manera atenta y respetuosa, de forma solícita y enérgica, por esta vía requiero a todos los integrantes de partido que está deshaciendo la historia, a los mandos del gobierno que está hundiendo al país y a los autores intelectuales de esa mafufada llamada humanismo mexicano, a que se pongan el saco y contesten sin dilación la pregunta que a continuación voy a plantear, que a todas luces rebasa la categoría de simplona, y cae de lleno en el nivel inferior, el de bobalicona.
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La cuestión es: ¿qué parte no entendieron de lo que significa la palabra vacaciones? No hay más que abrir un diccionario, preguntarle al chat GPT o recurrir a Google para enterarse de que vacaciones proviene del latín vacatio, y que todas sus acepciones conducen al mismo sitio, pues en esencia se refieren a ‘no trabajar’, ‘estar vacío’, ‘no hacer nada’, ‘estar de ocioso’, ‘instalarse en la holganza’ o, para usar un término apreciado por el pueblo sabio, lisa y llanamente ‘tirar la hueva’.
¡Qué delicia!
Aunque la inmensa mayoría de Vuestras Mercedes dedican la mayor parte a todas, o a cualquiera, o a cada una de las actividades descritas, o más bien dicho, de las inactividades citadas, pues es público y notorio que llevan años instalados en la suave indolencia y la sabrosa molicie, es justo y necesario que comprendan el alcance de sus promesas y que hagan un mínimo y agotador esfuerzo por cumplirlas, o más bien dicho, que mejor no hagan nada para que solitas se cumplan.
¡Y es que Vuestras Vagancias nos prometieron vacaciones! De hecho, la inepta cuadrilla que los representa en el Congreso, con el apoyo unánime de una perezosa y desganada oposición, levantó el dedo ritual para aprobar lo que dio en llamarse vacaciones dignas, lo cual significa que quienes sí trabajan gozan por ley del doble de días de asueto, pues la reforma los multiplicó por dos: de 6 a 12. Y si haces huesos viejos en el mismo empleo, o carrera improductiva en la burocracia, puedes llegar a acumular 28 días hábiles de vacaciones, que pueden alargarse contando fines de semana, festivos y puentes. Los empleados municipales de Cancún, por ejemplo, tienen derecho a dos periodos semestrales de 14 días laborales (o sea, 28 anuales), más los seis fines de semana que caben en medio (otros doce días), más diez días ‘económicos’ (una prestación sindical, que pueden gozar sin restricciones, tan solo avisando que van a faltar), más los cinco fines de semana largos, más cuatro feriados obligatorios y dos incidentales (Año Nuevo, Día del Trabajo, Día de la Independencia y Navidad, más cambio de gobierno y jornada electoral), más el día de su cumpleaños, más el Día de la Madre (que si cae en sábado, domingo o feriado, se pasa al lunes, y el martes tampoco se trabaja, pues se hace el desayuno del Día de las Madres), más el día del burócrata, con lo cual, sabiéndolos acomodar, pueden sumar más de dos meses cobrando por no hacer nada.
¡Qué maravilla!
El problema es que la 4T no está honrando lo acordado. Con bombo y platillo, hace meses anunciaron que se irían de vacaciones, o sea, de manera solemne y oficial, a no hacer nada, a estar vacíos, a desaparecer del mapa, a darnos un respiro, aunque fuera breve, de unos cuantos días.
Hasta los grandes comunicadores del país se creyeron el cuento y desaparecieron, dejando frente a las cámaras y micrófonos a sus sufridos suplentes quienes, ya se sabe, no se iban a dedicar a cosa más importante que a dar los partes del clima (frío o calor), a describir los percances de tránsito (los borrachazos navideños), a reportar los decesos sorpresivos (enero y febrero, según se dice, desviejadero), y a retacar el cuadrante con opiniones tan vacías como ignorantes, con la certeza de que nadie los está escuchando.
¡Qué envidia!
Se nota que Vuestras Ignorancias no fueron a la escuela pues, de haber cursado cuando menos la primaria, sabrían que en este país las palabras que más importan a los párvulos, exigibles como derecho de los niños, son dos: el recreo y las vacaciones. Y como lo que se aprende en el aula nunca se olvida, los mexicanos adultos sabemos que no hay chamba que valga la pena si no tiene recreo (para comer la torta, para fumarse el cigarrillo, para chacotear el punto, para tomarse un cafecito), y que esos minúsculos descansos nos preparan psicológicamente para la holganza mayor, es decir, las vacaciones.
