Si bien los recientes y arteros asesinatos de Fernando Alan Cháidez en Culiacán y de Alex Pretti en Minneapolis a manos de fuerzas de seguridad de sus respectivos países cuya principal responsabilidad debía ser proteger a la población, se cometieron en contextos distintos, también tienen similitudes importantes que no debemos pasar por alto.
Para recordar un poco, el pasado 13 de enero Fernando de 23 años, circulaba por una transitada avenida de Culiacán tras salir del gimnasio junto con su novia y, cuando estaba por llegar a su casa, militares dispararon contra el coche en que viajaban arrebatándole la vida en tanto que ella resultó gravemente herida. Fernando era estudiante de derecho, estaba por terminar su servicio social en el Tribunal de Justicia de Sinaloa donde según los testimonios se había ganado el aprecio de sus compañeros y jueces, después quería estudiar ciencias políticas.
Las primeras versiones señalaban que el joven murió accidentalmente en un fuego cruzado entre militares y civiles armados, lo que fue desmentido por el papá dada la trayectoria de los disparos que iban en un solo sentido; también se llegó a decir que en el coche de Fernando se encontraron armas lo que resultó igualmente falso. Al final, todo apunta a que los elementos de la Secretaría de la Defensa perseguían a un Honda Accord blanco en el que supuestamente viajaban personas armadas e incluso les arrojaron ponchallantas y, al parecer, lo confundieron con el Mazda blanco de Fernando que circulaba por la zona acribillándolo a balazos.
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En el otro caso, Alex Pretti, de 37 años que prestaba sus servicios como enfermero de cuidados intensivos en un hospital para veteranos de guerra, fue asesinado de aproximadamente 10 balazos por agentes federales mientras participaba en una manifestación en protesta por las redadas realizadas por el Servicio de Migración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Minnesota y, en particular contra el homicidio de Renee Good por un oficial de la patrulla fronteriza el pasado 7 de enero.
Aunque el Departamento de Seguridad Nacional sostuvo que se trataba de un inmigrante ilegal violento que amenazó con disparar a los agentes por lo que tuvieron que defenderse, e incluso lo acusaron de terrorismo, diversos videos y testimonios muestran una historia muy distinta. En primer lugar, quedó demostrado que Pretti era un ciudadano estadounidense nacido en Illinois, tenía licencia para portar armas y no contaba con ningún antecedente penal ni de conflictos con la autoridad. Por el contrario, se le conocía por su dedicación en el cuidado de enfermos graves, su amor por los animales, así como por su compromiso con la paz y el medio ambiente. Todo apunta a que durante la manifestación quiso ayudar a una mujer a la que rociaron con gas pimienta, y en ningún momento los agentes federales estuvieron en riesgo o siquiera habían sido amenazados puesto que, cuando empezaron a balearlo lo tenían sometido en el suelo entre varios por lo que no había manera de que fueran atacados e incluso le habían quitado la pistola que portaba en la cintura.
Quizá la principal diferencia entre estos dos casos sea que, el homicidio de Pretti se cometió con el mayor dolo ya que en Estados Unidos hay una gran permisividad para emplear la fuerza prácticamente sin ningún límite contra personas migrantes –y ahora también contra quienes se opongan a estas medidas–, mientras que en México el asesinato de Fernando Alan fue producto de un error provocado a su vez por la evidente falta de capacitación de las fuerzas armadas para realizar tareas de seguridad pública, así como en materia de respeto a los derechos humanos. Sin embargo, las similitudes no son pocas pues estamos ante dos personas inocentes que fueron masacradas por cuerpos de seguridad o militares durante el despliegue de operativos oficiales mediante el uso excesivo de la fuerza, se difundieron versiones gubernamentales falsas o de plano mentirosas para ensuciar la imagen y criminalizar a las víctimas tratando de eludir con ello su responsabilidad y, lamentablemente en ninguno de los dos países esto es excepcional. Tan solo en noviembre dos niñas de 7 y 11 años perdieron la vida a manos de soldados en Badiraguato y en octubre otros 6 civiles fueron asesinados en Tamaulipas entre otros muchos ejemplos, mientras que en Estados Unidos, además de Pretti y Renee Good, al menos 30 personas migrantes fallecieron violentamente estando bajo control del ICE.
