DESESTABILIZACIÓN

Tiros precisos de ¿desestabilización?

Tras muchos años de violencia, la ciudadanía se acostumbró a vivir con ella y hoy como antes, el gobierno no atina a contener ese lastre social que algunos se deleitan en tipificar como terrorismo. | Ismael Jiménez

Escrito en OPINIÓN el

La ejecución de Ximena Guzmán y José Muñoz acaparó todos los medios de comunicación, fueron más de 36 horas repetitivas de la crónica de los hechos, la noticia impactó a la ciudadanía pero no generó shock, parece que la sociedad mexicana es cada vez más inmune o indolente ante la violencia.

Apenas el pasado 14 de abril, ejecutaron a dos personas en la plaza Andares del lujoso municipio de Zapopan, el hecho también acaparó los titulares de todos los medios. No existe ninguna relación entre ambos casos más que la violencia a plena luz del día.

La anterior juega en dos sentidos, el primero, el utilizado por la oposición, “la inseguridad y narcotráfico son la cotidianidad ante la inoperancia del narcogobierno”, afirman. El segundo es que, tras muchos años de violencia, la ciudadanía se acostumbró a vivir con ella y hoy como antes, el gobierno no atina a contener ese lastre social que algunos se deleitan en tipificar como terrorismo.

Pero, cuándo comenzamos a perder el país y cuándo este nivel de violencia se hizo cotidiano. La simplona oposición afirma que todo comenzó en 2018. Lo que la ramplona derecha no ha entendido no es si tienen o no razón en sus señalamientos, si sus aseveraciones son ciertas, que trabajen para demostrarlo, lo que se les crítica, es la vehemencia con la que hacen sus afirmaciones cuando antes o eran mudos o no existían.

Ejemplo, con Calderón dos secretarios de gobernación fueron abatidos, el primero, Juan Camilo Muriño y el segundo Francisco Blake Mora y salvo la envalentonada actitud del entonces presidente, el resto de correligionarios, adeptos y hoy vociferantes comunicadores y copartícipes guardaron en silencio, nunca se atrevieron a afirmar con la vehemencia de hoy que eran actos del narcotráfico, cuando ese gobierno lo combatió con narcotráfico.  

Cierto, sus deducciones simplistas y casi ridículas podrían argumentar que entonces no había redes sociales, pero nadie y ninguno de los que hoy vociferan narcogobierno, estuvieron o pusieron al micrófono o ante las cámaras a alguien que desapasionadamente reconociera la caída de los exfuncionarios como acto de narcotráfico.

Todas esas voces hoy se congratulan de que la sentencia a García Luna, sea de 38 años como si fuera un triunfo defender a un narcogobierno. Estas son las incongruencias que se le reclaman a la oposición ramplona. 

Un poco más atrás, la ejecución de Posadas Ocampo en 1993 o en 1994 la de Colosio y Ruiz Massieu, todas a plena luz del día, podría decirse que estos hechos fueron los primeros de ese nivel de violencia, pues luego de esto, la ciudadanía no volvió a ver una ejecución de esa magnitud hasta 1999 con la muerte de Paco Stanley.

Las razones de esas cuatro ejecuciones, hoy nadie las conoce a ciencia cierta, lo que sí es cierto que quienes hoy vociferan no documentaron ni investigaron los hechos y digamos que callaron a medias, hasta donde el poder y la corrupción les permitió hablar con una derecha callada y quizás coludida.

Pero suponer que esos hechos fueron el punto de partida de la violencia que hoy vivimos, es una percepción equivocada, los medios del norte del país ya reportaban ejecuciones a funcionarios de gobierno, policías, expolicías y periodistas desde el inicio de los años noventa. Jesús Blanca Ornelas entre otros reportaban y denunciaban narcotráfico y corrupción en los gobiernos estatales sin que dichas notas tuvieran eco en los medios de alcance nacional o en los gobiernos en turno. En otras palabras, el entonces D.F. vivía “blindado” de la violencia que reinaba en las calles de otras entidades.

Por eso tal vez algunos vociferantes de hoy suponen que todo comenzó cuando la violencia les estalló a las puertas de su casa, pues en muchos casos, no sabían que en sus barrios lujosos y de clase media, convivían con narcotraficantes, algo impensable o inimaginable para ellos. Así que su ignorancia basada en esa percepción, los llevó a criminalizar la pobreza, pues los narcos generalmente son gente jodida.

Quien investigue un poco más, descubrirá que no es precisamente así, cierto, la pobreza sigue siendo carne de cañón, pero no necesariamente el origen, ni la causa del narcotráfico. En todo caso, es una herramienta, un ardid de desestabilización social o de intervención a otros países. Las pruebas están en el aire, hay “mexicanos” que imploran y salivan la entrada del ejército estadounidense en territorio nacional y Trump se frota las manos.

Pero volviendo a la ejecución de Ximena Guzmán y José Muñoz, quizás valga la pena mirar un poco más allá del narcotráfico como autor intelectual y virar la mirada hacia la precisión de los tiros que bien podrían venir de grupos con pretensiones de desestabilizar la 4T.

¿Locura? No precisamente, no olvidemos que desde 2018 se avivaron los grupos que fueron hasta las puertas de los cuarteles del ejército a suplicar que los acompañarán en su “rebelión” contra la 4T. ¿Mera anécdota? quizás, pero la reyerta política sigue encendida y la derecha lo hemos dicho muchas veces, no sabe perder, ni encuentra la brújula política.

Desde hace unos meses, aparecieron en redes sociales campañas que promueven que, ante la violencia, es menester matar delincuentes (que no narcos) para salvaguardar su “bienestar” y patrimonio. Por eso la abuelita de Chalco se hizo viral en redes sociales, pues es justo lo que la ultraderecha requiere para desestabilizar al país y enarbolar la bandera de que, este gobierno además de inepto, protege y privilegia la delincuencia y al narco.

El anhelo de la oposición es que este gobierno fracase en todos los sentidos y si ocurre por temas de violencia mejor, pues su fórmula es combatir la violencia con violencia y con el miedo como arietes. 

¿De verdad supone amigo lector que a la derecha recalcitrante le interesa la propiedad de la abuelita de Chalco? Por supuesto que no, lo que más elogiaron fue el uso de la violencia como justificación para “proteger la propiedad privada”. ¿Es malo defender el patrimonio? No, la crítica está en la intención y manipulación de los hechos para justificar la “defensa” con la violencia que ellos mismos promueven y piden remediar al gobierno. 

Los tiros precisos no siempre vienen del crimen organizado o del narcotráfico, también hay tiradores agazapados que buscan y promueven la desestabilización social y siempre habrá carne de cañón dispuesta a actuar. Un abrazo a las familias de los funcionarios asesinados y a todas las familias de los ejecutados que se encuentran en el anonimato porque sus nombres no dan para la de ocho columnas.

 

Ismael Jiménez 

@ijm14