Los pueblos civilizados, como el italiano, manejan conceptos filosóficos para describir el estado de pureza al que conduce la despreocupación absoluta. Ellos pregonan, muy sabiamente, el dolce far niente, que en forma libre se puede traducir como la dulzura de no hacer nada. Los franceses, más poéticos, pregonan a los cuatro vientos el laissez faire, laissez passer", con lo cual la vagancia alcanza la sublime calidad de pereza contemplativa. Los gringos, más prácticos, en todo momento recomiendan lo de take it easy, que bien entendido quiere decir que no te metas en líos, ni propios ni ajenos. Los ingleses, más cultos, han acuñado el término idle bliss, que se refiere sin tapujos a la ‘felicidad ociosa’. Hasta los tanzanos, otro pueblo jodido pero sabio, han logrado dar fama mundial a la frase hakuna matata, con la cual saludan las múltiples desgracias que los aquejan con un juicioso ‘no hay problema’. Cómo entonces la 4T no puede entender la sensatez de desaparecer del mapa, de borrarse del escenario, aunque sea por unos días.
¡Qué estulticia!
Los mexicanos que padecemos a Vuestras Pesadeces en lo que va pareciendo una eternidad, ya nos habíamos hecho ilusiones de que nos iban a dar vacaciones genuinas, de que al menos podríamos disfrutar unos días sin las necedades de la mañanera (con A), sin las babosadas de Noroña, sin las truculencias de Adán Augusto, sin las intrigas de Monreal, sin las mentirotas de los generales y los almirantes, sin los aspavientos de García Harfuch, sin los pavoneos del pavo real de Palenque.
Si bien eso sucedió a medias, fue evidente que la 4T no puede estarse quieta ni quedarse callada. De poco sirvió el silencio de los próceres, pues los adláteres, los peones, los acólitos y los esbirros, todos militantes del partido guinda, llenaron el vacío informativo con sus desatinos y sus imprudencias. De nada nos sirvieron las vacaciones: la 4T, aún en la pausa navideña, acaparó con exceso y con abuso los titulares de prensa, impidiendo que olvidemos nuestra más honda preocupación: el abismo sin fondo en que vamos cayendo.
¡Qué truculencia!
Rompió el silencio, por decirlo de alguna manera, el juez de control Jonathan Yong, recién electo para el cargo en la irreprochable jornada de los acordeones, quien, en la madrugada del día de Nochebuena, tuvo a bien propinarle una buena noche de guamazos a su pareja sentimental, en un fraccionamiento residencial de Cancún. No voy a cuestionar los afanes justicieros del letrado, al aplicar a rajatabla aquello de que el buen juez por su casa empieza, aunque el susodicho no empezó en su casa, sino frente a su casa, en la vía pública, donde los vecinos pudieron captar en video cómo se sopapeaba a su señora, mientras lanzaba insultos y profería amenazas. Con mala fe, como ya se habrán enterado Sus Señorías, los testigos lo subieron a redes sociales, y de ahí no tardó en brincar a los medios nacionales e internacionales, siempre atentos a desprestigiar al gobierno más democrático del planeta.
Este angelito ya había sido jefe de la policía en Cancún, de donde fue removido al descubrirse que la Unidad de Inteligencia Financiera lo investigaba por lavado de dinero, llegando incluso a congelarle sus cuentas bancarias. Tal antecedente no lo descalificó para contender en la elección judicial pues, en un partido donde militan los jefes de los carteles, del narco y del huachicol, las trapacerías del flamante juzgador apenas califican como pecado venial. Lo que probablemente no le explicaron es que tales fechorías hay que hacerlas en lo oscurito, y que lo oscurito no significa que sea de noche y en plena calle, sino que el término implica que hay que actuar tras bambalinas, a puerta cerrada, procurando no salir en el periódico. Ahora la 4T se encuentra en un callejón sin salida pues, si lo perdonan, los volverán a acusar de ser iguales o peores que los anteriores, y si lo corren, el partido perderá a un militante distinguido.
¡Qué inverecundia!
Unos días después, entre Navidad y Año Nuevo, la pausa más haragana del año, otro dilecto afiliado de Morena, el inefable Max Arriaga, gurú intelectual de la Nueva Escuela Mexicana, tuvo la notoria ocurrencia de acusar a su jefe directo, Mario Delgado, para más señas titular de la SEP, de heredar “las viejas prácticas de control del modelo educativo neoliberal”, y de “mantener y profundizar los procesos de privatización de la educación pública”, para lo cual llamó a la formación de unos comités de defensa de los libros de texto gratuitos, de los cuales es el principal autor, que en teoría van a rebelarse para enderezar la errática dirigencia del señor secretario.
La andanada de Arriaga mereció una tímida respuesta de Doña Claudia y un timorato silencio de Don Mario quien, entre otras cosas, es el responsable de establecer el calendario escolar del país, cuyo componente más notable son las vacaciones, mismas que se vieron nuevamente perturbadas por esta bronca entre gandules pues, como en el caso anterior, alcanzaron todos los titulares de la prensa.
