Hoy sabemos un poco más. A unos días de que la Fiscalía General de la República, a través de su titular, abriera —por así decirlo— el telón para que comenzaran las pesquisas ministeriales federales en el caso Teuchitlán, lo dicho por las autoridades federales confirma que el Rancho Izaguirre era efectivamente un centro de reclutamiento forzado. Según el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, esta información ha sido posible gracias a los testimonios de José Gregorio “N”, alias “El Lastra”, presunto responsable del reclutamiento para dicho centro, al servicio del CJNG.
García Harfuch también advirtió que en ese lugar se torturaba y asesinaba a jóvenes que se resistían al adiestramiento o intentaban escapar, y que la Unidad Cibernética logró desmontar 39 páginas en redes sociales dedicadas a la cooptación de personas. ¿Qué nos dice esto? Primero, que todas las organizaciones armadas —sean terroristas, paramilitares o cárteles— necesitan nutrirse de adeptos. Algunas apelan a motivaciones ideológicas como el nacionalismo, la defensa de la patria, o la protección de otro grupo, incluso del propio Estado.
En el caso de los cárteles, el reclutamiento ocurre en contextos marcados por la vulnerabilidad: jóvenes sin acceso a oportunidades laborales o educativas, y con carencias económicas. Muchos son sonsacados mediante promesas de dinero, poder, estatus o pertenencia, a veces incluso a través de la familia, como sucede con el Cártel de Sinaloa.
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Lo ocurrido en el Rancho Izaguirre, sin embargo, representa un escalón más abajo en la degradación: el reclutamiento forzado como método sistemático. Primero se analiza la vulnerabilidad de las víctimas; luego, el secuestro. Una vez cooptados, se les obliga a dejar su ropa, pertenencias, mochilas, calzado, incluso a escribir cartas de despedida a sus familias. Después, se les somete mediante terror y violencia para que trabajen como halcones, cocineros, sicarios, esclavos sexuales o soldados.
El asesinato, la tortura y la muerte funcionan como castigo ejemplar para quienes intentan escapar y como advertencia para quienes permanecen dentro. Esa es la lógica.
En 2023, Rafael Prieto-Curiel, Gian Maria Campedelli y Alejandro Hope (QEPD) publicaron un estudio crucial en la revista Science, titulado Reducing cartel recruitment is the only way to lower violence in Mexico. En él establecen que, para 2022, los grupos criminales en México sumaban entre 160,000 y 185,000 integrantes, convirtiéndolos en uno de los principales empleadores del país. Además, estiman que los cárteles reclutan unas 350 personas por semana. Con base en modelos matemáticos, advierten que, de continuar esta tendencia, podríamos alcanzar los 200,000 miembros en 2027.
Tal vez una de las observaciones más importantes del estudio reside en la vulnerabilidad de los cárteles: su necesidad de reclutar constantemente para subsistir. Si se logra reducir su capacidad de reclutamiento —sumado a las bajas por enfrentamientos, detenciones y presión institucional— podría disminuir también la violencia.
El estudio sostiene que el aumento de detenciones por parte del Estado no reduce la violencia; solo la desplaza. Si no se logra frenar el reclutamiento, estaríamos hablando de un posible incremento del 40% en los homicidios relacionados con el crimen organizado y un crecimiento sustancial del 22% en el tamaño de estas estructuras criminales. Por el contrario, si se logra reducir a la mitad la capacidad de reclutamiento, podría disminuir la violencia en un 25% y reducir el tamaño de los cárteles en un 11% para 2027.
Los autores también advierten sobre un “umbral crítico de reclutamiento”: si un cártel logra incorporar al menos el 10% de lo que pierde por enfrentamientos o arrestos, se vuelve prácticamente indestructible por medios tradicionales. Superarlo implicaría que el Estado tendría que aumentar las detenciones en un 21%, algo logísticamente inviable.
Independientemente de lo ocurrido en Jalisco, la posibilidad de disminuir el reclutamiento junto con las demás estrategias nos disminuiría obviamente la posibilidad de más ranchos Izaguirre, de no hacerlo, lamentablemente estaríamos en la posibilidad también de esperar otros por venir
Moneda al Aire: Cuando la Oficina del director de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos (ODNI) hace pública su Agenda de Riesgos para la comunidad de inteligencia, y su principal riesgo, el narcotráfico y los cárteles a la par de organizaciones terroristas como ISISK debemos de entender que mucho del futuro de nuestro país estará en los logros que se puedan dar en la materia, mucho peso encima de los hombros de los funcionarios de seguridad.