Falleció el martes 30 de diciembre. Su trayectoria podría llenar muchas páginas, pero yo prefiero escribir desde lo que no se me quita de la cabeza: los momentos que me regaló. Lo conocí bien cuando fue coordinador de los Diputados del PAN en la LIX Legislatura (2003–2005), aunque para entonces él ya era Pancho Barrio: el de la desobediencia civil en Chihuahua después del fraude de 1986, el de los Bárbaros del Norte, el gobernador, el de las campañas de antes.
Se pueden contar muchos capítulos de su historia, pero hoy solo quiero compartir las postales que me dejó.
- 1984. Mérida, Yucatán. Aunque yo tenía apenas tres años, en casa siempre se hablaba de ese momento. Mi padre, Carlos Castillo Peraza, fue candidato a alcalde y, como hecho inédito, se organizaron una serie de conferencias tituladas Así gobierna Acción Nacional. A ellas asistieron tres alcaldes exitosos de Chihuahua: Luis H. Álvarez, Horacio González y Francisco Barrio. Hay imágenes de ese instante.
- 1986. Chihuahua: historia viva. Dos años después, mi padre viajó a apoyar la campaña de Barrio. El fraude electoral retumbó en todo México y, con él, emergió una figura: Pancho Barrio, líder de un movimiento de desobediencia civil. Don Luis H. Álvarez y Francisco Villarreal hicieron una huelga de hambre de 40 días en protesta.
Algunos miembros actuales del oficialismo —también del PRI y del PRD— encabezaron entonces una marcha pidiendo un “fraude patriótico”, con el argumento de que si Barrio llegaba a la gubernatura le “vendería Chihuahua a Estados Unidos”. Absurdo, pero cierto. - En 1992, ganó la gubernatura y se consolidó la primera mayoría opositora en un congreso local. Aún conservo en mi librero un botón rectangular blanco, con el nombre de Francisco Barrio impreso en azul y naranja, con un seguro de costura pegado con silicón detrás. Barrio hizo historia.
- 1997. Así gobierna el PAN. Ese año, mi padre fue candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal. En un evento nacional con el mismo nombre que el de 1984, Así gobierna el PAN, Barrio estuvo presente junto a Fox, Beto Cárdenas y Héctor Terán. Mostraban el contraste entre los gobiernos del PAN y los del PRI. Era el PAN que daba resultados, que se sabía diferente.
- 2003-2005. En San Lázaro. Empecé a trabajar en la Cámara de Diputados. Barrio era el coordinador del PAN. Lo vi hablar en reuniones previas, en eventos, en inauguraciones y foros. Era una persona con rumbo y con principios. Encabezó un grupo parlamentario que tenía gobierno, pero no mayoría. A veces parecía que el Legislativo no era su lugar —quienes vienen del Ejecutivo suelen verlo como más lento, menos eficaz—, pero fue un excelente coordinador, porque era, sobre todo, un ser humano íntegro.
- 2002-2006. En la memoria de mi padre. Durante esos años, con la Fundación Rafael Preciado Hernández y Acción Juvenil, publicamos tres libros y un video sobre mi padre. Como ya sonaban los presidenciables del PAN (Barrio, Calderón, Creel), en muchas presentaciones alguno de ellos nos acompañaba. En ese contexto conocí mejor a Barrio y su forma de ser: sencillo, de sonrisa afable, con una honestidad inquebrantable.
Contaba historias que enseñaban. Una de ellas la incluyo en mi libro 27 reglas del líder humanista:
“Cuando Francisco Barrio asumió como gobernador de Chihuahua —el primero de oposición—, dejó claro a todo su gabinete que no tenía amigos ni familiares que pudieran pedir favores en su nombre. Meses después, un amigo de la infancia fue multado y se quejó: ‘Le dije al agente que soy tu amigo y ni así me perdonó la multa’. Barrio le respondió: ‘¿No tienes para pagarla? Yo te la pago, pero no uses mi nombre para pedir excepciones’”.
Esa fue su manera de marcar el límite. Y esa anécdota le ahorró muchas otras. - 2024 Pensando en el futuro. Hace poco más de un año me tocó reunirme con varios exgobernadores del PAN para redactar una propuesta de reforma institucional. Ahí estaba Barrio, puntual, crítico, sensato. Habló con claridad sobre lo que había que cambiar, siempre con el ciudadano en el centro de sus ideas.
- 2025. Asamblea Fundación. Hace apenas unas semanas tuvo lugar la Asamblea de la Fundación Rafael Preciado Hernández, de la que Barrio es integrante y que actualmente dirijo. Estuvo en toda la sesión. Opinó con inteligencia, aportó con generosidad, y su humor —como siempre— hizo más grato el encuentro. No parecía una despedida, pero lo fue.
La vida va haciéndose un gran cementerio de anécdotas, lleno de momentos que nos constituyen. Barrio fue un gigante de la democracia, un político íntegro, y, por encima de todo, una gran persona. Destacó en todos los lugares donde estuvo: en la empresa, en el liderazgo social, en la alcaldía, en la gubernatura, en el gabinete presidencial, en la coordinación parlamentaria… y donde se le necesitara.
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Fue un gran esposo, un gran amigo, y alguien que —sin alarde— siempre le dio tiempo a las nuevas generaciones.
Nos hará mucha falta.