¡Qué necesidad!
Quiero ser breve y parco, por respeto a las inocentes víctimas, al consignar la más notoria anomalía de la temporada, que no es otra que el accidente del Tren Transístmico, tragedia que acaeció precisamente el Día de los Inocentes (cuando la prensa lo reportó, hasta parecía que era broma). No es que no le reconozca a la gestión de Vuestras Nulidades la capacidad de descarrilar en tren, cuando tan bien han hecho la faena de descarrilar un país. Mi crítica es que reaccionaron muy lento y en vez de calificar lo ocurrido como un ‘percance de vía’ (como lo hicieron en los casos del Tren Maya), o como un ‘incidente’ (como lo hicieron cuando se desplomó el Metro), dejaron correr los términos ‘descarrilamiento’ y ‘accidente’, dañando en forma irremediable el prestigio ferroviario de la 4T, pues solo un orate volverá a treparse a uno de esos vagones. Además, había sustento técnico para sostener la versión del no accidente, pues si en el percance de la línea 12 fallecieron 26 personas y sólo se trató de un incidente, en el desplome de Oaxaca tan solo han muerto 14, o sea la mitad, con lo cual esta efeméride debe ser calificado como un mini-incidente o como medio-incidente.
Ya se hará cargo la PGR de las investigaciones y llegará a la conclusión inevitable de que, al menos en el gobierno, nadie fue culpable del vuelo libre de la locomotora. Eso sí, no le vayan a encargar un peritaje a los noruegos, porque de sobra se sabe cuán malintencionados e indolentes suelen ser en sus dictámenes. Lo mejor sería que las autoridades del tren se investiguen a sí mismas y sentencien, con toda lógica, que el único responsable fue un obrero que no le metió suficiente galleta al apretar las tuercas que sostenían el durmiente número ene mil, o que el maquinista pisó de más el acelerador porque lo esperaba una cita de amor en Coatzacoalcos.
¡Qué bochorno!
Todas estas calamidades, ni qué decirlo, nos arruinaron las vacaciones. Y miren Vuestras Incoherencias que se los dice un residente de Cancún, paraíso inventado de forma intencionada para disfrutar los días de recreo. Pues ni aquí tuvimos la calma necesaria y el ansiado reposo, perturbados por tanto sobresalto.
Para que esto no suceda de nuevo, quiero elevar una sugerencia a consideración del Supremo Gobierno. La cosa es simple: elevar el puente Guadalupe-Reyes a nivel de ley constitucional. En el articulado de esa iniciativa se estipulará que el gobierno en su totalidad se va de vacaciones sin excusa ni pretexto, que se postergan hasta el año próximo las mañaneras, que se cancelan los recorridos del Tren Ístmico y del Maya (de todas maneras no viajarían más que los suicidas), que se suspenden los vuelos al AIFA (al fin y al cabo son muy pocos), que la refinería de Dos Bocas dejará de producir gasolina (jeje), y que los medios de comunicación tendrán prohibido reproducir cualquier información que tenga coloratura oficial.
¡Qué genialidad!
En este esquema, los altos funcionarios de la Federación, del Congreso, de la Corte y de los Estados estarían obligados, por fuerza de ley, a ausentarse del país y celebrar las fiestas en el extranjero, en el destino de su preferencia, con todos los gastos pagados por el erario. Eso no le costaría ni un centavo extra al país, porque de todas maneras ya lo hacen, pero en lo oscurito, así que lo único que se requiere es transparentar el presupuesto y añadir una partida ínfima, no más de mil millones de dólares (tres días en la deuda de Pemex), gasto que tendría la evidente ventaja de mantener a Vuestras Indolencias alejados del territorio por un periodo considerable.
La única desventaja que encuentro en mi propuesta es que, al regreso de la pausa obligatoria, el mismísimo 7 de enero, pudiera llegar a ser palpable y evidente que el país funciona mejor sin Vuestras Desgracias. Es decir, en su ausencia, es posible que las cosas mejoren, que los percances disminuyan, que los entuertos se enderecen, que la vida fluya sin tanto tropezón, y que tengamos un país mucho más sonriente y feliz. Mas no se preocupen: tienen los siguientes once meses para volver a arruinarlo todo.
Háganle ese favor a México. Por amor de Dios, ¡engarrótenseme ahí! Déjennos disfrutar una vacaciones plenas, libertarias y libertinas, ociosas de principio a fin, excesivas tal vez, siempre reconfortantes y reparadoras. No es mucho pedir: sólo se trata de olvidar a Vuestros Lastres por un ratito. A cambio, ofrezco lo único que está a mi alcance, pero que de seguro replicarían millones de compatriotas: un voto incondicional en las urnas, más un aplauso expedito y atronador de
