En tiempos en que los frágiles equilibrios se han ido rompiendo y se impone sin ningún pudor –quizá como nunca– la ley del más fuerte modificando con ello la geopolítica a pasos acelerados, las palabras del primer ministro de Canadá en el Foro Económico Mundial de Davos son una bocanada de aire fresco, sobre todo ante el penoso silencio de la mayoría que al parecer ha optado tan solo por bajar la mirada.
Se trata de un discurso muy potente en el que Mark Carney se refirió a la ruptura del orden mundial y al amanecer de una realidad brutal en que las grandes potencias no tienen freno, ante lo cual sostuvo que los demás países no están indefensos, ya que tienen el poder de construir un nuevo orden que integre valores como el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, soberanía e integridad territorial de los Estados. Dada su relevancia, les comparto algunas de las que considero son sus principales ideas:
Existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar, acomodarse, evitar problemas, a esperar que el acatamiento compre seguridad, pero eso no pasará.
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El disidente checo Václav Havel escribió en 1978 un ensayo titulado “El poder de los sin poder”, en el que planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista? Su respuesta empezaba con un tendero que cada mañana colocaba un letrero en su escaparate: ¡Proletarios de todos los países, uníos! Aunque no creía en esto de todos modos lo ponía para evitar problemas, pero como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persistía.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el tendero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de retirar los letreros. No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo mediante la integración, cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú.
La pregunta para las potencias medias no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos, o si podemos hacer algo más ambicioso.
El nuevo enfoque debe basarse en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
No se trata de apostar a un multilateralismo ingenuo, como tampoco depender de instituciones debilitadas. Se deben construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que compartan suficiente terreno común como para actuar juntos. Es crear una densa red de conexiones de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor del más fuerte, o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte si elegimos ejercerlo juntos.
Se debe construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, debemos crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Significa reducir la palanca que permite la coerción. Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos.
