MIGRACIÓN

Migración, miedo y la memoria que incomoda a EU

En América Latina se anticipan tensiones en las agendas migratoria y comercial: México será el primer país en sentir efectos por la frontera, remesas y cadenas productivas que mueven más de 800 mil millones de dólares al año. | José Luis Castillejos

Escrito en OPINIÓN el

El país que se proclama faro democrático no puede permitirse convertir a quienes buscan refugio en material descartable. La historia enseña que ningún régimen sale indemne de esa apuesta.

En los últimos dos años Estados Unidos registró más de 2.3 millones de detenciones en la frontera sur. Las cifras de la CBP muestran un aumento sostenido de flujos desde México, Centroamérica y el Caribe. 

En paralelo ICE aceleró deportaciones y endureció controles internos, con alrededor de 142 mil expulsiones en 2023 y un ritmo mayor en 2024. 

Organizaciones civiles documentaron más de 200 demandas en tribunales federales por trato degradante, separación familiar y limitaciones en solicitudes de asilo.

El discurso oficial insiste en la defensa de la legalidad pero los datos rechazan esa tesis. Estudios del Bureau of Justice Statistics muestran tasas delictivas menores entre inmigrantes que entre ciudadanos, lo que desmonta la asociación automática entre migración y crimen. 

Pese a ello se multiplican las redadas en ciudades del interior y se amplía el margen discrecional de agentes federales.

La comparación histórica provoca incomodidad. La Gestapo operó bajo un régimen totalitario que convirtió al disidente y al judío en enemigos internos. El Ku Klux Klan actuó durante décadas como milicia racial tolerada por autoridades locales. Hoy ICE es una agencia burocrática sometida a controles judiciales. Nadie equipara contextos que difieren en alcance, escala y brutalidad. Lo que resuena es la lógica del señalamiento y la deshumanización del otro, que sirve para cohesionar a mayorías temerosas.

La persecución del migrante latino impacta la relación con América Latina. México observa presiones en remesas, cadenas productivas y cruces fronterizos. Guatemala, Honduras y El Salvador reportan picos de retornos forzados y emergencias humanitarias con niñas y niños. La región carece de una respuesta diplomática sostenida y el tema se diluye entre campañas electorales y agendas de seguridad.

Estados Unidos edificó su mito fundacional sobre la travesía de extranjeros que buscaban oportunidades. 

Esa memoria, sin embargo, se fractura cuando se normaliza la detención de familias enteras y se convierte la frontera en un dispositivo punitivo permanente. 

Un país democrático se mide también por el trato dispensado a quienes carecen de voz en su Congreso y la historia deja claro que el miedo nunca produjo estabilidad duradera y Estados Unidos y su presidente Donald Trump lo saben perfectamente.

Washington endurece su política migratoria con nuevas reglas que aceleran expulsiones y restringen el asilo. En la última semana hubo más de 18 mil detenciones en la zona de frontera y un recorte de 12 por ciento en visas temporales para latinos.

Las medidas abrieron un frente judicial y otro político. Organismos civiles y fiscales estatales preparan demandas por violaciones a derechos humanos contra la administración de Donald Trump. En las últimas horas se registraron protestas con marchas de miles de personas que denunciaron discriminación racial.

La Casa Blanca presume que el respaldo de su base permanece estable. Aun así, encuestas de Gallup y Pew señalan una fatiga social con el clima de confrontación permanente y un desgaste de once puntos en el apoyo entre independientes.

Trump enfrenta investigaciones y procesos pendientes que podrían prolongarse durante su mandato. La incertidumbre institucional crece y sectores empresariales advierten de un impacto en inversiones por el riesgo para la gobernabilidad.

El desenlace no es inmediato. Dependerá de tribunales, del control del Congreso y de la presión de aliados que temen daños económicos y diplomáticos si se agudiza el conflicto político.

En América Latina se anticipan tensiones en las agendas migratoria y comercial. México será el primer país en sentir efectos por la frontera, remesas y cadenas productivas que mueven más de 800 mil millones de dólares al año.

Europa observa el giro estadounidense con cautela porque redefine reglas de seguridad y fragmenta consensos multilaterales. El trumpismo opera como fuerza transnacional con conexiones en partidos de derecha en Italia, Hungría y España.

Trump no caerá por desgaste mediático. Su punto de quiebre podría venir desde los tribunales, elecciones intermedias o una ruptura dentro del propio bloque conservador que sostiene su proyecto que poco a poco se va convirtiendo en fascista.

 

José Luis Castillejos

@JLCastillejos