CONTRA EL PATRIARCADO

Contra el patriarcado

Sara Berbel y Bernat Castany en “Obedecedario patriarcal” plantean la necesidad de generar estrategias de resistencia para tirar el sistema de dominación patriarcal. | Leonardo Bastida

Escrito en OPINIÓN el

El fantasma del patriarcado recorre el mundo, o más bien, lo ha recorrido por siglos, de tal manera que su huella parece indeleble y su presencia eterna. Afortunadamente, desde muchas miradas se ha cuestionado su existencia y se intentan desentrañar sus mecanismos de resistencia para construir sociedades más igualitarias y evitar la subyugación de las personas con base en su sexo y su género, pensados desde una mirada binaria, en la que sólo hay dos posibilidades de ser y de estar en el mundo.

A partir de estas inquietudes, una psicóloga social, Sara Berbel, y un filósofo, Bernat Castany, parten de la premisa de que el patriarcado ha sido un sistema de dominación depredador con tal eficacia que ha logrado su naturalización, y a partir de esa sentencia, plantean la necesidad de generar estrategias de resistencia, o más bien, de feministencia, consistente en hacer visibles todas aquellas ramas que le otorgan al patriarcado esa posibilidad de sujetarse y sostenerse.

Y más aún, deshacer ese follaje a través del cual se oculta, de una forma tan perfecta, que resiste a cualquier embate o intento de resquebrajamiento. La síntesis de este ejercicio es “Obedecedario patriarcal. Estrategias para la resistencia” (Anagrama, 2024).  

Un primer paso, emulando a la palabra abecedario, utilizada en el sentido de establecer una serie de pasos a seguir, es comprender la existencia de un obedecedario, o conjunto de normas patriarcales impuestas, tanto para mujeres como hombres, dictadas de una manera que se deben seguir al pie de la letra para no propiciar un caos, según las percepciones de unas cuantas instituciones hegemónicas, cuya ideología se ha asentado en muchas mentes. 

En el caso de las mujeres, este obedecedario consiste en siempre otorgar, en el sentido de dudar de si mismas, ceder y obedecer; borrar, relegándose a los ámbitos privados; disminuir, a través de la renuncia a la libertad y a privilegiar el miedo, y claudicar, cuando se calla y se resguarda fuera de la arena pública. 

En el de los hombres, exige el opinar, para mostrarse siempre seguro; batallar, al someter la realidad a sus ideas y no sus ideales al contexto real; desplegar, cuando se privilegia el propio placer por encima de los demás, y conquistar, latente anhelo de imponer y de ceder ante nada ni nadie. 

La contrarrespuesta es un apartado de estrategias para la desobediencia, consistente en varias sugerencias, como el rechazar todo proyecto político que deje de lado a las especificidades, en particular, las económicas, de las mujeres; insistir en la aparición y la participación en la vida pública de las mujeres; rebelarse contra aquellas muestras de que sólo existe una forma de ser mujer, y de forma implícita, hombre, y por último, atreverse a saber y a conocer, aprender, leer y pensar.

A través de estos planteamientos, les autores consideran que las personas puedan comenzar a replantearse muchas de las conductas aprendidas y que les han llevado a replicarlas, sin muchas veces, cuestionar la validez de las mismas o darse cuenta que esa noción conceptual del patriarcado está más arraigada de lo que se piensa y se le perpetua de forma inconsciente.

Además de enfatizar que no se trata de dirimir la situación con base en el sexo o en el género, o caer en el lugar común de cual es mejor o peor, sino más bien, a través de la aplicación de una mirada feminista, “opuesta a la violencia y a la muerte, más bien, cercana al acto de dar vida, no solo en un sentido biológico, sino también artístico, intelectual o político, como un modo más libre e igualitario de organización social”.

Y confiar en que “cada persona posee la capacidad de desprenderse de los condicionamientos que le han sido impuestos desde su nacimiento y tomar las riendas de su propia existencia para vivir y convivir mejor”.

Una vez que se cobre conciencia de esto último, activar ese deseo de cambio introyectado en cada ser humano y ofrecer una resistencia, sustentada en la desobediencia, para cerrarle el paso a ese fantasma patriarcal cuyas consecuencias son las violencias de género, la desigualdad y las brechas de género, la cosificación de los cuerpos de las mujeres, el machismo, la misoginia, la discriminación por sexo o por género, el techo de cristal, entre muchas otras dolorosas realidades.

Leonardo Bastida

@leonardobastida