Un juzgador de carrera baila al ritmo de una cumbia para buscar votos; otro candidato se muestra como asistente a la concentración en el Zócalo en medio de banderas guindas; otros se acercan a operadores de estructuras partidistas para buscar su apoyo. Las vías y los incentivos para ser juzgador federal han cambiado. De las técnicas de argumentación y redacción de sentencias se ha pasado a las técnicas del movimiento de cadera o de exposición mediática. De un sistema en el que los méritos fueron el elemento central para una designación, la clave es ahora la popularidad, sin bien le va, o caer como rehén en las redes de los operadores de estructuras de votantes (los gobernadores, las fuerzas políticas, los grupos de interés).
La reforma judicial nace ya fracasada como un proyecto que podría hacer viable un mejoramiento de la justicia. No hay justicia sin imparcialidad y conocimiento. Una y otra han quedado sacrificadas en un proceso en el que poco importan. El conocimiento es prescindible, la imparcialidad no gana votos.
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Formalmente las campañas electorales para juzgadores están en sus primeros días. En realidad han empezado ya mucho antes. Quienes tienen una posición de privilegio y mayor cercanía a los aparatos electorales, se han posicionado ya y están construyendo sus estructuras y bases electorales.
Con las campañas se está construyendo una nueva pedagogía en el acceso a la función judicial. Si suponemos que los jueces, la judicatura, debe establecer la forma en la que se aplica la ley y que debería hacerlo de la manera más objetiva e imparcial posible, tal cuestión, ¿qué enseñanza quedará luego de las campañas? Si los competidores han iniciado campañas antes de la fecha en la que debe iniciarse, se está ante una simulación. Si a pesar de la prohibición de emplear recursos públicos o privados para promoverse se recurre a ellos, se está ante una simulación. Si los funcionarios públicos tienen prohibición de participar en la promoción de candidatos y a pesar de ello lo hacen, se está ante una simulación. Si los partidos políticos tienen prohibido apoyar a los y las candidatas y lo hacen, se está ante una simulación.
La pedagogía del proceso electoral de la reforma judicial es un conjunto de lecciones de cómo burlar la ley. Pero a la vez es la consecuencia natural de su diseño: es la cosecha esperable de la mala semilla.
Tener a un juzgador bailando para conseguir votos, es la imagen perfecta de lo grotesco a lo que conduce un proyecto fracasado desde el inicio.