Dice el refrán que “santo que no es visto, no es adorado”. Lo mismo sucede con los líderes y lideresas. Si no los vemos, no existen. El liderazgo es una necesidad en los sistemas democráticos porque favorecen la competencia y ponen límites al abuso de poder.
Sin embargo, el mundo enfrenta una crisis de liderazgos. El agotamiento del modelo neoliberal y el fortalecimiento del populismo provocaron un déficit de dirigentes capaces de negociar, construir acuerdos y abordar los desafíos actuales con eficacia.
El déficit de liderazgos lo empezamos a ver desde hace varias décadas. Los modelos de concentración de poder explican una parte del problema. La mercadotecnia y el desarrollo de las nuevas tecnologías también incidieron en esta situación.
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La polarización, la pérdida de confianza en los partidos tradicionales, los golpes a las instituciones democráticas y la molestia con quienes se alejaron de las necesidades y demandas legítimas de la ciudadanía debilitaron o desaparecieron las figuras aspiracionales que conocimos en el siglo XX.
Como resultado de lo anterior, se fueron acentuando algunos problemas globales: inseguridad, pobreza, desigualdad, corrupción, impunidad, violencia en sus diversas expresiones y cambio climático. El nuevo escenario abrió, así, una ventana de oportunidad a nuevos liderazgos.
El poder ha ido cambiando de manos, pero con ciertas características especiales. Por un lado, los líderes hoy son más fuertes porque tienen la capacidad de erosionar los contrapesos y cuentan con amplias bases de apoyo social. Por el otro, porque en el actual ecosistema de comunicación apelan más a la emoción que a la razón.
En otras palabras, esto no significa que en México falten figuras con poder, popularidad e influencia. Existen, pero son menos. Y los pocos que quedan fragmentan y debilitan a los liderazgos intermedios, a partir de la construcción de figuras mesiánicas que explotan y aprovechan el descontento social.
Al mismo tiempo, los líderes todopoderosos desvalorizan a quienes ejercen un liderazgo técnico y profesional, desplazándolos por personas recomendadas, en las que cuenta más la lealtad y los intereses de grupo que la preparación.
La falta de soluciones sostenibles y de largo plazo que se verá en varios países terminarán por agotar a los gobiernos populistas. En la mayoría de los casos, ya no será suficiente para los pueblos reemplazar a un populista por otro populista. Se gestarán, por lo tanto, situaciones de crisis hoy impensables, pero muy peligrosas.
En democracia, los líderes pequeños o invisibles no existen. No sirven de nada. Sin embargo, el sistema de partidos parece no haberse percatado de esta preocupante realidad. Los efectos adversos que provoca no son sólo para una oposición que está en vías de extinción, sino también para los partidos en el poder.
Por eso resulta inexplicable la poca o nula importancia que le están concediendo a la formación de cuadros, a la capacitación de las nuevas generaciones para ejercer liderazgos alternativos, regionales y emergentes. Las ambiciones personales de los líderes tradicionales y su deseo incontrolado de aferrarse al poder acabarán por destruirlos.
Lee más: ¿La presidenta no los ve ni los oye? Opinión La Silla Rota, 16/10/2024.
La formación de cuadros es una de las mayores necesidades de cualquier sistema de partidos, pero más de los que están en crisis. El abandono de proyectos académicos, tanto teóricos como prácticos, le está costando muy caro a quienes perdieron sus estructuras de poder.
El cambio de paradigma es absolutamente indispensable porque el buen líder no surge de la nada. Todo lo contrario. Se le identifica. Se crea al personaje. Se le forma, educa, capacita y entrena. Un líder se actualiza constantemente. Además hay que ponerlo a prueba, de manera particular en situaciones de conflicto y crisis.
Pero eso no es todo. Se necesita un cambio profundo de paradigma, en el que las universidades e instituciones de educación superior asuman una mayor responsabilidad y en el que los institutos políticos corran el riesgo de que los nuevos líderes que se formen en sus aulas no estén obligados a permanecer dentro de sus filas.
Recomendación editorial: Isaac Hernández. Maestro de sombras. La construcción del liderazgo político (volumen 1). Málaga, España: Editorial ExLibric, 2024.