8M

Hasta que caiga el último vidrio

Yo celebro que esas jóvenes levanten la voz y levanten los mazos para echar abajo hasta el último vidrio, mientras tengamos autoridades sordas y alguna mujer siga padeciendo violencia de género. | Fausta Gantús

Créditos: Fausta Gantús
Escrito en OPINIÓN el

Y sí, el pasado 8 de marzo las mujeres, en su mayoría jóvenes, volvieron a romper los vidrios del Palacio de Gobierno en la ciudad de Campeche. ¿Y por qué no? 

Las mujeres, desde madres con sus bebés hasta personas mayores y aún alguna en silla de ruedas, se concentraron en el paradero turístico en el que muy coloridas se alzan las letras con el nombre de la ciudad: CAMPECHE; como si en Campeche hubiera motivo para la alegría. La marcha inició ahí, en el malecón, se desplazó por la peatonal de la calle 59 para tomar la avenida 16 de septiembre y recorrió gran parte del circuito baluartes, esto es, el perímetro que rodea el recinto amurallado del centro histórico, cuyos accesos se encontraban bloqueados por unas vallas metálicas de seguridad de popotillo y agentes de la policía local. Las manifestantes, portando pancartas y coreando consignas –“Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”; “Iglesia y Estado, asuntos separados”; “Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo”; “La policía no me cuida, me cuidan mis amigas”– continuaron por calle 18 y tomaron después la 59, doblaron en la calle 10 y retornaron a la avenida 16 de septiembre para llegar enfrente de los recintos de la Cámara de diputados y diputadas y el Palacio de Gobierno estatal, ambos edificios “protegidos” por las mismas vallas metálicas. Para que nada faltara, a lo largo de todo el recorrido había fuerzas antimotines de entre 20 y 40 elementos cada uno, más policías en motos dando vueltas alrededor de las “temibles” manifestantes.

A lo largo del recorrido las jóvenes hicieron algunas pintas en las paredes y sólo al llegar al Palacio, desde donde desgobierna Layda Sansores, quien desearía ser conocida como “María Antonieta” –la que come marquesitas de cajeta mientras el pueblo no tiene para tortillas–, se dieron a la tarea de golpear los vidrios hasta hacerlos caer, mientras sonaba, la que podemos considerar ya himno: “Canción Sin Miedo” de Vivir Quintana. Dentro, las fuerzas antimotines en formación tortuga resguardaban el acceso al inmueble. En cada uno de los tres pisos del Palacio era posible observar la circulación de muchos individuos, del sexo masculino. Pero las mujeres no pretendían ni causar disturbios ni “tomar” Palacio de Gobierno, así que los antimotines y la Sansores recibieron una bofetada con guante blanco. 

Foto: Fausta Gantús

“Pero volvieron a romper los vidrios de Palacio”, escucho la queja reiterada de desconocides, pero también de conocides, amigues y familia y no puedo dejar de sorprenderme del arraigo tan hondo del machismo y la misoginia. No puedo dejar de sorprenderme de la falta de empatía y de la incapacidad de comprender que se trata de un acto simbólico contra un gobierno que aún persigue y pretenden encarcelar a las mujeres que el año pasado rompieron los cristales. Que se trata de un acto de protesta contra el morenista y transformador gobierno de Layda Sansores durante el cual la violencia en general ha crecido exponencialmente y ha habido hasta personas asesinadas a plena luz del día en las puertas de sus casas lo que, hasta hace unos años, no se había visto en la ciudad ni en el estado de Campeche.

Que en Campeche es muy bajo el índice de feminicidios, declaró el día previo a la marcha, el 7 de marzo, la directora del Instituto de la Mujer, Vania Kelleher Hernández, quien nunca destacó por su activismo feminista, vamos, ni siquiera por expresar una posición feminista y como premio por dejar atrás dos décadas de militancia priista y convertirse en una morenista “convencida”, recibió el cargo que hoy ostenta. Seguramente la directora Kelleher tiene sus propios datos y desconoce que el feminicidio es la manifestación extrema de la violencia de género y que, en ese sentido, alrededor del 40% de las mujeres en el estado sufre cada año algún tipo de violencia de género, desde emocional hasta física. Por ejemplo, en el caso de la violencia vicaria, que es esa en la que se ataca a las y los infantes para dañar a la madre, Campeche fue el estado con el más alto índice en 2024 y la violencia familiar se incrementó en más de 250% entre 2021 y 2024. Pero, claro, sólo hay que hablar de lo que se ve bien. 

¿Por qué ese exceso de “seguridad” el 8M en Campeche? La respuesta es muy simple, para intimidar y desalentar la participación de más mujeres que temerosas optan por quedarse en sus casas y no arriesgarse a recibir algún daño. Y, claro, también para que, de ser posible, permanezcan en silencio sufriendo abusos y violencia, sin denunciarla, para no alterar las cifras alegres del gobierno.  

Por eso yo celebro que esas jóvenes levanten la voz y levanten los mazos para echar abajo hasta el último vidrio, mientras tengamos autoridades sordas y alguna mujer siga padeciendo violencia de género

* Fausta Gantús

@fgantus

Profesora e investigadora del Instituto Mora e integrante del SNII. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Entre sus publicaciones más recientes se cuentan el libro “Caricatura e historia. Reflexión teórica y propuesta metodológica” (2023); “La toma de las calles. Movilización social frente a la campaña presidencial. Ciudad de México, 1892” (2020, coautoría); así como la co-coordinación de “Un siglo de tensiones: gobiernos generales y fuerzas regionales. Dinámicas políticas en el México del siglo XIX” (2024) y “Emociones en clave política: el resentimiento en la historia. Argentina y México, siglos XVIII-XX” (2024). Autora también de “Herencias. Habitar la mirada / Miradas habitadas” (2020) y “Dos Tiempos” (2022).

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