Mientras México enfrenta sus propias crisis de legalidad, institucionalidad y gobernabilidad democrática, nuestros espejos más cercanos —Cuba y Venezuela— muestran el reflejo de lo que pasa cuando las instituciones se subordinan al poder, cuando los liderazgos optan por el autoritarismo y cuando las relaciones internacionales dejan de ser principios y se convierten en complicidades.
Lo que ocurre hoy en Venezuela y Cuba no es sólo parte de la historia de esos países: es también una advertencia. Porque su cercanía ideológica, económica y narrativa con el actual gobierno mexicano ha derivado en hechos concretos que comprometen recursos públicos, afectan la política exterior y condicionan la estabilidad regional.
Hay que decirlo claro: lo que pasa en La Habana y en Caracas ya no es un asunto lejano. Es un asunto que pasa —y pesa— en Palacio Nacional. Aquí dejo algunas ideas sobre el triángulo “Venezuela, Cuba y México”:
Te podría interesar
- México ya es el principal proveedor de crudo de Cuba, con más de 12 mil barriles diarios exportados en 2025, lo que representa el 44% de todo el petróleo que importa la isla.
- Estos envíos no son nuevos ni simbólicos, Pemex ya venía enviando crudo y petrolíferos desde 2024; entre enero y septiembre de 2025 el monto superó los 7,900 millones de pesos.
- Cuba vive una crisis energética severa, con apagones prolongados, colapso económico y creciente tensión social. La ayuda mexicana no ha evitado la inestabilidad, sólo la ha pospuesto.
- Cuba viene de quebrar a Venezuela. Desde que Venezuela dejó la seguridad (y el método para mantener el poder a espaldas del pueblo) en manos de Cuba… Pero empezó con doctores y esas misiones que tenemos en México.
- Venezuela, tras la captura de Maduro, enfrenta una reconfiguración autoritaria, decía el Maquío: “lo importante no es cambiar de amo, es dejar de ser perro” y la frase describe la realidad venezolana, salió un dictador, pero no se fue la dictadura. Incluso las liberaciones de presos políticos son simbólicas (ni el 10% del total).
- La “cuarentena petrolera” impuesta a Venezuela por EU es inédita: incluye decomisos, bloqueo de exportaciones y administración externa de ingresos, todo para evitar que el crudo financie el autoritarismo. La pregunta aquí sería a “qué autoritarismo”… ¿Rusia? ¿China?
- México aparece como un actor marginal, incapaz de incidir, pero sí expuesto a impactos secundarios como migración, inestabilidad energética y presión diplomática de EU.
- Parte del petróleo enviado por México a Cuba parece estar subsidiado o ser completamente regalado, lo cual representa no sólo pérdida económica para Pemex y para todos los mexicanos, sino un acto de alienación política no transparentado y sumamente negativo en el acomodo actual.
- La cercanía ideológica entre los gobiernos de México, Cuba y Venezuela se ha traducido en hechos, no sólo en discursos. Se ha transferido valor, se ha asumido costo político y se ha normalizado el silencio ante las violaciones a los derechos humanos.
- México ya no es simplemente un país observador, es un actor funcional de regímenes que han demostrado su vocación autoritaria, aunque lo disfracen de soberanía o resistencia.
La caída de Maduro es una buena noticia, es la caída de un dictador, pero no significa nada sin un cambio de fondo y mientras tanto México no solo ha perdido liderazgo internacional, ha perdido claridad moral. Al voltear la vista ante los abusos del régimen cubano o al callar frente al modelo autoritario de Venezuela, se deja claro que la política exterior de este gobierno no está guiada por principios, sino por simpatías.
Ayudar a un pueblo en crisis puede ser un acto de solidaridad. Financiar a un régimen que reprime y censura es otra cosa. No podemos seguir siendo la gasolinera de las dictaduras.
Lo que hoy se financia con petróleo, mañana puede costarnos más que millones de pesos: puede costarnos nuestra voz.
