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Aranceles: ganando tiempo

Frente a Trump, México se plantea la no confrontación, en parte porque no existe capacidad para nada más y la solicitud de un trato especial, distinto al de otros países ¿es eso posible? | Jorge Faljo

Escrito en OPINIÓN el

El pasado miércoles Trump anunció la imposición de un arancel del 25 por ciento a todos los autos importados. Su edicto señala que los fabricantes norteamericanos han sufrido entre otros problemas dificultades de abasto de insumos y huelgas. Mientras que las empresas extranjeras reciben subsidios y apoyos diversos. Esto provocó, dice, que la producción interna haya disminuido a cerca de la mitad de los automóviles que se venden en el país y el alto nivel de importaciones amenaza deteriorar la seguridad nacional de Estados Unidos

El automóvil es un pilar fundamental del consumo moderno; es uno de los bienes durables más caros, después de una vivienda, que adquiere un consumidor de clase media y alta. La industria automovilística activa muchas otras industrias como el acero, vidrio, plásticos, electrónica y energéticos y genera un importante número de empleos tanto en la producción como en el mantenimiento y reparación de los autos. En la venta de automóviles interactúa de manera fundamental el crédito bancario. Es en suma un importante indicador del bienestar socioeconómico, del grado de industrialización y avance tecnológico y de la buena operación financiera de un país. 

En la mayoría de los países tener un automóvil es símbolo de estatus y una comodidad a la que solo accede una minoría de la población. En Estados Unidos es distinto; para gran parte de la población tener automóvil es verdaderamente indispensable. La urbanización norteamericana de las últimas décadas ha creado una dependencia estructural del automóvil. Es una característica de la expansión suburbana de las clases medias deseosas de una casa amplia, con jardín y alberca, necesariamente alejada de los centros urbanos. Son espacios en los que ir al trabajo, la escuela, al médico, a la farmacia o a cualquier compra requiere movilizarse en auto. 

Trump se plantea reforzar la manufactura norteamericana, en notable rezago ante China que tiene casi el doble de capacidad industrial y en muchos sectores una tecnología superior. Para conseguirlo plantea como eje de su estrategia forzar la reinstalación dentro del territorio norteamericano de la producción de automóviles. Su mensaje y amenaza para las empresas automovilísticas es brutalmente claro: vengan a producir y generar empleos dentro de Estados Unidos y recibirán beneficios fiscales; produzcan en el exterior y tendrán que pagar un arancel tan alto que dejarán de ser competitivas para el consumidor norteamericano. 

¿Es viable la estrategia de Trump? Varios elementos apuntan en este sentido. Por una parte, entre mayor sea el porcentaje de producción local es menor el impacto en la importación de autopartes con aranceles. Un automóvil que se produzca al 100 por ciento con insumos internos, no sufriría ningún impacto. Aunque dada la producción globalizada ningún automóvil se encuentra en esta condición. Pero el hecho es que dentro de Estados Unidos serán más competitivos los automóviles con mayor contenido local. 

Además hay que considerar que los aranceles constituirán un ingreso fiscal que dará recursos que podrán ser aplicados a la reducción de impuestos a los consumidores, en particular de ciertos bienes, por ejemplo automóviles. Trump le apuesta a mitigar el golpe inflacionario inicial y presumir más adelante la generación de empleos. Dado que su gobierno recién inicia no está sujeto en lo inmediato al riesgo de elecciones. 

Finalmente habría que decir que aunque las altas importaciones de automóviles no parecen amenazar la seguridad nacional norteamericana; el rezago industrial respecto a China si lo es. 

El caso es que estos aranceles pegan por todos lados. Francia y Alemania convocan a la Unión Europea a responder conjuntamente de manera recia para hacer reconsiderar a Trump. El primer ministro define los aranceles como un ataque directo y anuncia represalias económicas aplicadas de manera creciente dependiendo de la aplicación de los aranceles. Esto porque el edicto de Trump define lo general y permite opciones operativas con diferentes consecuencias. 

No obstante, lo caótico de las acciones de Trump no deberían llevar a pensar que son caprichos reversibles. Los problemas de fondo que lo impulsan son bastante críticos; está en juego seguir siendo la primera potencia mundial y satisfacer una base social empobrecida que exige el regreso de los buenos empleos. Es decir que así sea a tropezones Trump define un rumbo que efectivamente seguirá durante su administración. 

Este cambio golpea a México en un momento de fragilidad. Más de un sexenio de crecimiento menor al 1 por ciento, es decir más bien de estancamiento; en desaceleración económica y retroceso industrial, entrando a un año de posible recesión; con mínima generación de empleo formal y pagando salarios reales menores a los de hace 45 años; importando buena parte del consumo básico de la población, alimentos, calzado, vestimenta, electrodomésticos y con un gobierno enano, en pobreza franciscana. 

Frente a Trump se plantea la no confrontación, en parte porque no existe capacidad para nada más y la solicitud de un trato especial, distinto al de otros países. ¿Es eso posible? Tal vez sí, porque México es para Estados Unidos un caso especial que incide en su seguridad nacional en aspectos que en su conjunto son más importantes que el tema automovilístico.

Para Estados Unidos es importante que México combata con eficacia al crimen organizado, incluyendo su influencia política y financiera; que se detenga el paso de fentanilo y de migrantes; que dejemos de ser puente de paso de mercancías chinas y ayudemos a contener el poderío oriental; y que no ocurra una conmoción socioeconómica en su frontera sur. 

Además está el peso político de la población de origen mexicano y la importancia que ha demostrado la mano de obra informal en actividades como las agrícolas y de construcción. 

Todo lo anterior es un tema de seguridad para Estados Unidos que puede ser un factor en la negociación. Si es así se podría ganar algo de tiempo no para mantener el mismo modelo, sino para revolucionarlo de manera administrada. Sabemos que la globalización es un camino fracasado. Tenemos que reorientarnos hacia un esquema de crecimiento económico integral, empezando por autosuficiencias estratégicas y generación de empleos de bajo costo. Para ello habrá que abandonar el libre comercio. 

Jorge Faljo

@JorgeFaljo