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¿La patria es primero?

En política, las ambiciones personales casi siempre pesan más que los intereses nacionales. | José Antonio Sosa Plata

Escrito en OPINIÓN el

Así lo escribió Maquiavelo: “La ambición tiene un gran poder en el corazón humano y nunca le abandona por muy alto que haya llegado”. Los seres humanos “pasan de una ambición a otra y aunque en principio tratan sólo de no ser perjudicados, terminan perjudicando a los demás”.

La ambición personal es el motor de la política. La definición del concepto no deja lugar a dudas: la ambición es “un deseo ardiente de conseguir algo, especialmente poder, riquezas, dignidades o fama”. Es algo que se busca con tenacidad y vehemencia, pero que sin duda se facilita con el poder mismo.

En la lucha por el poder, la ambición no tiene límites. Cada objetivo alcanzado y cada etapa superada nunca serán suficientes. La posibilidad de obtener más es una condición natural que detona avaricia y envidia. Y cuando no se obtiene lo que se desea, entonces surgen los conflictos, el abuso de poder, la corrupción, la impunidad, la violencia y la guerra.

No todas las ambiciones son malas. Incluso es posible armonizar las grandes causas de los partidos políticos con los intereses de unos cuantos. Los límites los marcan las leyes y la ética. La congruencia y el cumplimiento de los compromisos sólo serán percibidos por la población si el discurso y las narrativas corresponden con los hechos.

Te puede interesar: Alicia Villar Ezcurra. "Ambición, libertad y justicia en Maquiavelo", en Revista Pensamiento, Volumen 66, 2010, Número 248, pp. 261-275.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha permitido ver, por ejemplo, cómo se combinan las ambiciones personales con los grandes objetivos nacionales. “Hagamos grande a América otra vez” es una misión que no ha podido ocultar los verdaderos objetivos de los grupos fácticos y de interés que están detrás de su gabinete.

La trayectoria de varios funcionarios de primer nivel no tiene obstáculos significativos para que puedan desempeñar sus actividades personales o empresariales. Tampoco parecen tener límites los poderes Judicial y Legislativo. Mucho menos los grandes medios de comunicación.

Lejos quedaron los tiempos en los que el poder político era más fuerte que el poder financiero, al menos temporalmente. La llegada de empresarios y de líderes de la sociedad civil a las altas esferas gubernamentales crearon un nuevo paradigma. Hoy, el pragmatismo y los altos niveles de respaldo popular favorecen las decisiones unilaterales de las y los gobernantes por encima de la negociación, el acuerdo y el consenso.

Consulta: María del Mar Martínez Rosón. "La ambición política en situaciones adversas: contextos institucionales y personales", en Revista de Estudios Políticos (nueva época), Número 146, Madrid, España, octubre-diciembre 2009, pp. 113-148.

En el actual escenario, los partidos políticos no siempre son instituciones cohesionadas por una causa. En realidad, están conformados por dirigentes que buscan posiciones de poder; que responden a intereses personales o de grupo, y que les estorban los contrapesos. Si la causa se ajusta a sus ambiciones personales, todo avanza. En caso contrario, surgen la deslealtad o la traición.

Los intereses personales de los políticos pueden ir cambiando conforme avanza su carrera. Las adaptaciones dependerán de las relaciones de poder que vayan forjando con el tiempo, del contexto en que se mueven y de los recursos e instrumentos administrativos que tienen a su alcance. La uniformidad de criterios, normas y propuestas es, por lo tanto, una simple aspiración retórica.

En el mismo sentido, se puede asegurar que las transformaciones internas de las personas están relacionadas con sus valores éticos. Los estudiosos del tema concluyen que, mientras más grande es el poder que logran, mayores son las posibilidades de asumir altos riesgos si los resultados esperados van en favor de sus beneficios personales.

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Los proyectos de cambio y transformación que los partidos han ofrecido a la ciudadanía desde el año 2000 no desplazaron tampoco las ambiciones personales de muchos dirigentes y líderes. Algunos tuvieron la habilidad de legitimarse, aunque no cumplieron con sus promesas principales. Otros perdieron su reputación por privilegiar sus ambiciones personales.

Sin embargo, el efecto más devastador de lo que pueden hacer las ambiciones personales lo estamos viendo con la debilidad extrema de casi todos los partidos de oposición. Al optar por los privilegios de unos cuantos, sacrificaron la defensa del pueblo, de su ideología y de sus proyectos de nación.

Siguiendo la línea de Maquiavelo, es cierto que no todos los seres humanos son enteramente buenos ni enteramente malos. Pero también lo es que cuando los valores y los principios de los liderazgos son frágiles, las ambiciones personales se vuelven desmedidas. Desafortunadamente, en nuestro país sus deseos se han visto potenciados por la impunidad y el crimen organizado.

A pesar de lo anterior, se puede asegurar que el amor a la Patria y al pueblo sí existe. También que hay proyectos, misiones y causas que llevan a grandes sacrificios no sólo de los líderes sino de amplios grupos de la población. Pero de ahí a pensar que para los partidos la patria es primero, eso sí que está muy lejos de la realidad y del pragmatismo que los caracteriza.

Recomendación editorial: Ben Ansell. ¿Por qué fracasa la política? México: Editorial Ariel, 2024.

 

José Antonio Sosa Plata

@sosaplata